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	<title>Una Bitácora de Jomra &#187; Escritos</title>
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	<description>Un pequeño espacio para la expresión, el debate, y hacer bulla... sobre todo mucha bulla.</description>
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		<title>AlB: Tira de «Qué más da quien» 002</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Aug 2011 19:11:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amenizando]]></category>
		<category><![CDATA[Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[alb]]></category>
		<category><![CDATA[que mas da quien]]></category>
		<category><![CDATA[tira]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace casi seis años empecé una tira, solo publiqué la primera, y escribí unas cuatro más (aunque usté no lo crea), pero como otros tantos proyectos, quedó en nada, en menos que nada (incluso por detrás del Niño Aprista, que al menos tuvo cuatro tiras o así), en tanto que esas tiras no pasaron ni [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-full wp-image-2496" title="jomra_tqdm02" src="http://bitacora.jomra.es/wp-content/uploads/2011/08/jomra_tqdm02.png" alt="Tira 002" width="500" height="825" /></p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-2495"></span>Hace casi seis años <a href="http://bitacora.jomra.es/2005/11/escritos/alb-tira-de-que-mas-da-quien/">empecé una tira</a>, solo publiqué la primera, y escribí unas cuatro más (aunque <em>usté</em> no lo crea), pero como otros tantos proyectos, quedó en nada, en menos que nada (incluso por detrás del <a href="http://bitacora.jomra.es/2008/11/peru/alb-ninoaprista-t4-peru21/">Niño Aprista</a>, que al menos tuvo cuatro tiras o así), en tanto que esas tiras no pasaron ni del boceto y, evidentemente, jamás fueron publicadas.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora que estoy como niño con zapatos nuevos decidí usar uno de los guiones para rescatar la tira, el que me acordaba básicamente, y nada, a probar el coso ese que <em>digitaliza</em>. Salvo cuatro o cinco cosas todo está hecho a punta de lápiz digital y esas cosas malas, con tableta incorporada, se entiende&#8230; No es que esté muy logrado el color, creo que para comenzar no está mal. Además, me tengo que acostumbrar al coso este. Se nota demasiado que mi pulso no está como para dedicarme a servir cafés&#8230; Ah, claro, cambié el formato de la tira a vertical en tanto que entra mejor en el formato de la bitácora.</p>
<p style="text-align: justify;">Aunque no requiere gran explicación cabe decir que el texto que habla el alienígena es esperanto (lo pone en la última viñeta de todas formas), el otro texto, el de la viñeta del centro, es de «<a href="http://www.ciencia-ficcion.com/humor/hesdla01.htm">Nuevos fallos no vistos hasta ahora en EL SEÑOR DE LOS ANILLOS</a>», texto publicado hace ya mucho tiempo que circuló por ahí y que he copiado del portal <a href="http://www.ciencia-ficcion.com/">Ciencia Ficción</a>. Es bastante pero bastante entretenido.</p>
<p style="text-align: justify;">Como siempre, espero que les guste. Y un minipunto al que saque la referencia (facilona) del nombre del extraterrestre. Dos minipuntos al que traduzca el texto al castellano u otro idioma <em>natural</em>.</p>
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		<title>El fin del pasado</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Jul 2011 20:18:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[memoria]]></category>
		<category><![CDATA[pasado]]></category>
		<category><![CDATA[recuerdos]]></category>

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		<description><![CDATA[La vi llorando en la cocina, no dejaba de moverse inquieta, repitiendo los movimientos que cada mañana hacía, pero esta vez con un extraño temblor en las manos, miedo en los ojos y una expresión desconsolada coronada por las lágrimas, el desayuno, una rutina simple, parecía por primera vez un arduo trabajo procedimental en que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La vi llorando en la cocina, no dejaba de moverse inquieta, repitiendo los movimientos que cada mañana hacía, pero esta vez con un extraño temblor en las manos, miedo en los ojos y una expresión desconsolada coronada por las lágrimas, el desayuno, una rutina simple, parecía por primera vez un arduo trabajo procedimental en que algo no encajaba. Me quedé en la puerta viéndole sin saber qué hacer, qué decirle.</p>
<p style="text-align: justify;">—Cariño, ¿estás bien? —conseguí decir.</p>
<p style="text-align: justify;">—Sí, sí —me miró de forma extraviada, buscando en un remoto pasado una referencia para reconocerme hasta que una pequeña luz brilló en sus ojos— sí Jorge, ¿qué haces acá tan pronto?</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Pronto? Son las 10&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-2409"></span>Y rompió a llorar. Como María de Magdalena ante la cruz, una verdadera lluvia de tristeza sobre la comida inconclusa. La abracé, la abracé como nunca la había abrazado, sentía su pena, sentía que estaba realmente perdida, sentía que había llegado el momento en que su cabeza había hecho «crash», sentía que era un momento de lucidez lo que tenía entre mis brazos, una vida juntos y pronto todo habría desaparecido en su mente. Nunca habríamos vivido esos diez lustros uno al lado del otro, en las penurias más que las alegrías&#8230; Estuvimos un rato así. Se calmó un poco.</p>
<p style="text-align: justify;">—Se han ido, se han&#8230; —terció antes de perder la voz en un tenue sollozo.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Quién se ha ido? ¿Nuestros hijos? ¡Ya son mayores! —intenté consolarla.</p>
<p style="text-align: justify;">—No Jorge, se han ido los recuerdos, todos, de golpe&#8230; algo ha pasado —y su voz volvió a quebrarse. Nunca la había visto así.</p>
<p style="text-align: justify;">No entendía nada. A nuestra edad comenzamos a perder la memoria, demencia senil que le llaman, poco a poco nos posee el ángel del olvido, poco a poco dejamos de reconocer caras, de lo moderno a lo antiguo, hay momentos, me doy cuenta, en que puedo recordar el más lejano de los vivencias, pero no sé qué comí el día anterior, es una destrucción del «yo» de la forma más perversa, entre la consciencia y la inconsciencia de lo que ocurre.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero no es algo que pase de golpe, por ello a veces resulta tan doloroso, son esos momentos de lucidez extrema, que sabes que tu interior se va vaciando poco a poco, lo que más duele, saber que esa persona a la que quieres tanto en algún momento será un desconocido, saber que todos esos grandes recuerdos de hoy y de ayer solo existirán en las mentes de otras personas porque en la propia solo habrá vacío, saber que en algún momento comenzaremos a vivir en el presente hechos del pasado simplemente porque los últimos diez años habrán dejado de existir, saber, finalmente, que no tendremos más memoria que el ahora mezclado con el ayer remoto, que incluso no reconoceremos qué ficha del parchís es la nuestra ni seamos conscientes de qué estábamos hablando porque, mientras la conversación fluye, nuestra memoria a corto plazo se niega a funcionar y nos arranca de la misma, obligándonos a repetir una y otra vez lo mismo, eso poco que nos viene a la mente&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Pero toda esa conciencia que nos tiene compungidos todo el tiempo, intentando fingir que no pasa nada y que nos mantendremos fuertes por los ejercicios de memoria que secretamente intentamos hacer, desaparece como los recuerdos que ya no tenemos, simplemente el «yo» se va esfumando, deja de ser parte nuestro, lo bueno y lo malo deja de existir.</p>
<p style="text-align: justify;">Somos conscientes de que pasará, pero no cuándo, lo peor es que cuando todos nuestros temores se hacen realidad, para sufrimiento de los familiares y amigos más cercanos, nosotros dejamos de sufrir, dejamos de existir, queda un cascarón vacío con cariños y recuerdos de un pasado lejano y poco más.</p>
<p style="text-align: justify;">Por eso no entendía a la mujer de mi vida, no entendía que pudiera ser consciente de una forma tan viva, sus palabras no eran la certeza de lo que ambos viviremos, la pérdida de los recuerdos, sino eran la de una persona recientemente ultrajada, me reconocía y recordaba perfectamente, lo veía en sus ojos directos y claros, no había confusión en ellos, sino pérdidas por el «robo»&#8230; ¿de sus recuerdos?</p>
<p style="text-align: justify;">—Ya sabes cariño, el alemán nos robará todo, pero poco a poco&#8230; —volví a bromear con una mueca que fingía ser una sonrisa, otro vano intento de consolarla, comencé a sentir miedo.</p>
<p style="text-align: justify;">—No es eso, maldición, ¿no lo entiendes? —en sus ojos vi el reproche más profundo posible, el dolor de quien no es comprendida.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Pero qué es? Necesito que me hables, necesito que te expliques para ver qué ha pasado y cómo te puedo ayudar —más miedo en mi voz, pretendía ser comprensiva y reconfortante pero no dejaba de sonar aterrada.</p>
<p style="text-align: justify;">Me miró, me miró como nunca lo había hecho y un escalofrío se apoderó de mí en ese momento, y se quedó así, no sé cuánto tiempo, en mi memoria todo ese momento resulta interminablemente largo, pudo ser un microsegundo o varios minutos y tanto da, la imagen está congelada por su pura dureza, y solo el timbre del teléfono me despertó de ella.</p>
<p style="text-align: justify;">Debía llevar un rato sonando, visto el reproche de nuestra primogénita Luz, que se mostraba especialmente excitada al otro lado del teléfono. Sus palabras se atropellaban y mi mente era incapaz de seguir correctamente el raudal volcado sobre ella, pueblo, casa, lluvia, inundación, noticias, techo, iban repitiéndose y aislándose, para dibujar el perfil de lo que parecía ser un verdadero desastre.</p>
<p style="text-align: justify;">Se calmó, me calmé, y nos entendimos. Las lluvias torrenciales de los días pasados, por lo visto, pasaron factura con dureza en el pueblo, el río se desbordó y algunas casas se inundaron, eso había salido en las noticias locales —cómo no—, pero había más, los tejados, por más costumbre de paraguas que tengan, a veces exigen la jubilación y en medio de sus funciones cesan su tarea protectora.</p>
<p style="text-align: justify;">Hoy se puso a llover nuevamente con furia y el techo de la casa del pueblo, la casa  donde mi querida pareja creció y vivió su primera juventud, dijo basta y se desplomó, al menos parcialmente, y claro, nadie en la vacía casa estaba para darse cuenta, el agua, en estos momentos, sigue cayendo, suponen que ya debe haber hecho un buen estropicio en el ático y bajando, porque ese agua otra cosa no sabrá, pero en mojar y destruir tiene estudios. Un desastre en todo sentido, un vecino llamó a Luz hace un rato para decirle que desde su casa veían un boquete en el tejado. Luz imagina el desastre que puede haber ocurrido, el ahogo final de tantas cosas que descansaban en el pueblo.</p>
<p style="text-align: justify;">Problemas sobre problemas. Pensé en las ropas del ático, en los libros repartidos en cajas mal almacenados en ese mismo espacio, o los bien colocados en las estanterías, ¿cuánto se habría perdido para siempre? Y recordé&#8230; pero no podía ser.</p>
<p style="text-align: justify;">—Cariño —dije mirando a esa señora con la que había compartido mi vida y ahora miraba al vacío aterrada—: ¿Dónde tienes tu baúl?</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Mi baúl? —reaccionó saliendo del letargo, con voz viva.</p>
<p style="text-align: justify;">—Aquél baúl marrón grande&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">—¡Mi baúl! Oh, mi baúl de los recuerdos, ese baúl, está en la casa del pueblo&#8230; —antes de seguir torció nuevamente el rostro con horror, un grito hacia dentro que jamás saldrá— No sé lo que hay en ese baúl, no sé, Jorge, por qué siendo tan importante, como lo siento, no tengo ni idea de qué tiene ese viejo baúl dentro, te puedo decir todo lo que hice con ese baúl, de quién lo heredé, por qué me gusta&#8230; pero no lo que tiene&#8230; —sus ojos estaban clavados en mí, entre el vacío y el terror.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo comprendí. Lo comprendí todo. Pero no tenía sentido, no podía ser así, ni pies ni cabeza.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿No te acuerdas, cariño? Ahí tenías todos los billetes de tren, de bus, de barco, ¡de avión!, que te llevaron por todo ese mundo que exploraste, estaban las entradas y demás de los conciertos, festivales, eventos de todo tipo a los que fuiste por medio mundo, incluso algunas de cine, también tenías mapas marcados y remarcados, algunas guías turísticas, pocas y en idiomas incomprensibles, algunas fotos, y muchas postales jamás enviadas&#8230; —Se echó a llorar y ya no pude continuar.</p>
<p style="text-align: justify;">—Esos son, esos son los recuerdos que ya no tengo, que se presentan ante mí como fantasmas, se quedan en la punta de la lengua para desaparecer, sé que viajé mucho, sé que disfruté de una gran vida, y sé que mis recuerdos los guardaba ahí&#8230; siempre.</p>
<p style="text-align: justify;">Se había acabado todo, sus recuerdos se habían solidificado, por eso eran tan perfectos, pocas veces los repetía mal, no eran recuerdos presentistas como los que el resto tenemos, sino imágenes fieles de lo vivido en un momento. Vino el agua y se los llevó. Los destruyó y no hay forma de recuperarlos. No dejaba de sollozar, y yo ya nada podía hacer, solo abrazarla y comenzar a contarle una a una las aventuras que yo recordaba haber vivido con ella, las que ella alguna vez me contó.</p>
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		<title>¿Motivo de su viaje?</title>
		<link>http://bitacora.jomra.es/2011/03/escritos/%c2%bfmotivo-de-su-viaje/</link>
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		<pubDate>Sat, 12 Mar 2011 05:00:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

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		<description><![CDATA[El día comenzó para Raúl como lo hacen todos los días en que uno viaja de vuelta: Con ajetreo. Muchas idas y venidas, de arriba a abajo, de un lado a otro, mirando que todo esté como debe estar al momento de emprender el viaje, que nada se quede en tierra, que las botellas estén [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style='text-align: justify;'>El día comenzó para Raúl como lo hacen todos los días en que uno viaja de vuelta: Con ajetreo. Muchas idas y venidas, de arriba a abajo, de un lado a otro, mirando que todo esté como debe estar al momento de emprender el viaje, que nada se quede en tierra, que las botellas estén bien embaladas y los regalos protegidos de todo golpe, que las maletas tengan los candados debidos y que todo en la habitación quede más o menos ordenado, listo para que el anfitrión durante ese par de semanas pueda volver a usar ese cuarto con su fin usual y no con la visita de esos días. Las llamadas en la mañana para las despedidas apuradas son parte del quehacer. El nunca corto trayecto al aeropuerto ya casi con la hora encima solo sirve para recordar esas pequeñas cosas que faltaron por hacer, esas prendas de vestir que se quedaron sobre la cama dobladas esperando ser ordenadas en la maleta…</p>
<p style='text-align: justify;'><span id="more-2289"></span>En el aeropuerto lo de siempre, inmensas colas ante pocas ventanillas habilitadas por la aerolínea para atender a los cientos de personas con billetes de turista, mientras que hay un par de ventanillas para las clases «superiores», vacías de tan poca gente que despachan, y que no se ensucian con la plebe, todo ello rodeado de cientos de ventanillas que nadie usa en ese momento, demostrando una vez más que organizar mal las cosas es práctica usual en todo tipo de instituciones, y que los pasajeros importan tanto como el dinero invertido en sus derechos.</p>
<p style='text-align: justify;'>En la larga cola el desaliñado de Raúl, porque hay que reconocerlo, iba como le daba la real gana, típica barba naciente de un par de días desde el último afeitado, un polo no demasiado viejo pero nada nuevo, pantalón <em>jean</em> oscuro y gastado, zapatillas comunes y corrientes y expresión perdida más que nerviosa, con el tedio escrito en la frente y el cansancio de las últimas jornadas grabadas como orejeras tras unos ojos perdidos en cavilaciones varias sobre lo mal que funciona el mundo y parte del extranjero… Como decíamos, en la cola el desaliñado Raúl, recibió la visita de un agente de seguridad de migraciones.</p>
<p style='text-align: justify;'>– Me enseña los documentos por favor – espetó el agente.</p>
<p style='text-align: justify;'>– Sí, claro, acá los tiene – contestó extrañado Raúl al ver que el «segurata» vestido de civil pero con placa identificativa se había dirigido directamente hacia él, cruzando media cola, y no había preguntado nada a nadie en todo el ya largo rato que duraba su paseo estático ante las ventanillas de facturación, le extendió el pasaporte y demás.</p>
<p style='text-align: justify;'>– ¿Cuál es el motivo de su viaje? – preguntó el agente mientras miraba por encima los documentos entregados. <em>¿Qué esperaba que conteste?</em> pensó Raúl, pues como es lógico, él contestaría lo que sus documentos dicen, y así hizo: <em>Turismo</em>.</p>
<p style='text-align: justify;'>El de migración le miró de arriba a abajo, no le convencía la respuesta, y menos la velocidad con que se la sacó el desaliñado interrogado, y menos lo que veía en sus documentos. Continuó con las preguntas sobre el motivo del viaje, que exactamente dónde y con quién se quedó, que si era un familiar, y que dónde, nuevamente, estuvo –por lo visto el «solo en la ciudad» no le convencía absolutamente nada–, por supuesto, el agente se negaba a contestar las preguntas que el interrogado le hacía, si algo llevan mal las personalidades autoritarias es que se voltee su papel.</p>
<p style='text-align: justify;'>El agente no terminaba de entender eso de las varias nacionalidades de Raúl, menos que le estuviera mostrando un pasaporte que ponía como ciudad de origen justamente la que venía a visitar de turista sin que la nacionalidad de ese pasaporte sea la del país que en ese momento pisaban, el agente, simplemente, no entendía bien la situación, pero los documentos estaban en perfecto orden, y la historia cuadraba.</p>
<p style='text-align: justify;'>Raúl mientras tanto no dejaba de pensar en posibles respuestas ingeniosas, en plan «pues vengo a organizar un atentado contra el Presidente», como vio en un capítulo de Los Simpson donde dicha opción estaba en la propia tarjeta de migraciones, o decir lo de «traigo una bomba», pero desechaba la idea rápido pensando en las negativas consecuencias de esas bromas, como a la británica arrestada años atrás en Estados Unidos, cuando en un control aeroportuario dijo, bromeando, que llevaba una bomba, y acabó con sus huesos en la cárcel temporalmente por «falsa amenaza».</p>
