Apuntes sobre la reforma laboral de 2012, el libro, sin DRM y listo para descargarHace no mucho se decía que la literatura, para que no le pasara lo mismo que a la música o al cine, tenía que adaptarse pronto y bien a los nuevos tiempos, a los formatos digitales y tal, publicar su contenido para varios continentes (impreso, en distintos formatos digitales tipo PDF, epub o el de Amazon), dando mayor «valor agregado» (algún intento curioso he visto en este sentido, comunidades web creadas y participadas por el autor, contenido multimedia, contenido extra) y mil cosas más, todo ello desde una perspectiva de «vende más, vende más barato» e, incluso, las «tarifas planas», y de paso eliminando intermediarios y con el autor más cerca de los lectores. En algún momento del embrionario proceso de evolución de la industria literaria todo se torció, ese contacto directo entre el autor y el cliente nunca pasó de utopía (hoy tenemos tantos intermediarios como ayer, solo que son otros, que buscan mayor control, encima), el mundo se iba llenando poco a poco del maldito DRM (gestión de derechos digitales, o como con toda la razón dice Richard Stallman, «gestión de restricciones digitales») y, encima, ahora mediatizado por «la nube».

Voy a dejar un momento de lado los intermediarios (sobre todo porque hablo de forma extensa en los dos enlaces ya colocados) y voy a repasar los dos siguientes grandes problemas que, además, se presentan como soluciones (el último, el de la nube, es abrazado por los usuarios de una forma que me deja alucinado).

DRM
La sociedad del ControlSobre el DRM voy a recomendar, de partida, dos notas de Richard Stallman: «¿Puede confiar en su computadora?» y «El derecho a leer» (¡texto de 1997!). De paso recordarles que el tema de los DRM está tratado de forma bastante didáctica en «La sociedad de control» de José Francisco Alcántara (mejor conocido como Versvs, que sobre este tema escribe bastante). Y, en concreto sobre los libros electrónicos (ebooks si prefieren el anglicismo), «Lending: A Solved problem» (en inglés). Muchos enlaces y no he dicho nada.

El problema del DRM es simple: El continente-contenido que adquieres no es «tuyo», el uso que le des está limitado y controlado. Esto solo ya debería ser suficiente para pensárselo dos veces antes de adquirir un producto con DRM. Más aun, ya tengo decidido no hacerlo (y lo lamento, una tienda especializada de cómics en línea está haciendo un esfuerzo hercúleo por tener un catálogo en español decente, pero todo tiene DRM, y me gusta poco pasar por ese aro, otras librerías que he estado miroteando estos días o no avisan de si los libros tienen o no este «bicho» o es que todos los libros lo tienen).

¿Que con el DRM quieren evitar que se hagan ene copias e imprima el libro para venderlo (o compartirlo) sin autorización? ¿De verdad lo creen? En la mitad de las esquinas limeñas encontrarás los últimos libros del momento pirateados (impresos señores, impresos), en la red hay círculos y páginas de escaneo de libros (sí, los físicos) o mil y un formas más de reproducir ese libro, la gente se junta para corregir y producir maquetaciones más que decentes de todo tipo de libros (incluso corrigiendo erratas que tiene el original). Esa batalla está perdida, señor vendedor, no meta cabe a quien adquiere el producto pagándole a usted, sea un poco listo en ese sentido. Hay editoriales y libros que se venden bien sin DRM. El DRM finalmente es control sobre el usuario final, invitándole, además, a no adquirir algo por la vía en que él saca beneficios.

¿Por qué digo esto último? En este momento yo no puedo meter en mi cacharro lector de libros digitales nada que tenga el DRM de Adobe. ¿Por qué? Me niego a usar Wine para poder instalar, sobre el mismo, un programa privativo de Adobe que me permita manejar mis archivos (y es triste que el cacharro me pida esto, cuando el mismo usa Linux, hasta tiene una copia entera de la GPL en el manual). Así que para mí no solo es una opción ética el no adquirir productos con DRM (al menos a sabiendas), sino que además es tirar el dinero el adquirirlos, ¡no podría leerlos! En una de las tiendas ya tenía agregados tres libros a un precio más que irrisorio que, cuando leí las condiciones del sitios, único lugar donde ponía el uso del DRM, frenó la compra y me dediqué a buscarlos en esas ene páginas con libros libres de DRM y gratis para la descarga. Se siente majos.

La dichosa nube… ¡negras tormentas!
Algunos intermediarios de este mundo asumen dos cosas: Que siempre tenemos acceso a Internet y que amamos el streaming. Lo peor es que nuestro uso (el de la mayoría de usuarios) les da la razón, por eso algunos sitios de streaming (como Youtube) tienen tanto éxito, ¿no? finalmente YT le ganó a otros sitios de vídeos que te permitían la descarga, además del streaming (al propio Google Videos, extinto hace un tiempo), Algunos no lo queremos (y sí, vuelvo a recomendar algo de Versvs). Mirando una comparativa de lectores de ciberlibros (de los patrocinados por librerías, y en plan chiste, un estadounidense, un francés y un español) tenía un apartado de «lectura desde la nube», una de las cosas que ahora se promocionan con esos lectores son conexiones 3G (que básicamente, al tener un horroroso sistema de navegación por evidentes motivos técnicos, se dedica a comprar libros en línea), incluso te regalan la conexión, claro, dirigiendo tu mirada únicamente a una tienda en línea (lo cual es un paso de gigantes en la concentración y el control del que hablé en uno de los artículos enlazados).