<p style='text-align: justify;'>La facturación pasó como tenía que pasar, simple y sin problemas, la maleta ni siquiera estaba del todo llena, le sobraban quilos por todos lados, y la de mano ni la pidieron para pesar –<em>mejor</em>, pensó Raúl–, como mucho le preguntaron si llevaba algo prohibido en dicha maleta –y acá le vinieron las mismas ideas que antes sobre posibles respuestas, todas ellas descartadas al instante–. Cuando Raúl se disponía a abandonar la zona de facturación el trabajador de la aerolínea le pidió, amablemente, que esperara un momento…</p>
<p style='text-align: justify;'>Apareció el mismo agente que antes, que solicitó al trabajador que le indicara qué maleta era del pasajero Raúl, y a este le solicitó que pasara atrás con él para una revisión al azar. Sí, al azar. Sería continuación de la anterior, porque sino es como ganar dos veces seguidas la lotería, y eso solo está disponible para los personajes que lavan dinero comprando billetes de lotería premiados por mucho más de su valor.</p>
<p style='text-align: justify;'>– ¿Qué criterios siguen para la selección de las personas que revisarán? –  preguntó distraído Raúl al agente mientras abría los candados de su maleta en un pasillo tras la zona de facturación.</p>
<p style='text-align: justify;'>– Señor, quiero que entienda que ha sido elegido al azar para una revisión rutinaria – contestó sin dilación el agente mientras se ponía los guantes blancos de látex. –Si no tiene nada en su maleta no se tiene que preocupar por nada– concluyó.</p>
<p style='text-align: justify;'>– Claro que no tengo nada, no recuerdo haber metido bombas en la maleta – replicó algo indignado Raúl –, sé que están haciendo estos controles a la gente, pero no tiene por qué gustarme, y no creo que sean al azar – no era la primera vez que a Raúl le hacían algún tipo de «control especial», ni era un «inocentón» que se creyera lo del azar cuando existen protocolos para decidir a quién y por qué se le revisa el qué –.</p>
<p style='text-align: justify;'>El agente se rió ante la idea de la bomba declarada mientras seguía urgando en la maleta. Nada por acá, nada por allá, conversación intrascendente mientras seguían metiendo mano a la maleta, <em>ciérrela</em>, <em>ya gracias</em>. Se acabó la revisión…</p>
<p style='text-align: justify;'>Raúl salió de la zona de facturación mirando por encima del hombro al agente para ver cómo este colocaba la maleta en la cinta de facturación para que vaya a la zona de carga y descarga como el resto de maletas, para comenzar su insufrible paseo de golpes y pérdidas como toda hija de vecina que se precie y pase por los sistemas usuales.</p>
<p style='text-align: justify;'>La maleta de mano no fue tocada en ningún momento, <em>¡vaya seguridad!</em>, pensó Raúl, al pensar cómo habían desnudado su no tan ordenada maleta destinada a la bodega del avión pero la de mano no fue ni mentada por el agente ni, por supuesto, revisada. ¿Qué clase de revisión se hace solo sobre una de las dos maletas? Moraleja: Si usted lleva bombas o coca, hágalo en la de mano.</p>
<p style='text-align: justify;'>Pero no fue todo lo que Raúl se preguntaba, le daba vueltas aún a eso de «¿Motivos de su viaje?», una y otra vez le venían preguntas de todo tipo y se planteaba el cómo se puede plantear una pregunta más absurda cuando se está abandonando el país donde se ha estado, y cómo, en todo caso, una persona que entra con una excusa mantendrá la misma hasta el final, y una mera pregunta por un agente de migración no solucionará nada por ninguna parte. </p>
<p style='text-align: justify;'><em>La siguiente vez</em>, pensó Raúl, <em>contestaré que vine para matarlos a todos, pero no me dio tiempo</em>.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Entre rejas, patios y fútbol</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Oct 2010 05:00:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

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		<description><![CDATA[La pichanga de barrio, el balón en movimiento, el pase corto, no había espacio para más. Todas esas tardes tiradas en el parque, con sueños incompletos y a medio hacer, apartando las pesadillas del día a día a puro golpe de esférico, de bromas blancas y negras, fiando nuestro bienestar a la pierna en alto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style='text-align: justify;'><a shape='rect' href='http://jomra.es/galerias/index.php?level=picture&amp;id=181' target='_blank'><img class='alignleft' style='border: 0pt none; margin: 8px;' title='Click para agrandar' src='2010-10-escritos-entre-rejas-patios-y-futbol_files/181-jomra_chicafutbol.jpg' alt='Chica futbolera' height='150' width='86' /></a>La pichanga de barrio, el balón en movimiento, el pase corto, no había espacio para más. Todas esas tardes tiradas en el parque, con sueños incompletos y a medio hacer, apartando las pesadillas del día a día a puro golpe de esférico, de bromas blancas y negras, fiando nuestro bienestar a la pierna en alto del compañero enemigo, ese cuyo nombre jamás recordarás pero que su chapa está escrita en tu propia historia. Esas tardes, mañanas, días enteros de descubrimiento propio y ajeno, de nadedad de barrio, si me permiten el palabro, se fueron acompañando a horas de descubrimiento de «las otras», esa presencia femenina que de compañeras de peloteo pasaban a amigas de la botella, no la que se tomaba, sino la que se giraba contra un asfalto que resistía lo que le echaras.</p>
<p style='text-align: justify;'><span id="more-2051"></span>En tiempos pretéritos las cosas no eran como ahora, donde la comunicación se basa en bits que corren por el mundo dejando mensajes en muros virtuales, poniendo «smiles» donde antes solo cabían inflexiones de la voz, dejando (mal) escrita cualquier frase para la posteridad o el reciclaje, en tiempos pasados las quedadas no se convocaban en Hi5 o Facebook, se gritaban por la calle, se silbaban (por quienes tenían el don) y todos acudíamos, cual cadetes hambrientos, al toque del rancho, en esos tiempos donde el teléfono incluso era un bien que había que cuidar y usar de forma breve, por más que nuestras hermanas y madres no lo entendieran cuando ellas lo descolgaban, pero que nosotros lo interiorizamos lo más que pudimos, el contacto carnal era necesario y directo, y muchas veces mediatizado por una valla, mejor dicho, reja.</p>
<p style='text-align: justify;'>El sol caía y muchos se recogían, otros podíamos quedarnos en las calles, que creíamos nuestras pero huíamos ante ajenos que nos doblasen la edad, nosotros perdíamos el tiempo y ellos perdían a otros en menesteres más graves, que ya entendíamos y más de uno compartía, pero que no era un juego común, las compañeras, por estrictas órdenes superiores, eran las primeras en volver a casa mientras otros hacíamos como que no teníamos relojes, esperábamos al grito amenaza de perdernos la cena para volver corriendo a las moradas donde habitábamos, alargábamos</p>
<p style='text-align: justify;'>En esos barrios limeños llenos -y eso no ha cambiado tanto- de quintas y similares, con sus respectivas rejas y normas, con su propio código de circulación, existían prácticas, por llamarlas de alguna forma -en esa Lima coimera, quien no corre vuela, donde desde renacuajos aprendemos a saltar los impedimentos de la ley, sean congresales o papales, de los padres quiero decir, que al otro le escuchábamos pero no oíamos-, decía, existían prácticas de evitar las prohibiciones de salir a la calle -«es no es calle», terciábamos mientras podíamos, «aun no cruzo la reja», rematábamos a gol, o remataban, esperando una mueca de comprensión de una madre que diera por buena media hora sin cruzar la reja pero fuera de la casa-, así algunos ya rondábamos casas ajenas, cual romeos mal pagados, buscando al menos la amistad y proximidad de las compañeras de pichanga, y nuestras julietas, por ponerles un nombre que todos entendamos -y para seguir lo de romeos-, se quedaban al otro lado de la jaula de metal forjado, compartiendo risas y poco más, dándonos amistad si eso, y con suerte… y con suerte nada. La suerte qué esquiva es. Te regateaba tanto dentro como fuera de las canchas con la maestría del pequeño Cueto que todo barrio tenía.</p>
<p style='text-align: justify;'>Curiosas horas de charla, con el sol -que se intuía tras la panza de burro llamada de cuando en cuando cielo de Lima- oculto rato atrás, con los fogones de las cocinas ya exigiendo que retiren unas cazuelas humeantes, con todo en contra… y sobre todo, con la curiosidad y el control paterno de esas reuniones, con la vigilancia de los dos amigos -no había espacio para más- desde las ventanas por parte de las hermanas y hermanos de la julieta, con los padres que cada poco salían como quien no quiere la cosa a perder el tiempo por la quinta, con esa extraña manía de fumar en la calle para no apestar los andentros solo cuando «la niña» se veía, tras la imposible reja, con algún «amiguito», amenaza véase por donde se mire.</p>
<p style='text-align: justify;'>Las risas. No las nuestras, no la de los cazadores de verjas, no, para nada, eran «sus» risas, risitas entre dientes, esas de mirada tierna por parte de la progenitora y casi amenazante, pero divertida, bajo el mostacho del progenitor, o el tío ese que viene cada muerte de obispo, y cuando supo de los fugaces encuentros tras la alambrada de su ahijada no se resistió a inspeccionar el terreno, esas «risitas» audibles de las pequeñas hermanas, de las mayores con mueca más paternalista que la dibujada en el rostro de la propia madre, de los hermanos, cuando los hubiera, más de suficiencia y amenaza que de esa amistad que pregona en la canchita, esas risas, de todo tipo y valor, son las que a uno le quedan en la mente como ese ambiente diverso y hasta simpático, que condicionaba en demasía el propio contenido y tono de una conversación sin lugar a dudas banal pero amena.</p>
<p style='text-align: justify;'>Y así tarde tras tarde, finde tras finde, en una lucha con el ambiente y la suerte, en una búsqueda de esa amistad especial, que se acababa, ya cada noche, cuando la comida servida en la mesa exigía la presencia de todos en sus casas, cuando tus propios padres gritaban a lo lejos que te dejaras de cosas y volvieras a tu propia casa, que no es un hotel por más que uno tercie en el mismo como aquel.</p>
<p style='text-align: justify;'>Tiempos los del pasado, presentes agitados, recuerdos borrosos y rejas que los separan, y como tantas otras historias, esta no tiene ni comienzo ni final, se esfuma como la anécdota inoportuna que llega a ser en nuestras mentes ya mayores, que se cincela de tal forma que, cuando uno piensa que no fue joven, le vuelven a hacer recordar toda estupidez y alegría de ese remoto pasado que se niega a perecer en los quehaceres diarios.</p>
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		<title>La última pelea</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Jul 2009 15:54:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
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		<description><![CDATA[- Mira, no lo entiendes &#8211; cortó en seco Joaquín mientras se daba media vuelta. Se dirigió hasta la puerta donde se detuvo unos instantes, parecía que iba a rectificar, que giraría aunque sea un poco la cabeza para decir algo más, Marta contuvo la respiración en lo que sintió como una eternidad, como una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">- Mira, no lo entiendes &#8211; cortó en seco Joaquín mientras se daba media vuelta. Se dirigió hasta la puerta donde se detuvo unos instantes, parecía que iba a rectificar, que giraría aunque sea un poco la cabeza para decir algo más, Marta contuvo la respiración en lo que sintió como una eternidad, como una espera imposible, pero Joaquín solo atinó a bajar un poco la cabeza y marcharse dando un sonoro portazo.</p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-1277"></span>Marta se quedó de pie un largo rato, aun le parecía ver la figura de Joaquín ante la puerta y sentía la necesidad de rehacer ese último momento, de decirle que no se fuera, que sí lo entendía, que había espacio para el diálogo, llena de angustia porque él no se dignara siquiera a decir adiós&#8230; Pero ella tampoco lo dijo, y se torturaba por ello.</p>
<p style="text-align: justify;">Irremediable, la situación era irremediable, al menos eso rumiaba la mente de Marta mientras que ella se servía una copa de vino tinto, lo necesitaba como nunca en su vida había requerido del alcohol. ¿Así acabaría todo?</p>
<p style="text-align: justify;">Marta, con la copa de vino y la botella de compañía accesoria, intentó distraerse con todo lo que había en casa, se conectó a Internet un rato pero estaban los marcadores de Joaquín como una amenaza constante, se sentó a leer pero la novela empezada, «Las Cenizas de Ángela», habían sido un regalo de Joaquín tres días atrás, sin venir a cuento de nada, él siempre tan detallista, y tan estúpidamente resolutivo, encendió la televisión para descubrir América: Apesta. A ciertas horas, la televisión es un nido de la nada más absoluta, el resto del día es un hervidero de morbosidad y desinformación, más un poco de entretenimiento que no se puede llamar «barato» si pensamos en la producción.</p>
<p style="text-align: justify;">Por más que lo intentó, no lo logró, Marta seguía pensando en esos últimos momentos, en todo ese pasado compartido, en lo que habían tenido que luchar para estar juntos y se había ido al traste en unos minutos de nada, aplastado por una mentira finalmente destapada, en su origen pequeña, pero como toda buena mentira, creció lo indeseable hasta arrasar una relación considerada como perfecta por todas las amistades comunes, levantaban envidia y lo llevaban con la humildad de quien se sabe ganador de antemano y no quiere alardear.</p>
<p style="text-align: justify;">Se puso a repasar mentalmente, con más alcohol en la sangre de lo deseable, esos momento tragicómicos, cuando se conocieron, cuando él le invitó a salir por primera vez, en pareja, una cita en toda regla, cuando ella descubrió que él estaba emparejado, que ella era «la otra», y cómo consiguieron resolver ese inconveniente, como él lo llamaba, terminó con su pareja para que ella, Marta, se volviera novia formal, cómo algunos de sus amigos pusieron el grito en el cielo en un primer momento, él no era de su clase social y otros le reían la gracia, se emparejaba con alguien que no compartía para nada sus libertarias y libertinas ideas de la vida, y cómo consiguieron superar la fuerte resistencia de los padres de Joaquín, tan conservadores ellos que no entendían que su hijo se fuera a vivir con una extranjera, diez años mayor, de manera extramatrimonial, «en pecado», como decía la madre de él cada vez que tenía oportunidad&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Todos esos momentos de los que luego se reían, como si hubiesen sido confeccionados desde un principio por un dramaturgo deseoso de plantear la comedia romántica definitiva mezclando absolutamente todos los tópicos y estereotipos, como si eso alguna vez hubiese funcionado de alguna forma. Su vida conjunta era así, y les gustaba, se recreaban en el absurdo de sus papeles en dicha comedia imaginaria.</p>
<p style="text-align: justify;">Una idiotez, eso era, para Marta, lo que acababa de desencadenar la marcha abrupta de un normalmente calmado Joaquín. Encima, el muy idiota, se había ido solo con lo puesto, tendría que volver, y ella no hacía más que plantear esa posible situación, ese reencuentro, esas palabras, tal vez de disculpa, de quien sin duda era su pareja más deseable, «el hombre de su vida», dirían las huachafas de sus amigas, mientras la miraban con esa cara de «si al final eres como nosotras», ella que había convivido con otros tres hombres, a la vez, y con alguna que otra mujer en distintos momentos de su vida, y que siempre había renegado de la estabilidad de la familia tradicional, ya llevaba un decenio largo conviviendo con un solo hombre, de una forma totalmente convencional, hipoteca mediante.</p>
<p style="text-align: justify;">Ella había aceptado la vida en pareja, de esa forma tan tradicional, sin anillos ni contratos eso sí, hacía ya tiempo, cuando superó sus propios prejuicios y se dio cuenta que, realmente, lo tenía todo con él, conseguían ser uno solo,  y lo que era peor para su antiguo estilo de vida, no se imaginaba ni con otra persona ni sola. Y ahora, habiendo alcanzado los cincuenta años poco atrás, le aterraba la idea de tener que comenzar de cero, de iniciar una vida por su cuenta, de perder todo ese apoyo que había tenido durante tanto tiempo, y eso que era una mujer totalmente independiente, y bastante hermosa aun, «quien tuvo retuvo» le solía decir un antiguo amante reconvertido en amigo de la pareja, y sí, Joaquín sabía todo lo de la relación pretérita, y o fingía muy bien, o confiaba mucho en su novia, porque no mostraba el mínimo atisbo de celos frente al antiguo amante.</p>
<p style="text-align: justify;">Hacía rato que ya había amanecido, Marta no pudo dormir nada esa noche y ya tenía la resaca de todo el vino bebido para olvidar, ćon el que tan solo había conseguido recordar todo un pasado juntos, toda la escena que puso fin a tan idílico romance que había superado los tres años del enamoramiento que dicen los científicos que dura. ¿Dónde estaba Joaquín? Marta, esa mañana, no fue al trabajo, no tenía fuerzas para ello, ni ánimos, así que llamó a la galería que regentaba y avisó que no se pasaría por ahí ese día y no dio más explicaciones, no tenía por qué darlas, no por gusto era su galería, puesta tras años de luchas contra todo para sacar adelante un proyecto artístico rompedor en una ciudad tremendamente conservadora. Pero no le iba mal.</p>
<p style="text-align: justify;">Sonó el teléfono a eso de las once de la mañana, Marta se quedó mirando el aparato un rato, sin saber si debía contestar, ¿sería posible que fuera Joaquín? Raro, él no solía usar el teléfono para nada, y si tenía algo que hacer lo haría en persona. Tal vez, pensó Marta, era uno de sus amigos, él habría ido a casa de Juan tal vez, y él, tras la noche de conversación y comprensión, la llamaba para ver si lo arreglaban, tenía que ser eso, seguro que lo era. El teléfono seguía sonando y por fin contestó, de la forma más calmada que pudo.</p>
<p style="text-align: justify;">- Buenos días, ¿esta es la casa de Joaquín Ramos? &#8211; preguntó una voz de señorita al otro lado de la línea que descolocó por un momento a Marta.<br />
- Sí, lo es, pero&#8230;<br />
- ¿Es usted Marta Et-sévarria?<br />
- Etxebarria &#8211; corrigió Marta rápidamente, en un acto reflejo -, sí, soy yo.
</p>
<p style="text-align: justify;">La señorita, que se identificó como enfermera de un hospital de la zona, instó a Marta a ir al hospital, que ahí le informarían de todo, que sí, que la llamada estaba relacionada con Joaquín, y que necesitaban su presencia, que se calmara por favor, que esa ansiedad en nada iba a ayudar, que gracias por su atención y que se identifique en la recepción principal.</p>
<p style="text-align: justify;">Marta colgó el teléfono sintiendo una punzada fortísima en el corazón, algo iba terriblemente mal, algo le había pasado a su pareja y por eso estaba en el hospital, y ella tenía que ir&#8230; ¿Por qué tenía que ir? ¿A qué? Se dio un duchazo rápido en agua fría, para ver si eso le «despertaba» y «disipaba» un poco el dolor de cabeza, se vistió con lo primero que encontró en el demasiado atiborrado armario del que tanto se burlaba Joaquín. Llegó rápidamente al cercano hospital, se identificó en recepción ante una ya avisada auxiliar que rápidamente llamó a un médico.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras un larguísimo minuto de espera, interminable para Marta, apareció un alto médico, de unos cincuenta y tantos años, alto y delgado, ataviado de la preceptiva bata blanca y ese aire de suficiencia que dan los puestos de poder a los médicos ambiciosos, que tras presentarse solo por su nombre pidió a Marta que se sentara, por favor, y le explicó la situación: Tras una serie de pruebas, se ha identificado de forma provisional a Joaquín Ramos, que tras entrar en la UCI durante la noche, falleció en el cenit de la madrugada, y recién poco antes de las once pudieron saber unas horas atrás, y que necesitaban que alguien identificara el cadáver, ya que el causante carecía de documentación, eso o tendrían que hacer pruebas de ADN y demás.</p>
<p style="text-align: justify;">Marta no se lo podía creer, mientras escuchaba la breve explicación, expeditiva y con tono bastante neutro, aunque con atisbo pesarosos, sentía cómo el alma le abandonaba el cuerpo, cómo la sangre dejaba de fluir con solturas, cómo las fuerzas decían acá se acabó todo, pensó en varios momentos que se desmayaría, pero no sucedió. Acompañó al facultativo a la morgue del hospital y reconoció rápidamente a quien fuera su pareja, que no tuviera el rostro desfigurado la tranquilizó un poco, se había imaginado un terrible accidente. Parecía dormido, gélidamente dormido.</p>
<p style="text-align: justify;">Pidió información al médico, un robo, le dijo, todo parecía que se resistió, lo apuñalaron, y se llevaron todo lo que tenía, en el parque San Francisco, una señora que paseaba a su perro a media noche vio el cuerpo y llamó a la policía, sangraba pero no tenía conocimiento, llegó al hospital en coma y todo se complicó, nada se podía hacer realmente&#8230; Marta no quiso saber más detalles, ni los entendería ni importaban realmente, alguien le apuñaló, alguien le intentó robar y, algo fuera extraño para el carácter de Joaquín, él se resistió con un fatal resultado. Le avisaron que la policía se pondría en contacto con ella para hacerle unas preguntas, y demás. No importaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante el funeral Marta apareció como la novia, fue ella quien lo organizó todo, sabía que Joaquín y ella habían, de hecho, acabado horas antes de su muerte, pero solo ella sabía eso, y también sabía que solo ella podría organizar un funeral más o menos digno para quien debía ser su pareja hasta que la muerte les separara, y así se presentó en sociedad, aunque reconcomida en la culpa de esa última noche y de lo que les separó, se atormentaba pensando que si hubiese mantenido unas horas más la mentira que finalmente llevó a Joaquín a marcharse, él no habría muerto.</p>
<p style="text-align: justify;">De su pelea no supo ni la policía, ni sus más íntimas amistades, ni los padres de él, que lloraban como descocidos a su perdido y único hijo, ni nadie, ni tenían por qué enterarse de nada. Ella no se estaba aprovechando de nada de él, poco tenía y poco recibiría, no era eso por lo que ocultaba la pela, era por lo absurdo de la situación, por la vergüenza de haber perdido a su amor horas antes de la pérdida material de su vida, porque ella guardaba, hasta ver el cadáver,  la esperanza de la reconciliación, porque no debió acabar así. Solo con pensar en que tenía que explicar todo eso la llenaba de vergüenza, algo impropio en ella.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero Marta sentía, además, culpa, y demasiada. Se sentía estúpida por sentir culpa, y eso la deprimía aun más, sumado a la depresión que iba para largo por la muerte de su amado. Efectivamente,  como dijo Joaquín antes de marcharse, ella no entendía ni entendería el enfado de su pareja, no comprendía por qué alguien sensato como él puso fin a su relación por algo así, intuía que no fue por la mentira en sí, sino por el hecho que cubría la mentira, una piadosa y absurda, si a ella ni le gustaba el fútbol. Ese día él se enteró que ella era de la U, y él era «grone» de toda la vida, y eso trajo consigo una ridícula discusión que acabó con la marcha de la casa común y propició su violenta muerte. ¡Pero a ella ni le gustaba el fútbol!</p>
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		<title>Fin</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jun 2009 21:27:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
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		<category><![CDATA[comienzo]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
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		<description><![CDATA[Un fuerte sol asaba a todos los transeúntes, la acera recalentada no hacía más que aumentar el bochorno absoluto de quienes tenían el desparpajo de caminar por las calles de una ciudad cuyo nombre es mejor no recordar. Si Cervantes se puede permitir omitir la localización de sus historias, yo también. Todo estaba como debía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Un fuerte sol asaba a todos los transeúntes, la acera recalentada no hacía más que aumentar el bochorno absoluto de quienes tenían el desparpajo de caminar por las calles de una ciudad cuyo nombre es mejor no recordar. Si Cervantes se puede permitir omitir la localización de sus historias, yo también.</p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-1212"></span>Todo estaba como debía estar, y yo portaba, como todo buen seguidor de los consejos de La Guía, una pequeña toalla en la mochila que siempre acompañaba mi vestimenta, que era absolutamente normal, no incluía, si evitamos pensar en el interior de la mochila, nada fuera de lo común, incluso todo era tan común que resultaba sospechoso a vista de los integrantes de las tribus urbanas. Cada vez que me cruzaba con algún miembro de una de ellas, de las innumerables existentes cuyas nomenclaturas son de difícil recuerdo más allá de la pura retórica, ellos ponían cara de extrañeza, de estar descolocados ante el estereotipo de la normalidad en una ciudad donde los habitantes definían su Yo desde la propia vestimenta, ir con el atuendo que usaba, y uso, era una negación total de la individualidad sometida al grupo. Toda una contradicción.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero a lo que iba, que me pierdo. Andaba por la ciudad, siempre en indicativo copretérito, cuando toda la normalidad explotó en mil pedazos, el propio tejido de la realidad espacio temporal decidió irse a tomar viento, freír espárragos o cualquier frase soez que se les ocurra para describir el irse al mismísimo carajo, en buen cristiano. Estoy seguro que cuando Fukuyama escribió el título de su ensayo «¿El Fin de la Historia?», en la que se basa su más que conocido libro de nombre similar pero sin interrogantes, realmente pensaba en algo como lo que estaba viendo y no en las patrañas de la imposición de la democracia representativa liberal como vencedora de las luchas ideológicas, entre otras cosas porque luego se ha retractado de tan tajante categoría.</p>
<p style="text-align: justify;">Realmente había llegado el fin de la historia de la humanidad. Y no solo como metáfora. Y me pilló en la calle. Por suerte llevaba la toalla.</p>
<p style="text-align: justify;">Ver el final de todo lo conocido no es tan malo como pensaba. Si no fuera porque mojé los pantalones, pero dudo que alguien pueda culparme por ello, habida cuenta que las excreciones fueron lo primero que sucedió cuando todos contemplamos el final de la existencia tal cual la conocíamos, de repente el universo se llenó, literalmente, de residuos humanos en los pantalones y ropas interiores de quienes llevamos alguna, quienes no simplemente mancharon el ahora no-suelo y sus antiguas piernas, así que nadie dijo nada cuando nos encontramos en otro lugar.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué lugar era, y es, este? A saber.</p>
<p style="text-align: justify;">Estoy seguro que los más sorprendidos no eran agnósticos o ateos, los primeros por pura definición, y los segundos porque el “no creer” por falta de pruebas para “creer” deja las puertas abiertas a retractarse en el momento de tener pruebas, en cambio los integrantes de las distintas religiones, por lo que se veía en sus caras, o lo que fuera donde ahora expresábamos lo más profundo de nuestras almas, era la verdadera sorpresa.</p>
<p style="text-align: justify;">En la cara de los creyentes, como decía, se veía la sorpresa, y también una profunda indignación, tal vez, de sentirse engañados. Está claro que no estaba, este chiringuito, lleno de vírgenes esperando a los mártires en nombre de su dios, ni tampoco era el cielo que otros esperaban, y esto de una venida del reino de dios sin que se pase la primera como que sentó mal a quienes se apresuraron a decir que todo era una conjura contra ellos. El nirvana, definitivamente, tampoco era, en tanto que el mismo es más una concepción metafísica, un estado personal, que un lugar, y se alcanza por pura meditación y liberación del yo interior superando lo físico, y estábamos, claramente, en un ambiente exterior. Creo.</p>
<p style="text-align: justify;">Se me acercó lo que pudo ser alguien joven, creo, y tras dirigirme su total atención rompió el silencio absoluto que llenaba tan barroco lugar. Porque sea lo que sea lo que nos rodeaba, parecía diseñado por el mismísimo Gian Lorenzo Bernini, hay que fastidiarse, con lo que me gusta el gótico clásico van y me cascan un fin de la existencia barroca, si al menos fuera gótico flamígero… Pero no. Hasta en eso es injusto el destino.</p>
<p style="text-align: justify;">- ¿Qué ha pasado? &#8211; preguntó, con bastante terror, el anteriormente joven.</p>
<p style="text-align: justify;">Me quedé absorto. ¿Así que así nos comunicaríamos? No dejaba de ser interesante, dentro de toda esa barroca confusión, la cantidad de nuevas experiencias que todos tendríamos, siempre y cuando la situación fuera a durar, porque nada, absolutamente nada, permitía prever algo del futuro, ni siquiera que se pueda seguir hablando de futuro y pasado, más allá de tiempos gramaticales.</p>
<p style="text-align: justify;">El que parecía ser un joven me miraba, por decir algo, esperando a que le dijera algo. No sé ni entiendo por qué rayos se acercó a donde yo estaba, habiendo tantos ex humanos a nuestro alrededor, el que me eligiera a mí para realizar tamaña pregunta sonaba a una broma más de este destino falto de crueldad que era, y es, el fin de la historia, la humanidad, y todo lo demás.</p>
<p style="text-align: justify;">- Cuarenta y dos &#8211; respondí de la forma más tranquila y tranquilizadora que pude, con un tono hasta paternal, sabiendo que era la única respuesta que tenía para todo, y teniendo la certeza, además, que era una respuesta correcta, una constante universal… Aunque claro, ya no estábamos en el universo que conocemos, ya no podía confiar en que esa respuesta era la correcta a todas las cuestiones, y por primera vez, desde que entramos en esta realidad barroca, sentí miedo por pura incertidumbre.</p>
<p style="text-align: justify;">El que suponía que era un joven, en este entorno realmente no sé cómo valorar temas como la edad, o siquiera si tiene sentido considerarlo, dirigió su atención hacia mí con una furia inusitada, se sentía, le sentía, no solo decepcionado con mi respuesta, sino furioso por la misma, como si le estuviera tomando el pelo o algo parecido… ¿Pero qué pelo? Son formas de pensar, no se lo tomen todo literalmente, mis queridos lectores. O lo que sea.</p>
<p style="text-align: justify;">- No te enfades &#8211; tercié sintiéndome un poco mal ante la inopia de mi respuesta anterior -, estoy como tú, ni más ni mejor informado, acá estamos, si es que podemos hablar de un acá y un allá, si es que podemos, siquiera, hablar del ser o el estar &#8211; por un momento preferí que el idioma que conozco no separara el ser y el estar de forma tan clara, momento de confusión como el presente son más fácil de abordar con la ambigüedad de otros idiomas en este apartado.</p>
<p style="text-align: justify;">- Lo entiendo &#8211; se resignó el joven y se marchó, por decir algo. Me dejó con la palabra en la boca, siempre de forma no literal.</p>
<p style="text-align: justify;">Confusión, eso realmente era lo que existía, lo que sentía, en todas las gentes y seres de la existencia anterior que reproducían su Yo en esta nueva realidad y se confundían en el todo barroco que nos envolvía.</p>
<p style="text-align: justify;">Que no, que no es surrealismo, qué equivocados están todos esos a quienes escucho manifestar dicha consideración sobre el Todo al que ahora pertenecemos, el surrealismo se pone por encima de la realidad, no tiene nada que ver con lo absurdo, y claramente estamos ahora por debajo de la realidad, ya ni siquiera existimos, al menos no bajo las mismas normas físicas de antaño, y no porque las hubiésemos superado, sino porque habían dejado de regir… Tampoco es bizarro, algo bizarro es algo valiente, al menos en nuestro idioma. Surreal y Bizarro son dos palabras que pasarán a la historia por su mal uso, y les pasará como a Nimio, palabra que es su propio antónimo.</p>
<p style="text-align: justify;">Este pensamiento, el de la no existencia de la realidad, me hizo sonreír, metafóricamente hablando, todos esos sabiondos de las físicas y demás disciplinas empíricas y apegadas a la realidad estaban totalmente desorientados, las bases mismas de su conocimiento se habían ido al traste de un solo plumazo, incluso la distinción más básica de la realidad ya no tenía sentido. Por una vez, por una sola vez, los filósofos tenían tantas o más certezas que los físicos. Increíble. Y por una vez yo sabía tanto como ellos. Vivir para ver.</p>
<p style="text-align: justify;">Continué observando el absoluto y plegado entorno, si es que tiene sentido buscar definir como rodeado algo en lo que realmente es parte y expresión de ti mismo, intenté distinguir el Yo del Resto, pero no lo conseguía del todo, ni lo iba a conseguir más allá de las simples definiciones. Me contentaba pensar, eso sí, que el lenguaje seguía teniendo alguna utilidad, como por ejemplo, llenar páginas mentales de pensamientos como el presente. Quien dijera que el pensamiento no es real tenía razón, donde la realidad ya no existía el pensamiento permanecía intacto.</p>
<p style="text-align: justify;">Todo fin es un comienzo, ninguna historia tiene un comienzo y un final claro salvo que hablemos de meras anécdotas, más cortas o largas, pero anécdotas finalmente, no existe consciencia del inicio de la existencia y el final de la misma no acabó con la consciencia del Yo más allá de confundirla en un entorno barroco y aunque no lo parezca, esto es un relato que comienza por el final de la historia y termina cuando el pensamiento agote las palabras.</p>
<p style="text-align: center;"><em>¿Comienzo?</em></p>
<hr />
<p style="text-align: justify;">NOTA: Este cuento fue escrito para el <a href="http://baseavalancha.mforos.com/75485/8038798-concurso-de-relatos-2009/">concurso de Base Avalancha 2009</a>, quedando, junto con otros dos, <a href="http://baseavalancha.mforos.com/75485/8202133-concurso-de-relatos-2009-a-votar-hasta-21-06/">en tercer lugar</a>. Pueden leer todos los cuentos presentados en <a href="http://relatosavalancha.wordpress.com/">Relatos Base Avalancha</a> o en <a href="http://www.jomra.es/documentos/concurso2009.pdf">Concurso09.pdf</a>.</p>
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		<title>Nosotros, los Antidisturbios</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Apr 2009 15:05:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
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		<description><![CDATA[un Antidisturbio* Somos la última defensa de la Paz y Seguridad, eso nos dice el capitán siempre, nosotros, los antidisturbios, cuidamos y protegemos a todos los ciudadanos de esas hordas de descontentos que quieren alzar su voz contra todos, contra la democracia y paz que nosotros, los antidisturbios, defendemos. No es fácil, nunca lo es, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.deigualaigual.net/es/opinion/firma/3480-nosotros-los-antidisturbios"><img class="aligncenter" style="border: 0pt none; margin: 5px 0px; max-width: 800px;" title="Fotomontaje de Antidisturbios" src="http://www.deigualaigual.net/images/stories/otros/antidisturbios.jpg" alt="Fotomontaje de Antidisturbios" width="500" height="170" /></a></p>
<p style="text-align: right;"><a href="http://www.deigualaigual.net/es/opinion/firma/3480-nosotros-los-antidisturbios"><strong>un <em>Antidisturbio</em>*</strong></a></p>
<p style="text-align: justify;">Somos la última defensa de la Paz y Seguridad, eso nos dice el capitán siempre, nosotros, los antidisturbios, cuidamos y protegemos a todos los ciudadanos de esas hordas de descontentos que quieren alzar su voz contra todos, contra la democracia y paz que nosotros, los antidisturbios, defendemos. No es fácil, nunca lo es, salir vestido como caballero moderno, con todo tipo de prendas para protegernos de esos salvajes que se manifiestan, nosotros, los antidisturbios, tenemos la misión de impedir que destrocen todo, aunque tengamos, nosotros, que destrozarlos, a ellos, culpables de sus propias palizas.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><a href="http://www.deigualaigual.net/es/opinion/firma/3480-nosotros-los-antidisturbios">Continúe leyendo en De Igual a Igual</a></strong></p>
<p><span id="more-1040"></span></p>
<hr /><strong>IMAGEN</strong>: Se distribuye bajo <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/deed.es">CC &#8211; By &#8211; sa</a>, fotomontaje realizado a partir de las siguientes fotografías: <a href="http://www.flickr.com/photos/libertinus/577500891/in/set-1764152/">Represión divina</a>, <a href="http://www.flickr.com/photos/libertinus/417835334/in/set-1764152/">Formación Columna</a> y <a href="http://www.flickr.com/photos/libertinus/416968397/in/set-1764152/">Biotherm cops</a>, todas de <a href="http://www.flickr.com/photos/libertinus/">Libertinus</a> en Flickr, pertenecientes a la colección <a href="http://www.flickr.com/photos/libertinus/sets/1764152/?page=3">Be the media</a>, distribuidas con la <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/deed.es">CC &#8211; By &#8211; sa</a>.</p>
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		<title>Tarde de fútbol</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Dec 2008 10:56:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hay veces en que el árbol no te deja ver el bosque, normalmente es por la propia estulticia de quien observa, otras, como la que les voy a contar, es por lo singular del árbol, que distrae la atención totalmente del objetivo inicial. Todo comenzó como suele ser habitual, la típica visita al Helmántico con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><img src="http://deigualaigual.net/images/stories/espana/udscordova.jpg" alt="UD Salamanca vs Córdoba CF" width="480" height="188" /></p>
<p align="justify">Hay veces en que el árbol no te deja ver el bosque, normalmente es por la propia estulticia de quien observa, otras, como la que les voy a contar, es por lo singular del árbol, que distrae la atención totalmente del objetivo inicial. Todo comenzó como suele ser habitual, la típica visita al Helmántico con un invierno adelantado y un cielo que amenazaba con hacerse presente en el partido o con lluvia o con nieve, y de todas maneras congelando al personal.</p>