La idea es que tengas tus libros en una biblioteca en la nube, eso, te aseguran los vendedores de humo (otro doble sentido así y alguien vendrá a pegarme un tiro, lo sé), te da acceso ilimitado a todo, espacio infinito, y tantas ventajas que venderías a tu madre solo por tener la mitad de ellas. Todo es mentira. O mejor, todo es doblemente peligroso. Lo vimos en el caso de Amazon y 1984 (y no ha sido la única vez, y tras ese caso ha vuelto a pasar, y seguirá pasando). También significa que en cada momento los que controlan la nube saben a qué accedes, qué te interesa y cómo… Lo siento, mi privacidad vale demasiado para regalarla así. Piensen en algo, los que tengan librerías (estanterías o bibliotecas) en casa, ¿le darían el control de todo lo que poseen a otro? Esto es lo que se hace con la nube.

Y, por supuesto, es el DRM elevado a la enésima potencia (todo lo controlan ellos) y te separan por completo del producto (continente-contenido). En ese caso es imposible hablar de compra, lo siento, es incorrecto en todo sentido de la palabra, más correcto es pago por visión, pago por derecho de acceso, o algo así, pero compra no es, no hay traditio de ningún tipo. Si ya es dudoso hablar de compra cuando lo que se adquiere es un archivo cercenado por el DRM, en estos casos en que todo se queda bajo el control del vendedor, estamos tan lejos del concepto de compraventa como lo estamos de volar cuando pegamos un brinco por un barranco. Sí, nos desplazamos por el aire, y ahí se acaban las coincidencias.

No es por nada, pero el tema del almacenamiento está lejos de ser una razón suficiente, sin ir muy lejos, los libros en general ocupan poco, y las memorias SD/MicroSD/la que sea, son realmente baratas (¿tu cacharro tiene 3G pero no acepta expansión de memoria? piensa por qué es así, y si eso te conviene a ti o al que te vendió el lector), ¿de verdad necesitas 10 gigas de espacio en la nube si puedes tener ene gigas en local? ¿es más rápido la nube que lo local? ¿¡y cuando estás sin Internet qué!? El tema de la sincronización de varios aparatos y la facilidad de adquirir productos de la tienda del intermediario que te proporciona la nube… ¿es positivo realmente? La sincronización se puede conseguir sin pasar por sus sistemas, y la facilidad, bueno, es un precio demasiado grande para todo lo que la nube significa, además de atarte a un solo proveedor (no tienes facilidad «con todos», sino con unos pocos).

Cuando elegí el lector de libros digitales expresamente preferí uno sin wifi y sin conexión a Internet por sí (léase 3G), y con posibilidad de usar tarjetas de memoria de alta capacidad, no quería el wifi porque, entre otras cosas, porque pasaría más tiempo desactivado que activado, es una pérdida de batería inútil, así que toda solución en la nube para mí está descartada, pero acá lo dejo escrito como una alerta de lo que significa depender de una biblioteca en línea que está en el control de un tercero (que es tu quiosco preferido, encima). Es un peligro en todo sentido.

(Para ser justos, merece una mención positiva algunos servicios de nube que dejan claro que los libros adquiridos no son comprados, sino una suerte de alquiler -aunque algunas hacen la analogía con pagar tu cuota en una biblioteca-, que no los puedes descargar pero los puedes leer fuera de línea -desconectado- con su aplicación privativa -ahí lo has descargado, evidentemente, pero no te dejan usar dicho archivo fuera de su jaula-.)

Consideraciones finales
El DRM no es aceptable en ninguna de sus formas actuales, o ninguna que restrinja al lector de alguna forma (y este matiz lo pongo para no ser absoluto y pensando en usos del DRM que aun no se me han ocurrido y puedan ser positivos y no restrinjan el uso del archivo o vulneren la privacidad del usuario).

Los servicios en la nube pueden tener su lugar (como lo siguen teniendo los negocios de alquiler de videojuegos y películas), pero no pueden ser la base de los cacharros electrónicos (y piensen nuevamente en esos que no tienen para expansión de memoria o que se promocionan directamente por y para el uso de la nube) ni del modelo de negocio que quedará para los editores y autores. ¿Por qué? La nube vive de la restricción, del control del usuario (saber qué lee en cada momento, manejar la biblioteca del usuario) y de problemas tan simples como el acceso a la red.

Excurso
El tema del precio me parece secundario. Lo digo en serio. Por supuesto que prefiero comprar un archivo digital a un euro que a diez, pero puedo entender que el precio final se haga bajo un cálculo más o menos sencillo (coste de elaboración -horas de trabajo más coste de pagar posibles diseñadores, maquetadores, revisores, editores, promotores o promoción, registros y demás- más pago de la tarifa de los intermediarios -el coste de tienda, si es que no se vende directamente al consumidor, en caso de que sí se haga, acá podemos incluir el coste de mantener el servicio a través del que se vende- entre el número previsible de ventas), por más que sea cierto que pueden venderse infinitas copias, la rabiosa realidad es que ni siquiera un coste tendente a cero asegura unas ventas tendentes a infinito por evidentes razones de público que conoce el producto y le interesa (eso sí, a partir de la cobertura de los costes iniciales o básicos el precio del producto debería caer).

También entiendo la queja de muchos editores y demás de que la gente prefiere pagar el tecnocacharro antes que un libro, y viendo se dio, al menos en un primer momento, un bum de ventas de esos aparatos a y entre gente que no gastaba en un año en libros lo que invirtieron en la última moda tecnológica. Y parece que mucha gente cree que gastar mucho en un aparato da «carta blanca» para no gastar en el continente-contenido del archivo, eso es absurdo…

De paso les recuerdo un texto que escribí hace unos años para D=a=: «Libros: Papel y Digital». Viene a cuento, un poco al menos.