<p align="justify"><span id="more-820"></span>Ocupé mi lugar, en el centro de la mitad, en oriente (preferente que le gustan llamar), contemplé una buen entrada para la gélida tarde noche que nos venía, casi la mitad completa, el fondo sur casi completo con los aficionados más forófobos unionistas, occidente siempre medio desierto, con un palco que brillaba por su semiausencia y una grada norte donde, en una esquina, se juntaban los hinchas visitantes, una veintena a duras penas que desplegaron antes del inicio del partido una inmensa pancarta reivindicando su pertenencia blanquiverde. Norte, como es costumbre, andaba medio vacía, entre la zona reservada a la visita como por los pocos charros que se suelen ubicar en la otra esquina. Oriente, por contra, tenía una buena entrada también, todos concentrados, como suele ser norma, en el centro, ni muy arriba ni muy abajo, y huyendo de los extremos. Los gritos se oían sobre todo del lado local, claro, las visitas no llegaban al ciento ni contando sus sombras, aunque sí se atrevieron a lanzar cánticos y aplausos para animar a sus algo perdidos jugadores.</p>
<p align="justify">Los equipos salieron al césped y el estadio rugió en aplausos, todo listo para el inicio. Y acá es donde las cosas dejan de ser comunes, al menos para mí, mi atención se iría dedicando cada vez más a un espectador que a lo que ocurría en el campo, y eso que el partido no era malo ni mucho menos, idas y venidas, ataques varios, faltas no pitadas y todos los ingredientes que un choque debe tener para mantener al respetable activo, tanto para animar a los suyos e intentar desmoralizar a los ajenos como para recordar a la santísima madre del árbitro y sus asistentes, pobres mujeres, qué poca culpa tienen de la miopía de sus lamentablemente ciertos hijos.</p>
<p align="justify">Regreso al inicio, que es parte y todo de este relato, un asiático, posiblemente chino -por pura probabilidad en una ciudad como Salamanca-, que desde el primer minuto se pegó al celular, se medio tapó la boca e iba hablando, pausado y constante, mostrándose completamente impasible ante el devenir del encuentro, no demostraba emoción alguna ante las jugadas del partido o los robos del árbitro. No llevaba signo externo alguno que lo catalogaran como seguidor de la Unión, ni del contrario, ni siquiera la bufanda o el gorro con el que se intentaba tapar del frío llevaban los colores de equipo alguno.</p>
<p align="justify">Al comienzo pensé que estaba simplemente hablando por teléfono, pero al poco me di cuenta que no era una conversación común, repetía constantemente <em>mu xi</em>, <em>zhum bi</em>, <em>dui ga</em> y <em>Xibanya</em>, además de, en un inglés macarrónico, <em>free kick</em> y <em>corner kick</em>, y solo de vez en cuando soltaba alguna que otra palabra. Me quedé intentando relacionar sus palabras con el encuentro, así pues, cuando alguno de los dos equipos atacaba se ponía a decir <em>Xibanya zhum bi</em> o <em>dui ga zhum bi</em>, seguido por la repetición de <em>zhum bi</em>&#8230; ¡Atacando! Seguramente significa atacando, pensé, no había otra explicación.</p>
<p align="justify"><em>Mu xi</em> me sonaba bastante más, incluso me era familiar. A mi cabeza vinieron múltiples escenas ocurridas en un lejano barrio chino, en Lima, en esos chifas donde lo cantonés sigue presente. ¿Nada? ¿<em>Mu xi</em> significa <em>nada</em>? ¡Estaba casi seguro que así era! ¿Cantonés? En España en general, y en Salamanca, en particular, no es que sobren los cantoneses, son otras naciones chinas las que pueblan las ciudades peninsulares, así que ello me despertó algo más la curiosidad. Cantonés&#8230;</p>
<p align="justify">Seguía intentando cuadrar la extraña narración del partido -sólo se podía calificar de esa forma- con los hechos sobre el verde terreno cuando se largó a nevar, el frío entraba cual muerto en ese estadio perdido de la mano de dios, desprotegido por completo por edificios colindantes al no existir tales, siendo pasto de resfríos futuros en un extraño atardecer. Primera vez que veía un partido mientras nevaba, y aun así mi atención seguía recayendo en el extraño chino cantonés que seguía pegado al teléfono. En un momento volteó la vista hacia mi posición, dos butacas nos separaban y encima estaban vacíos, terció lo que me pareció una sonrisa, me viste y qué, parecía decir de forma amable.</p>
<p align="justify"><em>Xibanya zhum bi</em>,  <em>zhum bi</em>, <em>mu xi</em>. Un ataque rápido del equipo local acababa de estrellarse en el travesaño tras precioso centro por la derecha, y la narración del compañero de origen asiático lo había resumido en cuatro palabras, ni más ni menos, mientras todo el estadio gritaba por el gol no conseguido y pasaba a comentar la mala suerte de los blanquinegros, el locutor cantonés no hacía gesto alguno que demostrara interés real sobre el partido. Mi memoria me mandó un flash cinematográfico, Charles Chaplin en Tiempos Modernos, ajustando un tornillo de forma constante y repetitiva. Así era la tarea y actitud del cantonés. Miré a mi espalda, arriba, donde podía ver las cabinas de la SER, COPE y Onda Cero, donde los locutores de radio se pegaban al cristal con actitud de estar gritando la jugada que acababa de ocurrir, más metidos en el partido que los propios entrenadores. ¡Qué diferencia entre un locutor y los otros! Eso sí, ya tenía una nueva conclusión, <em>XXX</em> se refería a la Unión Deportiva Salamanca, y <em>dui ga</em> al Córdoba Club de Fútbol. Extraños apodos, pensé, seguramente significara <em>local</em> y <em>visitante</em> respectivamente, concluí para mis adentros.</p>
<p align="justify">Llegó el descanso y el chino colgó el teléfono, puso cara de relajarse, de descanso fabril, su particular ingenio paraba la producción por quince minutos y los obreros salían a tomar el sol, un decir, ya que la nieve continuaba. Me acerqué para hablarle, igual con un poco de suerte me contaba qué rayos estaba haciendo y así podría dejar de mirar el árbol para poder fijarme en el bosque de una puñetera vez.</p>
<p align="justify">Por fin vi sorpresa en su rostro, justo cuando le pregunté si era cantonés, o al menos lo que hablaba lo era, terció media sonrisa mientras se apuraba en encender unos cigarrillos chinos -con el filtro azul e inscripciones con ideogramas dorados-, <em>¿Cómo sabes?</em>, me preguntó mientras me ofrecía educadamente un pitillo, que rechacé. No lo sé, pero <em>mu xi</em> me suena a cantonés respondí humildemente. Iniciamos así una circunstancial y superficial conversación, él no era cantonés, era de otra minoría nacional, cuyo nombre no recuerdo, pero en su provincia, además de su propio idioma y el mandarín, hablaban cantonés, de ahí su particular acento, me dijo, que yo ni atisbaba -por supuesto, pero eso no se lo iba a decir, claro-, incluso, comentó, en las ciudades grandes de su provincia ya casi no se hablaba su propio idioma, y primaba el cantonés, por mi parte le conté un poco de mi vida, le informé sobre los cantoneses en Perú y que yo era de ahí, y todo lo justo y necesario para entablar puentes de confianza en el conocimiento mutuo, ayudado por supuesto en esa extraña camaradería que surge entre <em>los otros</em>, los que no somos nacidos en estas tierras.</p>
<p align="justify">Antes del final del entretiempo me animé a preguntarle sobre su actividad telefónica, si estaba narrando el partido y por qué sólo decía <em>atacando</em> o <em>nada</em>, además de, únicamente, narrar los tiros libres y saques de esquina -ni saques de banda, ni amarillas, ni saques de puerta, ni fueras de juego ni nada más que las jugadas descritas eran <em>traducidas</em> al cantonés por el celular-. Lanzó una risotada sonora, <em>solamente les digo lo que necesitan</em>, fue su respuesta más que enigmática.</p>
<p align="justify">Justo cuando me disponía a insistir sonó su móvil, con un gesto se excusó dando por terminada la conversación y contestó, <em>wei</em>, y etcétera. Los jugadores salían al terreno de juego, el segundo tiempo ya iba a comenzar. Había un <em>ellos</em>, eso era más que presumible, y buscaban información concreta y en tiempo real del partido, además eran cantoneses.</p>
<p align="justify">Durante la segunda parte nos sentamos juntos, aprovechando justamente el hueco que quedaba entre los asientos indicados en nuestras entradas, él seguía con su particular mantra, repitiendo sin cesar las mismas frases sin poner el más mínimo de emoción a su voz o rostro, yo disfrutaba de un interesante partido, veía más que indignado cómo el árbitro se comía un penal claro como el aguan en el área del equipo andaluz, cómo las tarjetas venían e iban sin ton ni son real, faltas graves o la típica amarilla de reglamento no eran amonestados pero sí otras jugadas, igual de mal para los dos equipos, cómo los visitantes se iban quedando contra las cuerdas y solo tenía chispazos de genialidad que eran insuficientes para llevar peligro al otro área, así como jugadas patéticamente mal finalizadas por un combinado charro que mezclaba maravillas técnicas con pifias garrafales que nos devolvían a la realidad, están en segunda -al menos todavía-, no se puede esperar regates de antología con definiciones perfectas, al menos no en la misma jugada.</p>
<p align="justify">Los <em>uf</em> iban aumentando en intensidad y cantidad, el equipo charro llamaba a la puerta de un inspiradísimo guardameta andaluz que, curiosamente, llevaba la segunda equipación de Perú como camiseta de portero -bueno, no la peruana, claro, pero el mismo diseño y colores, quiero decir-. En una sola jugada sacó dos maravillosas manos que dejaron a la afición charra con el gol en la punta de la lengua. <em>Imposible, es imposible, vaya manos que ha sacado</em>, gritó desconsolado un aficionado mayor a mi espalda, yo solo asentía, más razón que un santo.</p>
<p align="justify">De repente una jugada confusa, el balón se encontró en el fondo de la portería visitante y toda la afición cantaba el gol, el chino gritaba <em>yai bo</em> repetidamente y el <em>linier</em> corría al centro del campo, pero el árbitro vio otra cosa -¿qué? ¿¡Qué!?- y sus brazos no hacían el ademán de dar por bueno el gol. El chinito me miró de pronto, <em>¿qué pasa?</em>, me pregunta; no fue gol, el árbitro lo ha anulado, contesto, el rumor ya corría por las gradas y los pitos contra el juez del partido ganaron en decibelios mientras que el portero vestido de rojiblanco se apresuraba en sacar de puerta el no-gol. A partir de ahí en las jugadas confusas, que comenzaron a aparecer, en que no se veía bien a favor de quién se pitaba el tiro libre, o si era saque de esquina o de puerta, fuera de juego o qué rayos, el chinito me miraba, esperando que le dijera rápido si era para los blancos o los azules. Una y dos amarillas, un jugador del equipo andaluz a los vestuarios antes de tiempo, lo que faltaba. Roja. O mejor dicho, <em>hag pai</em>.</p>
<p align="justify">El partido seguía cero a cero y quedaban menos de cinco minutos del tiempo reglamentario, por un momento el asiático paró su particular narración para entablar una conversación más normal, y colgó al poco. Me quedé mirándole unos segundos, y el ya casi amigo no cantonés respondió a la pregunta no realizada con un <em>ya no les interesa el partido, no creen que el Salamanca marque dos goles en lo que queda de encuentro</em>.</p>
<p align="justify">Nos pusimos a hablar antes del final del partido, resulta que ni siquiera le gustaba el fútbol, pero <em>curro es curro</em>, me dijo. Trabajaba para la <em>compañía</em> cantonesa, al menos uno cada dos domingos lo hacía, con algún jefecillo, él no lo sabía. Recibía una llamada que le indicaba que fuera a tal o cual partido y él simplemente los narraba, y por ello le pagaban un buen pico. Obviamente era para apuestas, nada ilegal en España, ya que ni siquiera eran hechas en Europa, una casa de apuestas cantonesa llevaba el asunto, suponía. Tampoco era algo muy regular, tercié. <em>Solo relato el partido</em>, se defendió socarrón.</p>
<p align="justify">Me contó por qué sólo decía esas palabras, eran las cuestiones sobre las que se apostaba, el resto del partido no importaba, salvo, claro, el resultado final. <em>Mu xi</em> efectivamente es <em>nada</em>, que era su respuesta para <em>no pasó nada</em> y para <em>no está pasando nada</em>, según correspondiese; <em>Zhum bi</em>, en contra de mi apresurada conclusión no significa <em>atacando</em> o <em>ataque</em>, sino <em>preparado</em>, y se usaba como <em>peligro</em> o <em>atacando</em>; <em>Dui ga</em> efectivamente se refería al equipo visitante, y significa <em>otro equipo</em>; <em>Xibanya</em> es España, y con ello se hace referencia al equipo local. No importa quiénes jueguen, me explicó, se usa siempre, si el partido es en España, <em>Xibanya </em>para el local y <em>dui ga</em> para el que visita; <em>Hag pai</em>, como me imaginé -y esta vez no era nada difícil- hace referencia a la tarjeta roja, pero, en contra de lo que podía pensar, significa <em>tarjeta negra</em>, esto me recordó que la mafia está identificada con el color negro, pero preferí no compartir esa idea con el amable interlocutor; <em>Yia bo </em>es, claro, <em>gol</em>.</p>
<p align="justify">Le comenté que su trabajo esporádico me parecía rarísimo, medio sonrió y me dijo que en todos los estadios de Europa, en la primera y segunda división como poco, incluso en algunas ligas femeninas, había al menos un chino narrando el encuentro como él hacía, para distintas <em>compañías</em> o para la misma, que un chino fue, hace un par de años, medio leyenda por sacarse tres mil euros en un mes, yendo a partidos en media península a todas horas todos los días que podía, Liga, Segunda, Copa del Rey, UEFA y Champions y a portugal cuando pudo, fueron cubiertas por este sujeto. También señaló, de forma disimulada, a un chino a unos cincuenta metros de nuestra posición, <em>ese está contando el partido para la compañía de Macao</em>, me dijo. ¿Cómo? ¿Cómo se llega a trabajar en esto? ¿Viniste a España para hacer esto?, con esa última pregunta hice reír al chino, <em>no no, fue de casualidad, como te dije, no me gusta el fútbol, pero un conocido se enteró que la compañía de Cantón buscaba un chino para narrar sus partidos, que lo hiciera en cantonés, claro, y en Salamanca estamos pocos que hablamos cantonés, y la familia que lo sabe no quería porque tienen una tienda, y terminé yo viniendo al estadio</em>, me contó como si de un trabajo común y corriente se tratara.</p>
<p align="justify">Casi al finalizar el partido por fin llegó el gol charro, una jugada extraña, otra vez, dentro del área, con el portero ya vencido y un jugador de blanco que la empalmaba hasta el fondo de la portería, el estadio cambió sus furiosos gritos contra el árbitro para centrarse en alabanzas a su equipo, para animar en esos minutos finales. El partido llegó a su fin con un Salamanca aun atacando, queriendo más. Me despedí del chino y quedamos para tomar un café un día de estos, tuvo a bien apuntar mi número y apuntarme el suyo, un chico leído, culto y abierto resultó ser, y fue tan amable que me escribió, en una libreta, las palabras que ese día había usado, con la grafía acá representada, los ideogramas compartidos con el mandarín y el <em>pinyin</em>.</p>
<p align="justify">Hay trabajos de todo tipo sin lugar a dudas, pero el de ese chino se llevaba al menos un diploma de honor, y no tanto por ser una suerte de intermediario de la información para un apostador o una casa de apuestas -no me quedó del todo claro, cualquiera de las dos opciones valía para la descripción que me dio- sino porque lo era en un partido de segunda división de un país lejano para los intereses cantoneses. Una cosa es apostar en un Madrid-Barça y otra, sin dudas, en un perdido partido de segunda división, máxime cuando me comentó que incluso lo había hecho con partidos de Segunda B en alguna ocasión.</p>
<p align="justify">Llegué a casa aun pensando en el árbol, sin reparar en el bosque.</p>
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		<title>Ella (I)</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Nov 2008 17:40:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[ella]]></category>

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		<description><![CDATA[- ¡Qué suerte he tenido! pensé en ese momento. La miraba y escuchaba con una total atención, absorto en cada una de sus palabras, en la armonía que las mismas desprendían al conectarse unas con otras, formando hermosas figuras que el mejor literato ni ha soñado, y todo para explicar las cosas más sencillas de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">- <em>¡Qué suerte he tenido!</em> pensé en ese momento. La miraba y escuchaba con una total atención, absorto en cada una de sus palabras, en la armonía que las mismas desprendían al conectarse unas con otras, formando hermosas figuras que el mejor literato ni ha soñado, y todo para explicar las cosas más sencillas de la creación. La miraba a la vez, era imposible apartar la vista de su persona, cuya sola presencia ya merece las más grandes loas, y encima sus palabras se entremezclaban con su aroma, con ese halo que poseen quienes brillan con luz propia. Llevaba, como les decía, horas con ella, feliz hasta la saciedad de haberla conocido, y parecía que, por alguna extraña razón, el sentimiento era mutuo. Nos encantaba estar conociéndonos, que es gerundio, ambos bromeábamos&#8230;</p>
<p align="justify"> <span id="more-806"></span>-Aguanta el carro cuñado -interrumpió de forma brusca Joaquín, mientras jugueteaba con la cerveza en la mano-. Raúl, solamente te he preguntado <em>qué tal estás</em>, porque, amigo, se te ve hecho un adefesio. Un <em>bien</em> habría bastado, un <em>triste</em> sobrado. Como dicen por acá: ¿qué me estás contando?</p>
<p align="justify"> Las risotadas del tercer contertulio estallaron interrumpiendo el corte tal vez demasiado borde de Joaquín a Raúl. <em>Qué personajes</em>, pensaba Pedro, <em>¿de dónde habré sacado yo a estos colegas?</em>, se preguntaba cada vez que se veía metido en las conversaciones de los otros dos.</p>
<p align="justify"> La mueca de <em>no me interrumpas</em> que puso Joaquín era de antología, de esas que uno se imagina ilustrando un concepto en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, si es que esos vejestorios se animaran a incluir gráficos que sirvieran de apoyo a sus explicaciones. Ante la mueca de Joaquín hasta el ensimismado Raúl soltó una pequeña sonrisa mientras que Pedro, el tercer contertulio, se sonrojó al ver que a su compañero de charlas y cervezas le había sentado mal su espontánea y burlona risa.</p>
<p align="justify"> &#8211; Perdona Joaquín, pero es que vaya corte que te has mandado -se excusó Pedro sin abandonar la sonrisa, esta vez en tono más bien conciliador.</p>
<p align="justify"> &#8211; Ya te pones de su parte, siempre te pones de su parte, no sé qué te hará él para que a la primera ya le estés defendiendo -comenzó la ya clásica postura victimista de Joaquín, sobre todo cuando le frenan a medio discurso.</p>
<p align="justify"> &#8211; No me pongo de parte de nadie -terció Pedro-, simplemente ha hecho gracia cómo has callado a tu colega. ¿Para qué están los amigos si no es para llorar unos sobre los otros?</p>
<p align="justify"> &#8211; No comiences tú también a filosofar, que acá hemos venido a pasar el rato, tomar unas chelas y, si se puede y no hay nada mejor en la tele, hablar de fútbol y mujeres, sentimientos bien aparte -concluyó convencido del papel del bar y las tardes del domingo entre amigos.</p>
<p align="justify"> &#8211; Parecía que aquí tu amigo medio asceta y demasiado friki, y digo parece, estaba hablando de mujeres&#8230;</p>
<p align="justify"> &#8211; ¡Qué carajo! -bramó Raúl, ya medio enfadado.- Si eso es hablar de mujeres vamos mal, muy mal.</p>
<p align="justify"> &#8211; Por una vez, y sin que sirva de precedente, deberíamos escucharle, se le ve medio deprimido, y el alcohol y soltar todo su rollo le pueden ayudar -dijo en tono más que concluyente un Pedro que se comenzaba a cansar de la intolerancia al diálogo de Joaquín. <em>Siempre igual</em>, pensó para sus adentros.</p>
<p align="justify">Se hizo un silencio más que incómodo, unos momentos de indecisión típicos, todos bajaron la cabeza unos instantes evitando cruzar las miradas unos con otros. Raúl el más incómodo de todos, como no podía ser de otra forma. Se notaba que necesitaba hablar de lo que le había pasado, algo que era cualquier cosa menos habitual en él.</p>
<p align="justify"> &#8211; Pero él paga las cervezas -aceptó, dejando como firmes las condiciones del trato, Joaquín, mientras señalaba a Raúl y miraba fijamente a los dos interlocutores.</p>
<p align="justify"> Raúl asintió con la cabeza, se dirigió sin decir palabra alguna hasta la barra del bar y pidió una jarra de cerveza, dejando en claro con su pedido que esto iría para largo, y que Pedro había sido demasiado generoso con su oferta de escucharle. Una oportunidad así no se presenta todos los días, y Raúl tenía toda la intención de aprovecharla al máximo. ¿Cuándo sería la próxima vez que podría compartir nada con nadie? ¿Desde cuándo, además, él era lo suficientemente abierto y confiado como para solicitar la empatía de sus compañeros de bar o cualquier otro?</p>
<p align="justify"> Una vez le dieron el pedido, Raúl se sentó con toda la lentitud del mundo en su habitual sitio, ante la sonrisa socarrona de un Pedro casi victorioso y un Joaquín ya aburrido, más pendiente, con el rabillo del ojo, del partido de tenis que se veía en la televisión de la esquina del bar. Raúl se acomodó muy lentamente, tomó un largo trago de cerveza, no sólo para humedecer una garganta que iba a soltar un interminable discurso, sino para darse unos ánimos que comenzaban a flojear, otra vez.</p>
<p align="justify"> Raúl posó el vaso en la mesa, sin soltarlo, se quedó un rato mirándolo, olvidándose de la existencia de los otros dos parroquianos, amigos desde hace ya demasiado, con los que, como era costumbre, tomaba una caña con pincho todos los domingos a media tarde, haya o no haya fútbol. Raúl no sabía, realmente, cómo comenzar su relato y repasaba los hechos y sus sentimientos -¿no son lo mismo?- rápidamente para elegir la vía correcta para comunicar ambos.</p>
<p align="justify"> &#8211; Ustedes me conocen desde hace mucho -por fin Raúl comenzó a hablar, los otros dos casi pegan un salto de sus asientos, como si hubiesen visto un fantasma, la resurrección de un muerto; aun así consiguieron asentir con la cabeza a tiempo para no pareciera que negaban el hecho-, llevo una vida de escéptico, incrédulo total ante ideas como <em>media naranja</em>, <em>amor a primera vista</em>, <em>destino</em> y demás barrabasadas que el hombre inventa para ocultar su propia ignorancia -se escuchó un chascarrillo de lengua incómodo, de Joaquín, al que ninguno de los otros dos amigos hizo el menor caso-, pero me encontré a mí mismo saludando a esa diosa destino en la que no creo, dándole gracias a una película que no merecería ni ser quemada en el más profundo de los infiernos, por la oportunidad que me brindó&#8230; ¡El destino! ¡Cuán caprichoso es el azar que, cuando parece beneficioso o desfavorable le atribuimos un plan divino que nadie ha trazado!</p>
<p align="justify"> &#8211; ¿De verdad está hablando de mujeres? -interrumpió Joaquín, completamente perdido en una conversación no del todo deseada, a la par que se servía otro vaso de cerveza.</p>
<p align="justify"> &#8211; Muy a su manera -se burló Pedro, con una sonrisa triste en el rostro, conocedor de cómo son sus compañeros de caña y pincho.</p>
<p align="justify"> &#8211; El Azar y el Destino, dos conceptos incompatibles que viven en el imaginario popular cogidos de la mano para servir de explicaciones baladíes a simples temas de la vida cotidiana, que dan sentido si se tercia, a una realidad que no lo tiene- continuó Raúl sin hacer el menor caso ni a la pregunta ni a la burla-; obviamente no fue el Destino, pero si existiera un Dios sobre nuestras cabezas, todo lo que estoy contándoles sería una broma pesada del celeste ser&#8230;</p>
<p align="justify"> » Ya saben que los viernes, tras el trabajo, suelo ir a la primera sesión del cine, casi siempre hay buenas pelis a esa hora, poco público y demás, tranquilidad y luego de vuelta a casa y tal. Este viernes no fue la excepción, al menos a la primera parte de la acostumbrada rutina, y vi una película cuyo nombre intento olvidar, éramos pocos durante la proyección, como casi siempre a esas horas.</p>
<p align="justify"> » Mi decepción era mayúscula con esa película que no merece epíteto positivo alguno, pero recaudará millones por todos lados, pero aún así aguanté hasta el final de los créditos, deferencia que se debe tener siempre -Raúl hizo una pequeña pausa para mirar a los ojos de sus compañeros, con un gesto algo reprobador que parecía decir: <em>siempre les digo que hay que mirar todos los créditos de la película, y ustedes ni caso me hacen</em>- y de repente escucho <em>¿Tanto te ha gustado esta birria para que te quedes a ver los créditos?</em> La frase espetada con una agresividad e indignación impropia para la armoniosa voz que la profería&#8230; -Raúl se quedó, de pronto, callado, acarició un poco la caña y bebió un trago largo.</p>
<p align="justify"> » Ahí estaba ella -continuó momentos más tarde, mirando directamente a la nada-, casi no la podía ver, pero podía intuir la perfección de lo que no puede ser perfecto, podía ver, si me permiten la expresión, un alma determinada que no entendía para nada mi actitud. Yo no daba crédito ni a lo que veía ni a lo que escuchaba, atiné a balbucear unas palabras, que debieron sonar como una excusa demasiado mala, esa película no merece ni el nombre de largometraje, y entendía su indignación por haber gastado los cuartos en la descarada estafa, en la que entró en mi Partenón negativo como la mayor afrenta al mundo de las historietas&#8230; Tras la media excusa solté un &#8216;<em>y hay que aprendernos estos nombres para incluirlos en la lista negra de personas que no se salvarán</em>.&#8217; Es estúpida, lo sé, no tienen que decírmelo, pero ella se rió y yo vi el paraíso.</p>
<p align="justify"> &#8211; Si sigues hablando de forma tan huachafa te voy a mandar al paraíso de un puntapié -apostilló, medio en serio medio en broma Joaquín mientras se levantaba para pedir otra jarra de cerveza. <em>Necesito más chelas para aguantar esta historia</em>, pensaba.</p>
<p align="justify"> &#8211; Joaquín&#8230; -recriminó Pedro, a lo que Joaquín respondió levantando las palmas como diciendo <em>a mí que me registren, pero tengo razón</em>.</p>
<p align="justify"> A veces Pedro se tomaba muy en serio un papel de mediador entre los otros dos, de apagafuegos en una extraña relación mantenida a lo largo de los años contra viento y marea, y que ya no recordaban ni cómo había comenzado ni por qué. Guardaban poco en común la verdad, ni rango de edad, ni estudios, ni ocupación, ni nada de nada. La verdad, tanto Raúl como Joaquín eran peruanos de nacimiento, pero en lugares y situaciones tan distintas dentro de ese gran país que nadie se los imaginaría como compatriotas si es que ellos no lo decían. Pero ahí estaban, como los mosqueteros. Hoy tocaba escuchar a Raúl, no quedaba otra.</p>
<p align="justify"> Joaquín prefirió esperar la cerveza apoyado en la barra, mientras se distraía viendo la televisión sin sonido a la par que escuchaba el bodrio de sonoro que fungía de hilo musical en el casi vacío local. Raúl estaba totalmente absorto en cómo la cerveza se movía en sentido contrario a su vaso. Reordenaba, claramente, sus ideas, para continuar en breve la explicación de tan extraña historia ante un malagradecido público. Pero era el único que tenía y también el único, sin dudas, que quería.</p>
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		<title>AlB: Y seguimos Buscando a Don Darki</title>
		<link>http://bitacora.jomra.es/2007/04/escritos/balobad-37-38/</link>
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		<pubDate>Thu, 05 Apr 2007 23:28:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amenizando]]></category>
		<category><![CDATA[Escritos]]></category>

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		<description><![CDATA[Y sin saber bien por qué, ni para qué, la búsqueda del intérprete (de clarinete) Longinus Rex, Gobernador Vitalicio de El Oxtión por la gracia de nadie sabe quién, continúa, día sí día también, y una historia algo olvidada vuelve a tomar forma, el tema de Luxangel visto en la página doble 27 y 28, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify"><a href="http://abdion.atspace.com/paginas/darki_p37.htm"><img src="http://img72.imageshack.us/img72/5707/ppag37grisah2.png" title="Página 37 BAD" alt="Página 37 BAD" align="left" border="0" hspace="8" vspace="4" /></a>Y sin saber bien por qué, ni para qué, la búsqueda del intérprete (de clarinete) <a href="http://abdion.atspace.com/paginas/darki_p1.htm">Longinus Rex, Gobernador Vitalicio de El Oxtión</a> por la gracia de <em>nadie sabe quién</em>, continúa, día sí día también, y una historia algo olvidada vuelve a tomar forma, el tema de <em>Luxangel</em> visto en la <a href="http://abdion.atspace.com/paginas/pag27-28.jpg">página doble  27 y 28</a>, aparece otra vez en la <a href="http://abdion.atspace.com/paginas/darki_p37.htm"><strong>página 37</strong></a>, de la mano de El Kaos, azote de todo lo que puede ser azotado (y con una buena página web sobre <strong><a href="http://www.xkstation.com/everyonepeace/">One Peace</a></strong> y pronto con &#8220;otra&#8221; de <a href="http://www.xkstation.com/everyonepeace/Usopp/index.html">Usopp</a>). Por otra parte, la <strong><a href="http://abdion.atspace.com/paginas/darki_p38.htm">página 38</a></strong> retoma el tema del concurso de belleza (y no, no hay límite mínimo de peso o masa corporal -ni máximo-).</p>
<p><span id="more-419"></span><a href="http://abdion.atspace.com/paginas/darki_p38.htm"><img src="http://img72.imageshack.us/img72/4428/ppag38griszk7.png" title="Página 38 BAD" alt="Página 38 BAD" align="right" border="0" hspace="8" vspace="4" /></a> Por otro lado, &#8220;<em>inoficialmente</em>&#8221; he puesto ya en línea (<em>internete</em> que le llaman) el <a href="http://abdion.atspace.com/cap.htm">capítulo 1</a> enterito en <strong>PDF</strong>, en dos versiones:</p>
<ul>
<li><em><strong><a href="http://jomra.es/documentos/bal-cap1.pdf">Capítulo primero en PDF</a></strong></em>, como debería ser si pudiéramos imprimirlo como nos gusta.</li>
<li><a href="http://jomra.es/documentos/bal-cap1-imp.pdf"><em><strong>Capítulo primero en PDF</strong></em></a>, listo para imprimir en hojas A4 por las dos caras y armar un cuadernillo en plan &#8220;<em>cómic book</em>&#8220;.</li>
</ul>
<p>Espero que lo disfruten.</p>
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		<title>Un cuento de Matete: &#8220;El Rey y la Aldeana&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Sep 2006 21:22:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

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		<description><![CDATA[Ya tenemos, en estos barrios, dos cuentos de Matete, uno de ellos titulado &#34;El Perro y el Gato&#34; y el otro &#34;Ghimell&#34;, ahora mostramos un nuevo cuento de la misma, &#34;El Rey y la Aldeana&#34;. En fin, sin m&#225;s dilaci&#243;n, el cuento de esta peque&#241;a autora: El Rey y la Aldeana Hab&#237;a una vez un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="justify">Ya tenemos, en estos barrios, dos cuentos de Matete, uno de ellos titulado &quot;<i><a href="http://jomra.perublog.net/escritos/2005/07/22/matetecuento">El Perro y el Gato</a></i>&quot; y el otro &quot;<i><a href="http://jomra.perublog.net/escritos/2006/09/24/ghimell_cuento_de_matete">Ghimell</a></i>&quot;, ahora mostramos un nuevo cuento de la misma, &quot;El Rey y la Aldeana&quot;. En fin, sin m&aacute;s dilaci&oacute;n, el cuento de esta peque&ntilde;a autora:</div>
<p> <br />
<blockquote>
<div align="center"><font size="5"><b>El Rey y la Aldeana</b></font></div>
<p>Hab&iacute;a una vez un Rey de un pa&iacute;s que no se encontraba en el mapa.<br />El pa&iacute;s se llamaba Silof y el Rey se llamaba Don.</p>
<p>Siempre recib&iacute;a quejas de los aldeano, sobretodo de Ganaay,<br />Una aldeana que aunque reciba 900 000 millones de monedas de oro no ser&iacute;a suficiente y querr&iacute;a m&aacute;s.</p>
<p>Solo hab&iacute;a una aldeana que no se quejaba,<br />La m&aacute;s bonita y la m&aacute;s trabajadora,<br />Se llamaba Jacinta.</p>
<p>El Rey Don estaba enamorado de Jacinta.</p>
<p>Pero los de la corte y los Reyes de otros pa&iacute;ses como el Rey Gonaso Renato Dol&oacute;n, el Rey Renato Paveta Pavel Bell&iacute;n, y muchos otros reyes m&aacute;s le dec&iacute;an que era malo casarse de nuevo y con una aldeana pobre.</p>
<p>Pero &eacute;l se quer&iacute;a casar y pod&iacute;a porque su esposa se hab&iacute;a muerto cuando los dos ten&iacute;an 37 a&ntilde;os ya que se casaron a los 29.</p>
<p>Un d&iacute;a a la aldeana la quer&iacute;a arrestar porque seg&uacute;n la se&ntilde;ora Mildiditay ella le hab&iacute;a robado sus zapatillas de oro, su collar de perlas plateadas, su brazalete de perlas doradas y un vestido Rojo.</p>
<p>Jacinta lo ten&iacute;a todo puesto y hasta ten&iacute;an nombre las cosas.<br />Pero ella no lo hab&iacute;a robado,<br />Esa se&ntilde;ora se lo hab&iacute;a dado.</p>
<p>El Rey Don sab&iacute;a que no pod&iacute;a ser verdad,<br />As&iacute; que mand&oacute; a explicar.</p>
<p>Al final Jacinta sali&oacute; inocente y mandaron a Mildiditay a la c&aacute;rcel.</p>
<p>Jacinta se enamor&oacute; del Rey y se casaron,<br />Jacinta ten&iacute;a m&aacute;s de 999 999 millones de hueros,<br />Ten&iacute;a vestidos hermosos,<br />bellas perlas,<br />Y para el final un palacio.</p>
<p>
<div align="center"><b>FIN</b></div>
</blockquote>
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		<title>Otro cuento de Matete: Ghimell</title>
		<link>http://bitacora.jomra.es/2006/09/escritos/otro-cuento-de-matete-ghimell/</link>
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		<pubDate>Sun, 24 Sep 2006 18:49:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

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		<description><![CDATA[El Perro y el Gato, hace m&#225;s o menos un a&#241;o, fue publicado en esta bit&#225;cora, la autora de dicha obrita me ha hecho llegar un cuento de hadas, de los de toda la vida, que paso a reproducir, ya que realmente est&#225; bueno. En fin, sin m&#225;s dilaci&#243;n, el cuento: Ghimell Hab&#237;a una vez [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="justify"><a href="http://jomra.perublog.net/escritos/2005/07/22/matetecuento">El Perro y el Gato</a>, hace m&aacute;s o menos un a&ntilde;o, fue publicado en esta bit&aacute;cora, la autora de dicha obrita me ha hecho llegar un cuento de hadas, de los de toda la vida, que paso a reproducir, ya que realmente est&aacute; bueno. En fin, sin m&aacute;s dilaci&oacute;n, el cuento:</div>
<p> <br />
<blockquote>
<div align="center"><font size="5"><b>Ghimell</b></font></div>
<p>Hab&iacute;a una vez un pa&iacute;s llamado Ghimell.<br />Ah&iacute; pasaban cosas muy raras:<br />Una bruja loca se cas&oacute; con un hada,<br />Y un pr&iacute;ncipe bello se cas&oacute; con un pez,<br />Y a&uacute;n m&aacute;s cosas suceden en Ghimell.<br />Te contar&eacute; una historia de un hada y un rey,<br />Que sabr&aacute;s que viv&iacute;an en Ghimell.</p>
<p>Hab&iacute;a una vez un hada llamada Ada,<br />Y una bruja llamada Maruja.<br />Las dos viv&iacute;an en Ghimell.</p>
<p>La bruja Maruja estaba enamorada del Rey &Aacute;rturi Poneca Jorono Ven Drag&oacute;n segundo.<br />Mejor conocido como Ven Drag&oacute;n.<br />Pero Ven Drag&oacute;n estaba enamorado del hada Ada.</p>
<p>La bruja Maruja pensaba que al hada el Rey le gustaba,<br />Por eso era que la bruja Maruja la hechizaba.</p>
<p>Un d&iacute;a al hada Ada por fin le gust&oacute; el Rey Ven Drag&oacute;n.<br />Eso fue bueno para ellos dos,<br />Pero no para la bruja Maruja.</p>
<p>La bruja Maruja de venganza al hada Ada le puso pico,<br />Y de contra Ada le puso pelo azul,<br />El color que la bruja Maruja odiaba con toda su fr&iacute;a y oscura alma.<br />Entonces el Rey Ven Drag&oacute;n se fue a la monta&ntilde;a de Ghimell para ver lo que pasaba con la bruja y el hada.</p>
<p>Luego se asust&oacute; y enoj&oacute; tanto que de la monta&ntilde;a de Ghimell baj&oacute; y se fue al monte de los reyes, parientes lejanos y peces volando de Ghimell.</p>
<p>Le pidi&oacute; un consejo al Rey Josef&oacute;n Jorshy Palomo Alcatr&aacute;s Panam&aacute; Gonz&aacute;les tercero,<br />Mejor conocido como el rey Gonz&aacute;les tercero.</p>
<p>&Eacute;l le aconsej&oacute; ir con la reina hada de las nubes y que le d&eacute; un consejo,<br />Porque &eacute;l no sab&iacute;a sobre brujas, hadas ni amor.</p>
<p>El Rey Ven Drag&oacute;n fue ah&iacute; y por fin le dieron un consejo:<br />Diles a las dos lo que sucede y expl&iacute;cales las cosas,<br />Luego yo tirar&eacute; mi magia y a ver lo que pasar&aacute;.<br />El Rey obedeci&oacute; y fue a la monta&ntilde;a de Ghimell.<br />El pensaba que con ese consejo para que no se peleen lo arreglar&iacute;a,<br />Lo arregl&oacute;, pero no fue como &eacute;l lo pens&oacute;:</p>
<p>Subi&oacute; y vio a la bruja y al hada tiradas en el suelo,<br />Sus corazones no lat&iacute;an,<br />Seg&uacute;n &eacute;l hab&iacute;an muerto las dos.</p>
<p>Se acerc&oacute; al hada Ada, la agarr&oacute; y empez&oacute; a llorar.<br />Entonces una de las l&aacute;grimas de &ldquo;Tristeza y Amor&rdquo; cay&oacute; sobre el hada Ada y raramente despert&oacute;.</p>
<p>Entonces el Rey Ven Drag&oacute;n sigui&oacute; llorando,<br />Pero de alegr&iacute;a,<br />Baj&oacute; volando por las alas de el hada Ada, de la monta&ntilde;a de Ghimell.</p>
<p>Dejaron ah&iacute; a la bruja Maruja y vivieron felices por siempre.</p>
<p>Esa fue una historia que pas&oacute; en Ghimell,<br />Y aunque no lo creas sucedi&oacute; ayer,<br />Porque yo soy el Rey Ven Drag&oacute;n de Ghimell.</p>
<div align="center">FIN</div>
</blockquote>
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		<item>
		<title>No te perd&#237;, porque nunca te tuve.</title>
		<link>http://bitacora.jomra.es/2006/09/escritos/no-te-perdi-porque-nunca-te-tuve/</link>
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		<pubDate>Wed, 13 Sep 2006 12:20:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta es una de esas historias que desear&#237;a no contar, cuyas letras se imprimen en la pantalla contra la voluntad del ser que razona pero impulsadas por la vehemencia del coraz&#243;n, ese algo que nos obliga a rese&#241;ar las tristezas y felicidades, como si importaran a alguien m&#225;s que a nosotros mismos, que nos lleva [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="justify">Esta es una de esas historias que desear&iacute;a no contar, cuyas letras se imprimen en la pantalla contra la voluntad del ser que razona pero impulsadas por la vehemencia del coraz&oacute;n, ese algo que nos obliga a rese&ntilde;ar las tristezas y felicidades, como si importaran a alguien m&aacute;s que a nosotros mismos, que nos lleva del sufrimiento al placer sin atender a razones m&aacute;s all&aacute; de la arrogancia de saber que controla nuestras vidas m&aacute;s de lo deseado.</div>
<div align="justify">Me enrollo, y no es el objetivo. Les contar&eacute; una historia triste, de esas que vale la pena contar&#8230; Ya no recuerdo qui&eacute;n fue el que dijo que las infancias felices no merec&iacute;an ser contadas, y que las grandes historias salen de las vidas infelices. La desgracia, desdicha, el drama, a fin de cuentas, es lo que vende. Tampoco es que esta sea la historia de la humanidad, que se basa en los esfuerzos de unos por pisar al resto, y en el resto fracasando una y otra vez en impedir que le pateen en el trasero. No. Para nada. Ni siquiera se podr&iacute;a considerar una gran historia, desde fuera incluso negar&iacute;an lo funesto del asunto para asegurar que fue toda una suerte, que ahora estoy mejor. Pero no es as&iacute;, y por eso lo voy a contar.</div>
<div align="justify">
<div align="justify">Hace mucho tiempo lleg&oacute; a mi vida Isabel, ella me absorbi&oacute; por completo, cambi&oacute; mi vida como nada lo hab&iacute;a hecho hasta ese momento. Alguien sumido en el pasotismo social del d&iacute;a a d&iacute;a que ve&iacute;a cambiar por completo su vida. Entr&oacute; por casualidad, por un error. Como casi todas las cosas buenas de la vida, lleg&oacute; sin estar planeada, de improvisto. Ahora viendo el pasado, intentando recordar los detalles de esa nueva vida, me doy cuenta que nunca pose&iacute; a Isabel, ella siempre me tuvo a m&iacute;, pero era cuesti&oacute;n de tiempo que, tal como lleg&oacute;, se fuera.</p>
<p>S&iacute;, como leen, perd&iacute; a Isabel, esa m&aacute;quina de escribir que dio un vuelco a toda mi existencia. Algunos peri&oacute;dicos locales de las ciudades que iba visitando para llenar espacio sacaban versiones algo raras de lo que ellos cre&iacute;an que me sucedi&oacute;, as&iacute; que espero nadie se gu&iacute;e por ellas, siempre, eso s&iacute;, me tacharon como un loco. Esto cambi&oacute; un poco tras la p&eacute;rdida de Isabel, la diferencia es que pas&eacute; a ser portada de peri&oacute;dicos nacionales, una &quot;estrella&quot; m&aacute;s de pasado extra&ntilde;o para la galer&iacute;a de fen&oacute;menos que comprenden ese sub-arte nacional que tan bien vende. Aunque las falsedades jam&aacute;s han cesado, ya hay toda una leyenda que es radicalmente distinta a los hechos que recuerdo haber vivido, y que a fin de cuentas, son los que forman el Yo de mi historia.</p>
<p>A lo que iba, andaba por una ciudad, pueblo o similar de los que sol&iacute;a visitar llevando la m&aacute;quina de escribir a cuestas para sentarme en la plaza y escribir lo que la m&aacute;quina deseara como servicio a los ciudadanos y permitir que viva de lo que m&aacute;s disfrutaba, de poder dar salida a todas sus ideas por medio de una hoja en blanco, llenando un vac&iacute;o con relatos personales&#8230; &iquest;Alguien se imagina una vida mejor acaso?</p>
<p>En esa poblaci&oacute;n, como iba contando, me sent&eacute; en la Plaza Mayor, arm&eacute; un peque&ntilde;o banquito con su mesita, hac&iacute;a un tiempo que fui remplazando mis mundanales cosas llevadas en la maleta con la que escap&eacute; de una vida ya no deseada por objetos &uacute;tiles para la labor de escribir en una m&aacute;quina de anta&ntilde;o, la comodidad es importante&#8230; En fin, que hab&iacute;a montado el puestito, como siempre, a la espera de curiosos que desearan unas l&iacute;neas propias y &uacute;nicas. Se acerc&oacute; un se&ntilde;or, que no viene a cuento describirlo con todo detalle, pero para que se hagan una idea, era el t&iacute;pico &quot;respetable con traje claro&quot;, por decirlo de alguna forma.</p>
<p>Pregunt&oacute; curioso sobre lo que hac&iacute;a, durante cuanto tiempo llevaba haci&eacute;ndolo y otras tantas preguntas mil veces respondidas en otros lugares, tiempos y personas, estoy seguro que los pintores callejeros no se ven atosigados por las preguntas de este tipo como lo somos los escritores errantes -perm&iacute;tanme el calificativo-, cuando hacemos exactamente lo mismo. En fin, no le tom&eacute; especial atenci&oacute;n, simplemente le fui contestando mientras escrib&iacute;a. </p>
<p>El sujeto, que jam&aacute;s se identific&oacute;, en un momento se qued&oacute; callado, mir&oacute; la p&aacute;gina que acababa de perpetrar Isabel y me mir&oacute; durante un buen rato. Puso una cara realmente extra&ntilde;ada y pregunt&oacute; que c&oacute;mo rayos pod&iacute;a escribir mientras hablaba manteniendo coherencia en ambas cosas, sin cometer un s&oacute;lo error tanto en la conversaci&oacute;n como en la escritura y que si ya hab&iacute;a pensado lo que estaba escribiendo o lo iba inventando al momento. Esta vez s&iacute; tuve que pensar en la respuesta, casi le digo que sus preguntas ya no ten&iacute;a que plante&aacute;rmelas para responderlas, que me sab&iacute;a de memoria tanto el contenido de las mismas como la respuesta, pero esa no era realmente la cuesti&oacute;n, la conversaci&oacute;n se iba por los cerros de &Uacute;beda constantemente, no se quedaba en pregunta y respuesta como era lo habitual. No, no era eso. La respuesta era simple. Yo hablaba con el tipo del traje e Isabel escrib&iacute;a por su cuenta alg&uacute;n relato que, bien pensado, no sab&iacute;a qu&eacute; era o de qu&eacute; iba.</p>
<p>El personaje trajeado me mir&oacute; raro, volvi&oacute; a coger el papel y me pidi&oacute; llev&aacute;rselo, yo a&uacute;n no lo hab&iacute;a le&iacute;do pero sab&iacute;a que no estaba completo, Isabel segu&iacute;a escribiendo en otra p&aacute;gina que no ten&iacute;a encabezado nuevo, le coment&eacute; que no estaba terminado, que se esperara un rato, no sab&iacute;a cuanto, eso s&iacute;, pero la paciencia es la madre de la ciencia &iquest;o era la experiencia? Da igual, que esperara. Era la idea. El tipo dijo que nanay, que necesitaba llevarse esa p&aacute;gina en concreto, que el resto no lo interesaba y que cuanto ten&iacute;a que pagar. Se puso erre con erre, al final le dije que volviera luego por el resto del relato, que se llevara la hoja y dejara en el canast&iacute;n el dinero que &eacute;l cre&iacute;a que val&iacute;a. Dej&oacute; un par de euros y se fue sin decir esta boca es m&iacute;a.</p>
<p>Gente rara hay en todos lados, a fin de cuentas, yo estaba sentado en una plaza con una m&aacute;quina de escribir dejando que la misma llenara cuantas hojas quisiera de lo que le apeteciera en ese momento, la tinta del carrete aguantaba a&uacute;n y el resto de partes de la misma se acompa&ntilde;aban para formar un todo que me parec&iacute;a perfecto.</p>
<p>Como a las dos horas del incidente con el sujeto del traje claro, vinieron unos maromos la mar de fornidos en una ambulancia. Y me llevaron. Camisa de fuerza y toda la historia, yo s&oacute;lo gritaba «Isabel» y extend&iacute;a mi brazo en un vano intento de alcanzar el objeto de adoraci&oacute;n mientras ve&iacute;a c&oacute;mo una de esas bestias de blanco recog&iacute;a las cosas que siempre llevaba encima, perpetrando la armon&iacute;a entre ellas por la brusquedad de quien recoge algo que ve como basura.</p>
<p>«&iexcl;Isabel!»</p>
<p>El resto est&aacute; verdaderamente nublado, nunca supe si fue por alg&uacute;n tipo de droga que me inyectaran o dieran o por el dolor de la separaci&oacute;n que nublaba mi mente, o ambas cosas, que siempre puede ser. </p>
<p>Mucho tiempo despu&eacute;s -&iquest;O fue poco? Sin el doblar de las campanas de los ayuntamientos o iglesias cercanas a las plazas mayores no controlo el tiempo que pasa- me hablaban de que estaba enfermo, pero que ten&iacute;a talento, y no s&eacute; cuantas cosas m&aacute;s, que el problema de todo esto se origin&oacute; en Isabel -aunque ellos no la llamaban por su nombre-, que hab&iacute;a desatado a saber qu&eacute; cosas en mi cabeza y que ello me hab&iacute;a vuelto un vagabundo. No, no entend&iacute;an nada, siguen sin entenderlo, el problema fue que intentaron separarme de Isabel, no era ella, sino el resto, quienes me obligaron a huir. Y no, no estaba mal, realmente era feliz. Ellos dec&iacute;an que no era feliz sin contacto humano real, sin pertenecer a la sociedad, sin tener una vida estable como la que siempre mantuve, que era un enga&ntilde;o que perpetraba contra m&iacute; mismo y no s&eacute; cuantas sandeces m&aacute;s&#8230; &iquest;Qu&eacute; rayos sab&iacute;an ellos? &iquest;C&oacute;mo se atreven a decirme si era o no feliz? Si estuviera haciendo da&ntilde;o a la gente hubiese entendido que me encierren, pero por querer mi vivir junto a Isabel en una aventura constante era tachado, ni m&aacute;s ni menos, que de loco. </p>
<p>Vuelve a la vida normal, tienes futuro. Era la conclusi&oacute;n de la mitad m&aacute;s una de las citas con distintos psiquiatras, psic&oacute;logos o lo que tocara ese d&iacute;a, incluso esos enfermeros tan poco amables que me inyectaban cosas cuando no paraba de gritar el nombre de Isabel. Lo peor es que sab&iacute;a, a ciencia cierta, que ella no me extra&ntilde;aba, para nada, cada vez lo ten&iacute;a m&aacute;s claro, yo estaba completamente vinculado a ella, pero para ella no era m&aacute;s que otro, un medio para poder escribir en las hojas en blanco sus particulares historias, no eran m&iacute;as, eran de ella.</p>
<p>No s&eacute; si fue el sujeto de traje claro, o cualquier otro de los trabajadores del centro de salud, quien hizo que publiquen algunos de los relatos largos que viv&iacute;an en la maleta, bien impresos para que en la memoria no se pierdan, incluso uno de ellos gan&oacute; un premio de relatos cortos o algo as&iacute;, no lo recuerdo bien. Me parece que es mencionado en esas breves biograf&iacute;as en el dobladillo de las car&aacute;tulas de uno de los libros que llevan mi firma.</p>
<p>S&iacute;, al final me convencieron, alguno tuvo la gran idea de devolverme la Laptop que ten&iacute;a en la maleta, nunca me deshice de ella, llevaba largo tiempo sin encenderla pero siempre cargaba con ella, incluso en d&iacute;as de mucho hambre ni siquiera se me pas&oacute; por la mente venderla. Con la laptop volv&iacute; a cierta &quot;normalidad&quot; -como ellos la llaman-, a escribir lo que yo quer&iacute;a y no lo que Isabel mandaba.</p>
<p>Un d&iacute;a me soltaron, sin medicaci&oacute;n ninguna. Me ayudaron a encontrar un apartamento en el que ahora vivo, gozo de cierto &eacute;xito y seg&uacute;n casi todos mis conocidos -que me llaman amigo y a&uacute;n no s&eacute; por qu&eacute;- ahora tengo una vida digna, feliz, llena de &eacute;xitos y placeres que antes, en esa historia que ellos no conocen bien, m&aacute;s a&uacute;n, les importa un bledo la misma. Y yo me dedico, como buen paciente, a obedecer al doctor que me trat&oacute;, a los doctores m&aacute;s bien, viviendo como no quiero, relacion&aacute;ndome con quien no quiero, escribiendo largas historias lacrim&oacute;genas que son un reflejo de una pena profunda de la que no consigo librarme, pero que vende la mar de bien.</p>
<p>Es lo que importa, que venda. No importa que seas feliz, debes parecer objetivamente feliz, tener todo lo que el resto considera que hace que tus d&iacute;as sean perfectos por s&iacute; mismos, aunque para ti tengan menos valor que un pedo de violinista -como dir&iacute;a McCourt-, la apariencia es lo que importa, despu&eacute;s de poder vender. El que tenga una historia con psiqui&aacute;tricos de por medio hace que la gente crea aut&eacute;nticas el sufrimiento de mis historias, y lo achacan al pasado vivido, lleno de penurias en las calles de innumerables ciudades, no quieren entender que la pesadumbre la da esta existencia banal tan objetivamente ideal, tan llena de regalos mundanales&#8230; Ni entienden ni quieren entender.</p>
<p>Pero eso no es lo que me fastidia, ni el vivir en este enga&ntilde;o es la causa de la pena, es la separaci&oacute;n, como se pueden imaginar, de Isabel. M&aacute;xime a sabiendas de lo que ella no sinti&oacute;, nunca la tuve, por eso no puedo asegurar que la perdiera, pero mi subconsciente me obliga a recordarla todos los d&iacute;as, ya sea so&ntilde;ando o ya cuando paso por cualquier plaza. Hace mucho que no piso una Plaza Mayor, no soportar&iacute;a todos los recuerdos que pueden asaltar mi consciente, impulsados por esa sed de venganza de mi Yo interno por lo que me he convertido y por intentar olvidar a Isabel.</p>
<p>Eso s&iacute;, entre todos me han arrebatado la felicidad en la que preferir&iacute;a seguir, aunque la relaci&oacute;n fuera un enga&ntilde;o, resultaba &uacute;til para las dos partes&#8230; &iquest;Qu&eacute; ser&aacute; de Isabel? &iquest;A qu&eacute; manos habr&aacute; llegado? Creo que me pondr&eacute; a investigar un poco&#8230; &iquest;O es demasiada tortura? A saber&#8230;</div>
<p>
<div align="center">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</div>
<p>Dicen que todas las segundas partes son malas, y esta no tiene por qu&eacute; ser menos. <strong>La primera parte la pueden leer <a href="http://jomra.perublog.net/escritos/2006/04/18/isabel">ac&aacute;</a></strong>, les aconsejar&iacute;a que la lean antes que esta segunda parte (aunque claro, decirlo a estas alturas es como que mala idea&#8230;). En fin, como siempre que se sube algo, espero que les haya gustado (los tomatazos los lanzan otro d&iacute;a). &Eacute;sta, como la anterior, quedan dedicadas para la misma persona.</p>
<p><strong>Por cierto, descargue las dos juntas en un PDF y en ODT:</strong>
<ul>
<li><a href="http://jomra.es/documentos/cuentos_isabel-jomra.pdf">Cuentos sobre Isabel (I y II)</a> en PDF (96 KB)</li>
<li><a href="http://jomra.es/documentos/cuentos_isabel-jomra.odt">Cuentos sobre Isabel (I y II)</a> en ODT (18 KB)</li>
</ul>
</div>
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		<title>AlB: El ni&#241;o aprista. Una historia de la vida real.</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Aug 2006 14:09:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amenizando]]></category>
		<category><![CDATA[Escritos]]></category>

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		<description><![CDATA[Todo aprista tiene un niño dentro (como casi todas las personas), pero algunos hasta tienen niños, o sea, hijos ¿Y cómo es la vida de un aprista? Más ahora, que han conseguido volver a la presidencia del Perú, con ello, al poder que tanto aprecian. Aquí les mostraremos un poco de la vida de El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Todo aprista tiene un niño dentro (como casi todas las personas), pero algunos hasta tienen niños, o sea, hijos ¿Y cómo es la vida de un aprista? Más ahora, que han conseguido volver a la presidencia del Perú, con ello, al poder que tanto aprecian. Aquí les mostraremos un poco de la vida de <em><strong>El Niño Aprista</strong></em>. Fiel reproducción de la vida de un niño aprista común y corriente en una familia aprista aún más común y corriente.</p>
<p align="center"><a href="http://www.jomra.es/graficos/color/jomra/jomra_caratulaapra.jpg"><span id="more-144"></span><img src="http://www.jomra.es/graficos/color/jomra/p_jomra_caratulaapra.jpg" title="Carátula de El Niño Aprista" alt="Carátula de El Niño Aprista" border="0" height="110" width="75" /></a> <a href="http://www.jomra.es/graficos/color/jomra/jomra_pag1apra.jpg"><img src="http://www.jomra.es/graficos/color/jomra/p_jomra_pag1apra.jpg" title="Página 1 de El Niño Aprista" alt="Página 1 de El Niño Aprista" border="0" height="110" width="75" /></a></p>
<p align="justify"><strong>Dé click sobre las imágenes</strong> para que se abra en grande y pueda ver bien el contenido (porque en la miniatura no se lee un pimiento). Es la página 1, pero irán cayendo más (mientras tenga ganas).  <strong>Los términos en que se distribuye la historieta</strong> (si es que nos atrevemos a llamarla así) <strong>son los mismos que esta bitácora</strong> (a fin de cuentas, es parte del contenido de la misma), así que pinche sobre el iconito <strong>amarillo </strong>de <strong>ColorIuris</strong> si quiere más detalles (y &#8220;aceptar&#8221; la cesión, en su caso).</p>
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		<title>La historia de un 6 del 6 del 6.</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Jun 2006 23:20:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

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		<description><![CDATA[Comenz&#243; un d&#237;a cualquiera, en mi vida, un cualquiera m&#225;s entre todos los cualquiera que pululan por un mundo donde s&#243;lo viven cualquiera, salvo cuatro o cinco tontos, que se ganan verdaderas millonadas pegando patadas a un bal&#243;n o manteniendo un monopolio, el resto somos s&#243;lo cifras. As&#237; andaba, en mi no-existencia, cuando vi en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="justify">Comenz&oacute; un d&iacute;a cualquiera, en mi vida, un cualquiera m&aacute;s entre todos los cualquiera que pululan por un mundo donde s&oacute;lo viven cualquiera, salvo cuatro o cinco tontos, que se ganan verdaderas millonadas pegando patadas a un bal&oacute;n o manteniendo un monopolio, el resto somos s&oacute;lo cifras. As&iacute; andaba, en mi no-existencia, cuando vi en el calendario esa gran curiosidad que es la fecha de hoy. 6 del 6 del 6. Cojonudo, fecha del diablo y tal. Nada nuevo, acaba de ganar Alan Garc&iacute;a, as&iacute; que la destrucci&oacute;n, al menos del Per&uacute;, est&aacute; medio asegurada.</div>
<div align="justify">Pero en las maternidades se dedicaban a decir que los temores sobre el nacimiento del anticristo no ten&iacute;an sentido. Claro que no, ya naci&oacute;, y se llama Guillermo Puertas. Eso es de sobra conocido. No esper&oacute; al 6 del 6 porque no le ven&iacute;a bien, oiga usted, que es el demonio y hace las cosas cuando le sale de los&#8230; Pues eso.</p>
<p>En fin, que el d&iacute;a comenzaba como cualquier otro, pero toqueteado por ese halo m&iacute;stico que la fecha, sumada a nuestra habitual superstici&oacute;n, daban un aspecto c&oacute;mico a lo que pod&iacute;a ser el d&iacute;a y las conversaciones ante la m&aacute;quina de caf&eacute; (bueno, esa suciedad aguada que pretend&iacute;a ser caf&eacute;), que si el jefe tiene el 666, que si lo tiene la secretaria esa que nos acusa siempre que nos ve fumando, que si en realidad no existe nada de eso; y luego el t&iacute;pico ortodoxo, quej&aacute;ndose de la conversaci&oacute;n y recit&aacute;ndonos alg&uacute;n pasaje de la biblia -de memoria, por supuesto-.</p>
<p>Por la calle, lo mismo, la ca&oacute;tica normalidad, la gente no tiene ning&uacute;n respeto por todo lo que existe y existir&aacute; en esa calle, les da igual la vida de ese posible transe&uacute;nte, si tienen que superar a la combi adelantando por el lado contrario, salt&aacute;ndose el sem&aacute;foro y pegando un susto de muerte al pobre pendejo que est&aacute; cruzando la calle, descuiden, lo har&aacute;. Si lo atropellan, culpa suya por no fijarse. La calle es suya y as&iacute; es como tiene que ser.</p>
<p>A lo que iba, intento contar mi vida y estos excursos me fastidian el relato. &iquest;En qu&eacute; iba? Demonios, ahora s&iacute; que estoy perdido&#8230; Ah s&iacute;, s&iacute;. Dentro de tres d&iacute;as empieza el mundial, as&iacute; que el fin del mundo s&oacute;lo me fastidiar&iacute;a por el hecho de perderme el mundial, bueno, no se celebrar&iacute;a. </p>
<p> Eso, estaba en la calle, ya a punto de llegar al trabajo, preparando ese discurso con el que invitar&iacute;a a salir a la chiquilla a la que dedicaba todos los piropos que pod&iacute;a, pero que no ten&iacute;a valor de decirle nada, lo repasaba mentalmente una y otra vez cuando, pasando al lado de una tienda de televisores, de esas que tienen muchos aparatos mostrando innumerables canales a la vez a la gente que pasea, se ve&iacute;an im&aacute;genes catastr&oacute;ficas, muchos noticieros dando videorreportajes de distintas partes del mundo.</p>
<p> La puta. Parece una oleada terroristas de esas. Destrucci&oacute;n y cataclismos. De repente, en una de las televisoras, se ve como una gran columna de fuego se acerca, desde las afueras de la ciudad hacia el rascacielo desde donde se tomaba las im&aacute;genes, a toda mecha, sin detenerse, rodeada cada vez m&aacute;s de humo, el c&aacute;mara est&aacute; acojonado, la toma no es nada estable, no escuchamos nada, no hay sonido tras el cristal. Cada vez m&aacute;s gente se queda parada viendo la vitrina, al igual que yo. Se apaga la se&ntilde;al. El presentador del telediario se intenta reponer pero no puede. No damos cr&eacute;dito a lo que vemos. </p>
<p> Distintas se&ntilde;ales van desapareciendo. El ambiente comienza a sentirse cargado, est&aacute; tenso, la gente comienza a detener su agitada vida para sentirse realmente acojonada, lo malo de la parcial informaci&oacute;n es que trae miedo, trae desesperanza. Alguien lanza una piedra al cristal, todo se derrumba. Ahora s&iacute; escucharemos, dice una persona por detr&aacute;s m&iacute;o, asiento con la cabeza, todos lo hacemos. Otro &quot;salta&quot; dentro de la tienda para subir el volumen de una de las televisiones, de las m&aacute;s grandes y con mejor imagen de los hechos. Berrea algo del fin del mundo. Que se vaya a la mierda &eacute;l y su sensacionalismo. Esos son atentados, est&aacute; clar&iacute;simo. La gente est&aacute; muda, yo lo estoy.</p>
<p> Esto no puede estar pasando.</p>
<p> Comienza a oler a humo.</p>
<p> Una especie de aullido reprimido.</p>
<p> Volteamos a ver. No. No pod&iacute;a creerlo. No puede estar pasando, pens&eacute;, pens&aacute;bamos. No tiene l&oacute;gica, en presente lo digo, no tiene ninguna l&oacute;gica. A&uacute;n no me creo lo que vivimos, lo que pas&oacute;. Grandes rayos del suelo, al azar parec&iacute;an, destru&iacute;an todo, no quedaba nada, o eso parec&iacute;a. Unos cuantos corrieron en distintas direcciones, otros tantos se tiraron al suelo a llorar, otros rezaban. </p>
<p> Me llam&oacute; mucho la atenci&oacute;n un anciano, se sent&oacute; en el suelo tranquilo, sac&oacute; un cigarro, lo encendi&oacute; y dijo &quot;lo siento por mis nietos, nada m&aacute;s&quot;. El jodido se qued&oacute; sentado, fumando tan tranquilo, mientras que todo se desmoronaba a su alrededor. Algunos se le unieron. Ya fue. Ya fue todo. Hoy no trabajo. Algo bueno hab&iacute;a que sacar de la situaci&oacute;n, conclu&iacute;.</p>
<p> En un momento dado morimos, bueno, la gente ya estaba muriendo. As&iacute; que mejor dir&eacute;, en un momento dado mor&iacute;. Vi mi cuerpo, ah&iacute; tirado, destrozado por completo, pero lo pod&iacute;a reconocer, entre tanta sangre, escombros y destrucci&oacute;n, ah&iacute; estaba yo, totalmente muerto sin siquiera un perro que ladre ese hecho, nunca ser&iacute;a enterrado, nunca ser&iacute;a recordado, nadie, nunca m&aacute;s.</p>
<p> Ahora, que estoy muerto, como todos, estoy rodeado de muerte, de escombros, y de almas como la m&iacute;a que no sabemos qu&eacute; hacer, simplemente nos han arrancado del mundo f&iacute;sico, pero ac&aacute; estamos, jodidos entre una sobrepoblaci&oacute;n de muertos, veo desde el primer <em>homo</em> de esos, pululando por aqu&iacute;, por all&aacute;, todos esos muertos desde la eternidad de sus no-existencias, completamente deprimidos, aburridos, deseando el final de su existencia. Creo que nos vemos, pero no podemos comunicarnos. No s&eacute; por qu&eacute;, as&iacute; es. As&iacute; es todo. No tiene sentido. Nunca lo tuvo.</p>
<p> Hoy no fue un d&iacute;a normal&#8230; Por fin soy feliz. </p></div>
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		<title>Hoy es un buen d&#237;a&#8230;</title>
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		<pubDate>Fri, 26 May 2006 09:59:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

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		<description><![CDATA[&#171;Un buen d&#237;a es aquel en que uno no se quita el pijama&#187;. Lo le&#237; mientras abandonaba la computadora, me preparaba para salir y era la firma de un forero m&#225;s que vago, as&#237; que achaqu&#233; la expresi&#243;n a una muestra m&#225;s, entre todas las usuales, de&#160; flojera cr&#243;nica con la que parec&#237;a vivir ese [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="justify">&laquo;<span style="font-style: italic">Un buen d&iacute;a es aquel en que uno no se quita el pijama</span>&raquo;. Lo le&iacute; mientras abandonaba la computadora, me preparaba para salir y era la firma de un <span style="font-style: italic">forero</span> m&aacute;s que vago, as&iacute; que achaqu&eacute; la expresi&oacute;n a una muestra m&aacute;s, entre todas las usuales, de&nbsp; flojera cr&oacute;nica con la que parec&iacute;a vivir ese pasivo sujeto. <span style="font-style: italic">No es para m&iacute;</span>, pens&eacute;, <span style="font-style: italic">un buen d&iacute;a es s&oacute;lo aquel en que sales, haces cosas, y disfrutas de la vida, del exterior, aunque sea dentro de una mundanal ciudad</span>. Sentenciado estaba. No cab&iacute;a dudas.</div>
<div align="justify"><span>Es horrible salir a ciertas horas, cuando la ciudad es tomada por las hordas colegiales en la hora del recreo, as&iacute; que a pocos metros del edificio </span><span>me cruc&eacute; con toda esa panda de futuros desgraciados de la vida, peque&ntilde;os gamberros cuya idea de chiste es decir alguna obscenidad sobre las chicas que caminan veinte metros m&aacute;s adelante -las cuales se empe&ntilde;an en demostrar la actual escasez de tela en el mundo-, esos peque&ntilde;os grupos que se creen due&ntilde;os del universo y de parte del extranjero, soltando lo que consideran gracioso, cuando es la eterna repetici&oacute;n de un mal chiste forjado en la simpleza de las mentes que no quieren ir m&aacute;s all&aacute; de su propia existencia. </span><span style="font-style: italic">Con su pan se lo coman</span>. No es, ni ser&aacute;, mi roche. Cada quien con sus padres, tutores, o las madres que los pari&oacute;. Los adelant&eacute; r&aacute;pido, entre tanta gente es dif&iacute;cil moverse, pero muchas veces merece la pena el esfuerzo.<br /><span> </span><br /><span> Una vez superado el peque&ntilde;o percance de ver la juventud que es el presente del futuro como una pat&eacute;tica caricatura de lo peor del pasado propio, cuando uno cre&iacute;a que nada pod&iacute;a degenerarse m&aacute;s y comprobar que lo de antes no le llega ni a la suela del zapato a lo de ahora. &iexcl;Habrase visto! Por un momento me sent&iacute; un viejo chocho que se queja de las melenas que lleva la actual juventud, del poco respeto de la misma para con sus mayores e hice todo lo posible por quitarme la idea de la cabeza. Creo que lo logr&eacute;. No. Da igual. </span><br /><span> </span><br /><span> Al poco rato me encontr&eacute; con un conocido que hac&iacute;a la tira que no ve&iacute;a -no s&eacute; si por suerte o lamentablemente-. Cuanto tiempo Manolo. No has cambiado nada. Qu&eacute; tal la familia. La tuya. En qu&eacute; andas. Intrascendente conversaci&oacute;n que mat&oacute; unos minutos del tiempo de ambos, siembre vienen bien, para practicar las respuestas tipo a situaciones tipo, es genial c&oacute;mo la pr&aacute;ctica hace al maestro, lo bien que ya respondemos de la misma forma que preguntamos, sin enterarnos de nada ni maldita falta que hace. No se confundan, no estaba, ni mucho menos, mosqueado por la situaci&oacute;n, ni apurado andaba, as&iacute; que la peque&ntilde;a pausa vino bien, pero es lo que tiene vivir en este tipo de sociedad, nos vuelve pol&iacute;ticamente correctos y nos llena de situaciones in&uacute;tiles. Adi&oacute;s, hasta luego, un gusto oye, ya nos veremos, a ver si quedamos a tomar algo uno de estos d&iacute;as. Vaya, lo de siempre.</span><br /><span> </span><br /><span> Ya en el bar, sent&iacute; esa extra&ntilde;a sensaci&oacute;n de estar fuera de lugar, una humareda lo llenaba todo, en una mesa estaban sentados cuatro viejos jugando al mus, con el t&iacute;pico tapete verde y el corrillo de otros tantos ancianos, no queriendo perderse las grandes jugadas que har&aacute;n los colegas jugones. Otros tantos miraban las corridas de toros, uno de los grandes problemas de San Isidro es que los bares se dedican a poner c&oacute;mo un tipo vestido de superh&eacute;roe -sino las mayas doradas y plateadas no se explican- decide que para jugar con un estoque y una capa es necesario que un toro sufra. A lo que iba, que me pierdo. Los que miraban los toros -que a fin de cuentas, estaban en el bar cumpliendo la milenaria costumbre del </span><span style="font-style: italic">chikiteo</span>- hablaban casi de cualquier cosa menos de los toros, que si el PP, que si hoy consigue el pichichi Eto&#39;o -que lo consigui&oacute;-, que si el Toni se cas&oacute; con la pelandusca del cuarto. Por fin diviso al que me hab&iacute;a citado, mueve la mano desde una esquina, con una ca&ntilde;a al frente y una tapa ya acabada, saludos de rigor y un par de ca&ntilde;as para ir comenzando la conversaci&oacute;n. Bien acompa&ntilde;ada con las papas de rigor, necesario.<br /><span> </span><br /><span> Toda esa parte no es trascendente, como no lo suele ser nada de lo que habitualmente hablamos, aunque haya cosa que luego puedan ser rese&ntilde;ables, o incluso que merezcan ser recordadas. Pero no esta ocasi&oacute;n, mucho contarnos nuestras vidas, hablar sobre el partido de hoy, sobre la pichanga de ma&ntilde;ana&#8230; Exactamente igual que todos esos viejos. Da miedo.</span><br /><span> </span><br /><span> Hasta aqu&iacute; todo normal. Salida a comprar las cosas del almuerzo, ver un par de libros en igual n&uacute;mero de librer&iacute;as y concluir que hoy por hoy no s&oacute;lo cualquiera puede publicar en Internet -que es lo que ahora hago- sino tambi&eacute;n en papel, y cualquier tema por m&aacute;s banal e idiota, es digno de un libro entero, con suerte, una saga, y si se tercia, una enciclopedia eterna. El mundo de los escritores cada vez se parece m&aacute;s al de los abogados. No hay uno bueno -comenzando por ah&iacute;-, y la definici&oacute;n de un mal escritor es aquel que no es capaz de contar todo en un libro largo, mientras que la del buen escritor pasa por aquel que no cuenta nada en much&iacute;simos libros eternos, y si es posible, todos del mismo tema, personaje, vida. Pat&eacute;tico. Da pena ver que tantos &aacute;rboles se sacrifican para eso. Oiga, mucho mejor es el papel higi&eacute;nico. Al menos cumple una funci&oacute;n as&eacute;ptica&#8230; O casi.</span><br /><span> </span><br /><span> De regreso a casa un poco lo de siempre, obras por aqu&iacute;, obras por all&aacute;, rodeos obligados culpa de las mismas. El t&iacute;pico subnormal que cree que el mundo es suyo por tener una m&aacute;quina de cuatro ruedas y muchos caballos de fuerza, porque el </span><span style="font-style: italic">soy bruto y soy feliz</span> muchas veces es la bandera de la vida de las personas, olvid&aacute;ndose, por supuesto, que el resto tambi&eacute;n tiene vida, y derecho a la misma. Un frenazo y el pavo saca la cabeza por la ventanilla, en pumba pumba sonando a toda pastilla y me grita algo. Tu madre. Le respondo. No tengo ni idea de lo que me dice, pero rayos, suena a insulto. Estoy sobre el pu&ntilde;etero paso de Cebra, si a &eacute;l le importa un carajo respetar las se&ntilde;ales de tr&aacute;fico porque se cree el &uacute;nico sobre el asfalto, <span>yo no tengo ning&uacute;n problema en recordarle que el Paso me da m&aacute;s poder a m&iacute; que a &eacute;l, cosa que su madre bien lo sabe y por ello ejerce la Antigua profesi&oacute;n a pie de un paso de Cebra, y que, de paso, puede irse un poquito al diablo si no lo entiende. </span><br /><span> </span><br /><span> La cosa deja de pintar bien, el mosqueo por el </span><span style="font-style: italic">casi accidente</span> es palpable en mi mente, a&uacute;n pienso cosas que no me dieron tiempo a soltar, refunfu&ntilde;o un rato mientras sigo andando, estoy tan metido en m&iacute; mismo que no me doy cuenta la actitud del cielo, que ha decidido llorar alguna p&eacute;rdida, y se va vistiendo con el hermoso manto negro de luto. Es temprano y ya parece tarde. Una gota cae sobre mi rostro, resbala con much&iacute;simo cuidado, es demasiado peque&ntilde;a para apresurarse contra el suelo, se desliza con la cautela de las gotas novatas en este mundo de agua. No llevo ni chubasquero ni paraguas. Me descubro mirando con resentimiento el cielo. Si tuviera madre se la mentar&iacute;a. Apresuro el paso hacia casa, a ver si con un poco de suerte me salvo de la empapada. Era el &uacute;nico pensamiento que cruzaba por mi cabeza mientras aceleraba ostensiblemente el ritmo. Gar&uacute;a muy poco. Pero gar&uacute;a.<br /><span> </span><br /><span> Un remedo de persona sali&oacute; a mi paso, no lleg&oacute; a chocarse pero me cogi&oacute; el brazo, levant&eacute; la cabeza para decir un t&iacute;pico &quot;</span><span style="font-style: italic">lo siento</span>&quot;, o algo as&iacute;, cuando veo el resplandor de una navaja que apuntaba a mi est&oacute;mago, no se asuste amigo, s&oacute;lo debe todo lo que tenga. Sin rechistar uno obedece. Caballero no m&aacute;s. No, si al final me ha robado toda la sociedad, que ya s&eacute; que la culpa es de todos. Y todo por un poco de caballo, fijo.<br /><span> </span><br /><span> </span><span>Me empapo por completo. No hay vuelta que darle, quedan unas cuadras para llegar a los soportales del bloque donde vivo y estar a salvo de la lluvia, pero fue demasiado. Lo que faltaba, cuando tiento el bolsillo en busca de las llaves me doy con la desagradable sorpresa que no est&aacute;n donde debieran. Recuerdo fugazmente el incidente con el condenado -mejor dicho, condenable- que se llev&oacute; unas monedas y algunos billetes, me veo todo nervioso sacando el monedero para d&aacute;rselo y la ca&iacute;da de unas llaves. &iquest;Se habr&aacute;n ca&iacute;do o s&oacute;lo me lo imagino? Redi&oacute;s. Mu&eacute;vase usted ahora hacia atr&aacute;s y p&oacute;ngase a buscarla. Me quedo de piedra, a media cuadra de mi portal, pensando si debo o no volver por las llaves o si tiento a la suerte buscando las llaves mientras rezo que la corriente no haya desplazado las llaves a la alcantarilla. Vuelvo. Busco con una r&aacute;pida mirada, desesperanzado por completo. No hay nada. Vaya suerte.</span><br /><span> </span><br /><span> Toco el timbre desesperadamente. Nadie abre. Sigo tocando. Espero que alguien salga del edificio, para al menos sentarme en la escalera y as&iacute; esperar, algo c&oacute;modo, a cualquiera de mis compa&ntilde;eros de piso. Que para algo se tiene. Le&ntilde;e. Nadie sale nadie entra. Parec&iacute;an tontos los vecinos, pero no lo son. Mucho rato despu&eacute;s lleg&oacute; uno de mis compa&ntilde;eros. &laquo;</span><span style="font-style: italic">Hey, &iquest;qu&eacute; haces ah&iacute; fuera y no entras?</span>&raquo;. No tiene la culpa de nada, no tiene la culpa de ser tan soberanamente inoportuno, pero no puedo evitar fulminarlo con la mirada. Se da cuenta y cambia de tono. Tranquilo, ya te abro, y todo eso. No le digo ni mu. Un gracias corto una vez dentro del piso y me dirijo a mi cuarto. Ya ni hambre tengo. Quiero sentarme y descansar un buen rato. Una ducha no me vendr&iacute;a mal. &laquo;<span style="font-style: italic">Oye, vino Juana</span>&raquo; me dice el compa&ntilde;ero desde el sal&oacute;n del piso, &eacute;l todo despacharrado viendo la tele. &iquest;Qu&eacute;? &laquo;<span style="font-style: italic">Pues s&iacute;, vino al rato que te fueras, te dejaste el m&oacute;vil &iquest;sabes? y ella quer&iacute;a verte, muy dispuesta. La acompa&ntilde;&eacute; a su casa, de ah&iacute; vengo</span>&raquo;. Me qued&eacute; un buen rato parado, fr&iacute;o. Con ganas de llamar mentiroso a mi compa&ntilde;ero. Con ganas de correr y coger el celular para llamarle. Con ganas de ella. Pero no. Hoy ya no. No tengo el cuerpo como para fiestas. Y seguro que le soltar&iacute;a alguna chorrada llena de la mayor estupidez de la que soy capaz. No quiero probar. <span style="font-style: italic">Ah gracias</span>. Termino por decir al compa&ntilde;ero, que ya ni esperaba la respuesta, a su bola. Y hace <span>bien</span><span>.</span><br /><span> </span><br /><span> Despu&eacute;s de un duchazo como Dios manda, me siento otra vez en la computadora, dispuesto a relajarme un poco leyendo y escribiendo, y me encuentro con que no hab&iacute;a cerrado la ventana del konqueror, segu&iacute;a ah&iacute; el mismo mensaje con el que la dej&eacute;, y con, por supuesto, la misma firma del colega m&aacute;s que vago. Ahora reley&eacute;ndola le doy toda la raz&oacute;n del mundo. </span><span style="font-style: italic">No hay mejor d&iacute;a que aquel en el que no necesitas quitarte el pijama</span>.</div>
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		<title>SUE&#209;O</title>
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		<pubDate>Wed, 17 May 2006 23:57:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

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		<description><![CDATA[lamento haberme desaparecido por tanto tiempo, veamos si la improvisaci&#243;n es mi medio, directamente para todos los humildes lectores desde el fondo de mi cerebro&#8230; intentar&#233; escribir. Gracias.Un elefente rosa toca con suavidad mi cabeza mientras emprende su viaje hacia la lejan&#237;a de las letras que intentan ocupar el espacio de mi trabajo de metodolog&#237;a. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>lamento haberme desaparecido por tanto tiempo, veamos si la improvisaci&oacute;n es mi medio, directamente para todos los humildes lectores desde el fondo de mi cerebro&#8230; intentar&eacute; escribir. Gracias.<font face="verdana,geneva" size="2" color="#3300cc">Un elefente rosa toca con suavidad mi cabeza mientras emprende su viaje hacia la lejan&iacute;a de las letras que intentan ocupar el espacio de mi trabajo de metodolog&iacute;a. La tinta se funde con el papel y no estoy muy segura de lo que escribo. Isabel, mi m&aacute;quina de escribir, me mira con recelo pues he escogido a la pluma antes que a ella y escucho la madera de magno, mi piano, crugir por el fr&iacute;o esperando que vaya a entretenerlo con un poco de mi m&uacute;sica. <br />No tengo ganas de nada, ni de escribir, ni de tocar piano, ni de nada. Ma&ntilde;ana ser&aacute; otro largo d&iacute;a de esos que intentamos evitar con frecuencia y nunca logramos evadir. <br />Se me pone la piel de gallina al mencionar el trabajo que debo hacer para la universidad y no se si es eso o el fr&iacute;o que entra por la ventana, mejor la cierro.<br />Me siento de nuevo frente a esto y no entiendo lo que hago. Tengo ganas de v&oacute;mitar pero no es f&iacute;sico. Se me adormecen las piernas, que mala circulaci&oacute;n!<br />Paso mis dedos entre mi pelo, se siente bien, me ba&ntilde;&eacute; en la ma&ntilde;ana. Otra vez el fr&iacute;o me invade y esta ves soy un poco m&aacute;s inteligente y voy por lgo para abrigarme. No encontr&eacute; mas que el saco de mi hermana. Que lastimera situaci&oacute;n.<br />Me siento nuevamente, mis manos estan heladas, siempre. Pienso en quienes van a leer esto y no se si sentir l&aacute;stima o si reirme a carcajadas de mi propia locura. Qui&eacute;n dir&iacute;a, escribo para el resto, que tristeza, supongo que eso significa que jam&aacute;s ser&eacute; como Borges, era el quien afirmaba que escrib&iacute;a para si mismo no? MENTIROSO! si escrib&iacute;a para el mismo, jam&aacute;s debi&oacute; dejar que publiquen sus obras, eso pone el fin a nuestra relaci&oacute;n, NO LEER&Eacute; MAS A BORGES! y tan bien que escrib&iacute;a.<br />Bueno, veo regresar al elefante rosa, trae en la trompa una ardilla, como yo, esquizofr&eacute;nica, maniaca, o tal vez no, tal vez solo est&aacute; asustada por el viaje en elefante. En fin, es hora de irme. Un gusto pasar a saludar mi peque&ntilde;o y gran animal, gracias por la compa&ntilde;&iacute;a.<br /></font></p>
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		<title>Isabel.</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Apr 2006 00:09:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Veo la laptop sobre la cama, est&#225; ah&#237;, quietecita, como cuando la dej&#233; hace un buen rato. La buena laptop, con su kubuntu bien instalada, a la primera oiga, sin demasiados problemas. En la pantalla se ve el editor de textos prendido, muerto de asco ensuciado por muchas palabras sin m&#225;s sentido que el existir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="justify">Veo la laptop sobre la cama, est&aacute; ah&iacute;, quietecita, como cuando la dej&eacute; hace un buen rato. La buena laptop, con su kubuntu bien instalada, a la primera oiga, sin demasiados problemas. En la pantalla se ve el editor de textos prendido, muerto de asco ensuciado por muchas palabras sin m&aacute;s sentido que el existir en un relato.</div>
<div align="justify">Pero no, no quiero ver la cama, o mejor, la computadora. Estoy adorando un pesado cacharro, todo de metal, que ha llegado a mis manos hoy d&iacute;a. Es una m&aacute;quina de escribir de las de toda la vida. Es lo que tienen las herencias, perd&oacute;n, legados, uno recibe los recuerdos hechos objeto por parte de una persona a la que, se supone, quer&iacute;as. En este caso, una m&aacute;quina de escribir a&uacute;n funcional (con todas las teclas y partes) y con el carrete de cinta listo para perpetrar, en una hoja, todos los garabatos mentales que pintamos con nuestro alfabeto. </p>
<p> A veces no tenemos mejor forma para pasar el tiempo, o que el tiempo nos pase, destruyendo un &aacute;rbol y construyendo un cuento. Todo tiene un precio, parece ser.</p>
<p> Maravillado ve&iacute;a la m&aacute;quina, esperando ante ella como cuando nos ponemos frente a esos viejos juguetes de metal, a los que tras darles cuerda un rato, y esperando que nada cruja, comienzan a moverse. Pero la m&aacute;quina no va a cuerda, va a golpes. Y s&oacute;lo se mueve como t&uacute; le dices.</p>
<p> &iquest;Qu&eacute; habr&aacute; sido lo &uacute;ltimo escrito en ella? No tardo en montar mentalmente todo tipo de historias, todo tipo de confesiones que esa persona ya fallecida pudo contar en su &uacute;ltimo toqueteo con la m&aacute;quina, cuando decidi&oacute; a, qu&eacute; se yo, contar el mayor de sus secretos sin que su pu&ntilde;o y letra se vieran involucrados. </p>
<p> Cada m&aacute;quina es una firma en s&iacute; misma, no todas escriben igual, y mientras m&aacute;s escribes en ella m&aacute;s personalidad adquiere, la E se torcer&aacute; un poco a la izquierda, y la O que tanto se pega con la P decidir&aacute; que su espacio es un par de mil&iacute;metros m&aacute;s cerca a la U. Una m&aacute;quina de escribir representa el pu&ntilde;o y letra impersonal y necesario para muchas de las cosas que nuestra mu&ntilde;eca se negar&iacute;a a dibujar sobre un papel. Una M&aacute;quina es una personalidad agregada a la nuestra. &iquest;C&oacute;mo se puede heredar algo as&iacute;? &iquest;Comenzar&eacute; a escribir en el mismo tono y sobre lo mismo que habl&oacute; la persona ya fallecida en ese &uacute;ltimo uso?</p>
<p> Lo primero que una vieja m&aacute;quina nos dice, cuando posamos nuestras manos sobre ella, es su nombre. Puede gustar o no gustar, eso le es indiferente, como marca ya su personalidad, ella, la m&aacute;quina, decide lo que imprime en el papel. Su nombre es Isabel. Nombre aristocr&aacute;tico donde los haya, reinas y emperatrices han mancillado un nombre que, a bote pronto, me hace recordar a una Cat&oacute;lica, una derrocada por la Gloriosa, una que a&uacute;n gobierna unas islas, y me suena, de paso, otra con acento ingl&eacute;s y una que hablaba ruso.</p>
<p> Regresemos al relato, que me voy por las ramas, y al final nunca termino de contar las historias que jam&aacute;s deb&iacute; comenzar. Es un problema, la hoja en blanco reclama ser llenada y no hago m&aacute;s que ensuciarla&#8230;</p>
<p> Cog&iacute; la M&aacute;quina (a&uacute;n no sab&iacute;a su nombre) y limpi&eacute; un poco el escritorio (eufemismo para referirme al acto de pasar todo lo que est&aacute; en un sitio a &ldquo;encima de la cama&rdquo;), totalmente lleno de peri&oacute;dicos, carpetas de apuntes varios, y libros que a saber desde cuando esperan su turno para ser ordenados en una estanter&iacute;a que hace tiempo se qued&oacute; chica y donde la doble fila no se castiga con multa sino que se concibe como un premio a la perseverancia.</p>
<p> Puse la m&aacute;quina en el centro del escritorio que, ahora sin tanta cosa encima, parece grande, y del paquete de 500 hojas retir&eacute; una blanca, bien blanquita la condenada, muerta de miedo por c&oacute;mo la mancillar&iacute;a, puesto que temblaba a toda pastilla&#8230; &iquest;O ser&iacute;a el viento que corr&iacute;a por la habitaci&oacute;n? Met&iacute; la hoja y me qued&eacute; frente a la m&aacute;quina, con los dedos listos para pulsar las duras teclas (siempre son duras en una M&aacute;quina).</p>
<p> Un flash back de esos me golpe&oacute; en la cabeza. A&ntilde;os atr&aacute;s aprend&iacute; mecanograf&iacute;a en una m&aacute;quina como esa, era frustrante ver c&oacute;mo tus dedos me&ntilde;iques se empe&ntilde;aban en hacer su parte del trabajo y no consegu&iacute;an levantar ni un poco los dichosos fierritos que deb&iacute;an atacar la hoja para marcar una letra. Como el macho peque&ntilde;o de la manada que intenta seguir al grupo mientras huye de una no tan imaginaria amenaza, uno sigue intentando casi infatigablemente estar a la altura de lo esperado, pero no, las letras pulsadas con los me&ntilde;iques no aparec&iacute;an por ning&uacute;n lado. Esto me hab&iacute;a marcado, lo sab&iacute;a, lo s&eacute;, y lo sabr&eacute;. No uso los me&ntilde;iques siquiera en el ordenador de marras, que s&oacute;lo con mirar una tecla ya ha quedado la hoja ficticia con un car&aacute;cter sobre ella. </p>
<p> As&iacute; pues, por mi mente comienzan a pasar los primeros momentos con una m&aacute;quina al frente, esos en que uno lucha contra la imaginaci&oacute;n, para saber qu&eacute; poner, contra la m&aacute;quina, para dominar todos los truquitos y tiempos de pulsaci&oacute;n (sin que se atasque) y contra la hoja en blanco, que antes con menos (a mano) la llenabas m&aacute;s r&aacute;pido. Una lucha que da personalidad tanto al que escribe como a lo escrito, donde se mezclan las vidas del autor y de la m&aacute;quina que ayuda a la existencia, como herramienta necesaria, del escrito impreso.</p>
<p> Recuerdo pues el rodillo, o como se llame, que tan sufridor es. Todas las partes de una M&aacute;quina tienden a sufrir lo suyo, las teclas son brutalmente golpeadas, cuya venganza po&eacute;tica es gritar &oacute;rdenes inmediatamente cumplidas por los fierros con las letras (&iquest;tendr&aacute;n alg&uacute;n nombre espec&iacute;fico? Seguro que s&iacute;) los cuales desatan su ira sobre el blanco papel, cubierto por una cinta que, recibiendo un golpe lo traslada a la hoja. Al final del proceso, al rodillo s&oacute;lo le queda aguantar todos los golpes de las teclas, es un trozo peque&ntilde;o de materia que tiene el total de lo escrito por todas las personas que han tocado la m&aacute;quina &iexcl;&iexcl;es la memoria ca&oacute;tica de la M&aacute;quina!! Me gustar&iacute;a saber leer entre las l&iacute;neas del golpeado rodillo, que tan bien soporta la hoja, para saber toda la historia de vida de todos los que han puesto su grano de arena en esa m&aacute;quina.</p>
<p> Enso&ntilde;aciones que quito de mi cabeza, segu&iacute;a sin escribir nada en el ya colocado papel. Nervios. </p>
<p> Tic tac tac tac tac tac. </p>
<p> Isabel. </p>
<p> &iquest;Pero qu&eacute; rayos&#8230;? Su nombre. Ya me ha contado su nombre (eso o estoy pensando en alguien que no conozco), ahora es cuando podr&eacute;, pens&eacute; en ese momento, escribir lo que me d&eacute; la gana, como quiera y para lo que quiera. La hoja no avanzaba, por tanto, nada escrib&iacute;a. </p>
<p> Mov&iacute; todo, puse la hoja a la mitad y reduje los m&aacute;rgenes, s&oacute;lo entrar&iacute;an un par de palabras, as&iacute;, escribir&iacute;a un peque&ntilde;o p&aacute;rrafo en el centro de la p&aacute;gina, que llenar&iacute;a por completo el vac&iacute;o en blanco. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a poner? Nada l&oacute;gico, nada que no sonase a nost&aacute;lgico, nada que no pareciera un grito desesperado por decir otro nombre, pero esta vez de alguien que s&iacute; conozco.</p>
<p> Al final, fui capaz de escribir esas l&iacute;neas para romper el hielo con la hoja, qu&eacute; mejor que recordar a la persona ex poseedora del aparato m&aacute;gico que imprime p&aacute;ginas seg&uacute;n se lo voy diciendo. Nada m&aacute;s importante o profundo de lo que pudo ser su propia esquela. S&oacute;lo era un acercamiento con Isabel, un &ldquo;s&eacute; quien te pose&iacute;a, soy quien te quiere poseer &iquest;me dejas?&rdquo; y que ella aprobara esta nueva relaci&oacute;n.</p>
<p> Comenzaron a pasar incontables hojas por la m&aacute;quina, estaba poseso total, no pod&iacute;a controlar ni lo que escrib&iacute;a ni las razones por las que lo hac&iacute;a, todo flu&iacute;a para afuera, me desahogaba como si hablase con un amigo, pero no de cosas mundanas, ni existencialistas, realmente no eran nada, no, esperen, no s&eacute; lo que eran, no le&iacute;a lo que escrib&iacute;a, todo terminaba regado por el escritorio, por el suelo, sobre la cama, en cada uno de los rincones de mi memoria&#8230;</p>
<p> Termin&eacute; exhausto del derroche de energ&iacute;a, con los dedos adoloridos. Pero vali&oacute; la pena, pude volver a un tiempo distinto, a sensaciones olvidadas. No hay color. Tanto tiempo toqueteando los d&eacute;biles teclados de distintos ordenadores, para volver a disfrutar de la experiencia de una m&aacute;quina de escribir. Es como, despu&eacute;s de mucho tiempo usando rotuladores, volver al pincel, despu&eacute;s de mucho tiempo con los lapiceros, volver a la pluma, despu&eacute;s de mucho tiempo con los l&aacute;pices, retomar el carboncillo.</p>
<p> Me levant&eacute; del escritorio lentamente, la idea de &ldquo;no he comido&rdquo; rondaba mi cabeza y gritaba en mi est&oacute;mago, ya necesitaba una experiencia carnal del engullir alimentos, tal vez luego escribir&iacute;a sobre eso &iquest;por qu&eacute; no? &iexcl;&iexcl;Ya nada me parar&iacute;a!! Ten&iacute;a una m&aacute;quina de escribir que cumpl&iacute;a totalmente su funci&oacute;n, el suelo daba fe de ello.</p>
<p> Despu&eacute;s de comer recib&iacute; una extra&ntilde;a llamada, un error dec&iacute;an, el legado no me correspond&iacute;a a m&iacute;, el bien otorgado no era la m&aacute;quina de escribir, me quitar&iacute;an a Isabel y recibir&iacute;a un ins&iacute;pido e in&uacute;til malet&iacute;n lleno de algo que no me interesaba, muy bueno me dijeron, el muy jijuna no sab&iacute;a lo que me quitaba. &iquest;Qu&eacute; se habr&aacute; cre&iacute;do? &iquest;Por qu&eacute; rayos quien se hab&iacute;a ido no me hab&iacute;a dejado la m&aacute;quina a m&iacute;? &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a apreciarla mejor que yo? No es l&oacute;gico. Isabel me hab&iacute;a aceptado, y yo disfrutaba de nuestra relaci&oacute;n.</p>
<p> Decid&iacute; que era el momento de fugarse, de hacer borr&oacute;n y cuenta nueva. Recog&iacute; apresuradamente los papeles del suelo, de todos lados, los orden&eacute; como pude. Vaci&eacute;, casi corriendo y sin saber bien lo que hac&iacute;a, y que me aspen si s&eacute; lo que hice, unas carpetas y las llen&eacute; de las p&aacute;ginas que Isabel quiso escribir. Dud&eacute; frente a la laptop, &ldquo;&iquest;me la llevo?&rdquo; pens&eacute; unos momentos. Pero no pod&iacute;a dejar la otra posesi&oacute;n m&aacute;s preciada que ten&iacute;a (y tengo), y donde est&aacute; toda una vida. Al final met&iacute; el aparato port&aacute;til en la maleta, junto con un par de mudas e, Isabel en mano, sal&iacute; corriendo del apartamento, sin volver la vista, huyendo por completo de una realidad absurda que reclamaba tener una m&aacute;quina que hab&iacute;a decidido quedarse conmigo.</p>
<p> Ya en la calle, lejos del apartamento recientemente abandonado, me di cuenta que no saqu&eacute; el fajo de hojas blancas &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a hacer sin ellas? No era nadie. Sin caer en el p&aacute;nico, que poco a poco entraba en mi ser, me apur&eacute; en entrar a la copister&iacute;a m&aacute;s cercana y pedir un paquete de 500 hojas, no vamos a negar la extra&ntilde;eza de la joven dependienta, al verme cogiendo una m&aacute;quina de escribir entre los brazos, vestido con el buzo de la pijama y una maleta arrastrada. Obviamente, me dio el paquete.</p>
<p> Ya al d&iacute;a siguiente de mi nuevo comienzo, de esa vida que me labrar&iacute;a al lado de Isabel, decid&iacute; que eso de dormir en los parques no era tan c&oacute;modo como parec&iacute;a cuando me mor&iacute;a de sue&ntilde;o y no ten&iacute;a donde sentar la cabeza, en la rotura de la vida anterior, aquella que me despojar&iacute;a de Isabel, las tarjetas terminaron partida y las monedas que me quedaban no pagar&iacute;an ni un mal albergue.</p>
<p> Ahora estoy sentado en la plaza mayor en una ciudad cuyo nombre espero no recordar, en el centro mismo de la plaza, escribo lo que puedo, me gano la vida as&iacute;, los transe&uacute;ntes pagan por un escrito salido de Isabel s&oacute;lo para ellos, en un mundo donde todo es masivo, donde las letras son repetidas sin cesar en millones de potenciales pantallas o escritorios, ellos quieren un retazo de escrito personal, s&oacute;lo para sus ojos, s&oacute;lo para sus queridos. Eso es algo que una pluma da, pero con un compromiso demasiado alto, eso es lo que una m&aacute;quina de escribir, a d&iacute;a de hoy, nos puede brindar, una marca personal en un texto con cierta coherencia.</p>
<p> Isabel conmigo est&aacute;. Por una vez, soy feliz.</p></div>
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		<title>Un d&#237;a como otro cualquiera&#8230;</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Feb 2006 22:24:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

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		<description><![CDATA[Llov&#237;a. No. No llov&#237;a. Deseaba que lloviese. Pero no llov&#237;a. Lamentable, el clima ni siquiera me quiere ayudar creando ambiente. Siempre vemos c&#243;mo llueve en una situaci&#243;n dram&#225;tica o terror&#237;fica. Esta es las dos cosas, pero el sol brilla. Jodido sol. La vida no es un relato, puesto que no tiene orden. Ni acompa&#241;an los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="justify">Llov&iacute;a. No. No llov&iacute;a. Deseaba que lloviese. Pero no llov&iacute;a. Lamentable, el clima ni siquiera me quiere ayudar creando ambiente. Siempre vemos c&oacute;mo llueve en una situaci&oacute;n dram&aacute;tica o terror&iacute;fica. Esta es las dos cosas, pero el sol brilla. Jodido sol.</div>
<div align="justify">La vida no es un relato, puesto que no tiene orden. Ni acompa&ntilde;an los escenarios, como dec&iacute;a hace un momento. Estoy sangrando, mareado, en un pu&ntilde;etero callej&oacute;n, y el sol brilla, se escucha la alegr&iacute;a de la gente en calles repletas, a no m&aacute;s de cien metros de donde estoy. Lo &uacute;nico que mantiene la realidad de la ficci&oacute;n que todos deseamos para un momento as&iacute;, es que estoy al lado de unos cubos de basura. Nada m&aacute;s. </p>
<p> Tengo la vista nublada, pero el sol sigue molestando. Por favor, ya que me han apu&ntilde;alado, que morir&eacute; mientras dos mocosos del demonio me graban con esos celulares que bien se los podr&iacute;an meter por el culo, se r&iacute;en los muy joputas. Normal, con esto ser&aacute;n los cracks de su clase.</p>
<p> No se dan cuenta de lo que pasa. Han escogido mal el momento, no tienen ni idea de lo que es una escena dram&aacute;tica. Ni&ntilde;atos engre&iacute;dos, buenas palizas os esperan. Uno me patea. &iexcl;Qu&eacute; soplapollas! Seguro que ni saben que uno puede morir desangrado. </p>
<p> Poca fuerza ten&iacute;a cuando esos renacuajos mal nacidos decidieron que la gracia la har&iacute;an conmigo, con lo entretenido que andaba rebuscando entre la basura el futuro de mi vida&#8230; </p>
<p> Mi vida&#8230; </p>
<p> Mi subvida. </p>
<p> Si al final ni lamento la pu&ntilde;alada rastrera que me propinaron. Por m&aacute;s que todos los d&iacute;as intentaba encontrar una raz&oacute;n para vivir, o una raz&oacute;n para morir, s&oacute;lo consegu&iacute;a pensar en el hambre que ten&iacute;a, y que en esos contenedores cercanos a los supermercados suele haber productos reci&eacute;n caducados. Manjar de manjares.</p>
<p> Ahora puedo pensar tranquilo. S&iacute;. Estoy tranquilo. &iquest;Por qu&eacute; no habr&iacute;a de estarlo? &iquest;Porque morir&eacute;? No. Nunca he deseado la muerte, siempre he intentado sobrevivir, a fin de cuentas. Es que el hambre no deja pensar en otras cosas. Ahora s&eacute; que todo acabar&aacute;, como comenz&oacute;. Sin que me termine de dar cuenta de lo que pasa, o de cuando pasa.</p>
<p> Maldici&oacute;n, eso s&iacute;, espero que oscurezca antes que la palme. Esto necesita un poco de ambiente, al menos, para tener algo digno en esta vida, que no ser&aacute; m&aacute;s que la muerte.</p></div>
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		<title>Celsius 232,7. Vi&#233;ndote por la ventana.</title>
		<link>http://bitacora.jomra.es/2005/12/escritos/celsius-2327-viendote-por-la-ventana/</link>
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		<pubDate>Mon, 26 Dec 2005 23:49:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jomra</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

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		<description><![CDATA[El otro d&#237;a, desde la ventana de mi habitaci&#243;n, consegu&#237; verte, me parec&#237;a incre&#237;ble que estuvieras en la calle, bajo la lluvia, permitiendo que el agua cayese por tu cara, tomando el conocido n&#233;ctar que emana de las nubes. Debiera estar ah&#237;, contigo, en esa suc&#237;sima pulcra blanquitud de la calle. Pero no puedo, algo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="justify">El otro d&iacute;a, desde la ventana de mi habitaci&oacute;n, consegu&iacute; verte, me parec&iacute;a incre&iacute;ble que estuvieras en la calle, bajo la lluvia, permitiendo que el agua cayese por tu cara, tomando el conocido n&eacute;ctar que emana de las nubes. Debiera estar ah&iacute;, contigo, en esa suc&iacute;sima pulcra blanquitud de la calle.</div>
<div align="justify">Pero no puedo, algo me lo impide, estoy ac&aacute;, lami&eacute;ndome las heridas, deseando salir a pasear contigo, recoger los dientes de le&oacute;n, contemplar los nogales, observar a la gente, vivir esa locura que hace la verdadera felicidad, o&iacute;r las historias de ese t&iacute;o tuyo que tanto sabe &iexcl;&iexcl;lo que da la lectura!!</p>
<p> Pero no puedo, no me atrevo. Es tan dif&iacute;cil dar el paso a la anormalidad, tan confortable resulta el conformismo de lo actual, de la felicidad forzada, de la falta de comunicaci&oacute;n para no conocer, para no saber, para no entender, definitivamente, para no dudar, para no pensar. A eso le temen, a que pensemos. Y yo les temo.</p>
<p> No dejo de verte con ese &ldquo;bombero&rdquo;, no puedo creer que alguien como t&uacute; se pasee, hasta la esquina, hasta el &ldquo;metro&rdquo; con ese sujeto, no entiendo como alguien con la profesi&oacute;n de quemar libros, de perseguir a quien, mal que bien, quiera conocer algo m&aacute;s que lo que ense&ntilde;a las paredes-televisi&oacute;n, en esas horribles clases cinematogr&aacute;ficas, en esas interminables horas haciendo nada mientras que nos convencemos de que estamos realizando un interesante deporte.</p>
<p> Pero no lo consigo.</p>
<p> &iquest;Qu&eacute; edad tendr&aacute;s? El otro d&iacute;a vi como mis padres participaban en uno de esos &ldquo;concursos&rdquo; o como se llamen en el Circuito Moral, era una verdadera estupidez, se pon&iacute;an en la sala, donde tenemos las cuatro paredes con esas teles (entrada y salida, qu&eacute; martirio), y dec&iacute;an frases completamente insustanciales, mientras unas personas a&uacute;n m&aacute;s insustanciales les ve&iacute;an decir las chorradas como un templo qued&aacute;ndose tan contentos todos, de lo insulsa que es su felicidad (s&iacute;, uso mucho la palabra &ldquo;insulsa&rdquo; y sus derivados, as&iacute; es el juego de pelota). Es pat&eacute;tico verles, es pat&eacute;tico vernos.</p>
<p> Nunca te veo en el colegio, jam&aacute;s vas &iquest;por qu&eacute;? Seguro que crees que no te echamos en falta, de hecho, creo que s&oacute;lo yo me he dado cuenta que no est&aacute;s ocupando tu asiento. Pensando en ti me pongo a escuchar a la gente, es incre&iacute;ble como pueden hablar tanto sin decir nada, siquiera tienen coherencias esas seudo-conversaciones, est&aacute; bien que todo el tiempo no se discuta sobre la existencia misma del ser, o sobre c&oacute;mo va el pa&iacute;s (&iexcl;&iexcl;cosa que ni sabemos!!), pero de ah&iacute; a no decir nada jam&aacute;s de los jamases, hay un gran trecho que lamentablemente hemos recorrido.</p>
<p> Bob me cont&oacute; un mont&oacute;n de cosas sobre la casa de una se&ntilde;ora, al parecer, se prendi&oacute; fuego cuando los bomberos llegaron a su casa y secuestraron sus libros (&iquest;secuestrar?), los iban a quemar, como siempre hacen (&iexcl;c&oacute;mo disfrutan cuando la temperatura en las p&aacute;ginas de los libros llega a los 232,77 grados cent&iacute;grados!, o 451 Fahrenhait, n&uacute;mero por todos conocido), es su trabajo&#8230; Pero esta vez la mujer no quiso salir de la casa, incluso, fue ella quien prendi&oacute; fuego a la pila de libros. &iexcl;Qu&eacute; est&uacute;pido sacrificio! &iexcl;Qu&eacute; gran muestra de amor por el pensar! Aunque hechos como este hacen pensar que la m&aacute;xima de que leer es malo porque induce a pensar, y el pensar te quita la felicidad, pueda ser cierto &iexcl;Llegas a morir por un mont&oacute;n de papel empastado!</p>
<p> &iquest;A qu&eacute; viene todo esto? No lo s&eacute;, tengo ganas de contar las cosas, pero s&eacute; que nadie me escuchar&aacute;&#8230; o mejor dicho, tengo miedo de quienes puedan escucharme, no es lo mismo pensar que decir que est&aacute;s pensando, lo primero no es peligroso, queda en tu fuero interno, lo segundo, aunque no sea verdad, puede acabar con tus huesos en un manicomio de esos, y nadie sale de ellos a no ser que sea con los pies por delante.</p>
<p> Ayer sal&iacute; a la calle, me preocup&oacute; no verte durante todo el d&iacute;a, ya s&eacute; que es peor que verte con ese sujeto, es, simplemente, no verte.</p>
<p> No, no, las historias realmente no tienen comienzo y final, por lo menos no todas. Por ahora, esta historia se queda ac&aacute;&#8230; Esperemos que no se complique la cosa como para que la historia contin&uacute;e, espero que mejore la cosa como para continuar la historia&#8230; Aunque bien pensado, a alguien una vez o&iacute; (le&iacute; realmente) que las historias (infancias) felices no merecen ser contadas&#8230;</p></div>
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