¡Qué ciertos son algunos refranes y frases hechas! Esta es una noticia curiosa, que no debería dar para mucho, pero bueno, es una noticia curiosa y acá va resumen con comentario, esta es una de esas veces en que se da un choque medianamente absurdo entre seglares creyentes y la jerarquía de turno. Hablo del caso del Cardenal John Henry Newman. El cardenal va a ser beatificado y desde el Vaticano, siguiendo su procedimiento, pidió la exhumación del cadáver del cardenal y el gobierno británico la autorizó (hasta acá sin problemas, si no nos cuestionamos por qué se ha hecho una excepción a una, eso sí, poco lógica ley ya demasiado antigua)… El problema comienza cuando se anuncia que el cardenal exhumado será “recolocado” en otro lugar, en una tumba distinta a la suya, para que los creyentes puedan adorarle.

¿Por qué eso causa problemas? Porque los humanos somos especialmente complicados la verdad. Desde diversos colectivos de católicos homosexuales se acusa al Vaticano de mover los restos del cardenal para “ocultar” su “homosexualidad” y así matar dos pájaros de un tiro, beatifican a un cardenal convertido de la Iglesia de Inglaterra que, además, intentó que la Iglesia de Inglaterra fuera otra vez parte de la Católica, Apostólica y Romana y eliminan de forma física un símbolo de que los homosexuales tienen cabida en las más altas esferas de la Iglesia Católica en contra de la doctrina oficial.

Los colectivos gays en Inglaterra aseguran que Newman era homosexual, y que por eso pidió que se le enterrara en la misma tumba que su tal vez más que amigo, el sacerdote Ambrose, más aún, Newman se refirió a su amor por el compañero en el sacerdocio: “había amado con un amor tan fuerte como el de un hombre por una mujer”.

El Vaticano, aunque reconoce que había una profunda relación (amistosa, se supone) entre los dos sujetos, ninguno era homosexual, ya que, dicen, ninguno rompió el voto de castidad. Ese argumento no se sostiene, es como decir que Benedicto no es heterosexual porque nunca se ha acostado con una mujer (al menos eso se supone), sin entrar en absurdas polémicas de si hubo o no una relación sexual, o siquiera amorosa (mutua relación, quiero decir), eso no quita para que sintiera una atracción homosexual (y probaría, eso sí, que los homosexuales no son unos pervertidos que no saben “contenerse”), como no quita que la mayoría sientan una atracción heterosexual.

Es curioso que el Vaticano se quiera pasar por el forro la última voluntad de el cardenal que quieren beatificar (extraña forma de rendir culto a sus miembros), en tanto que el mismo dejó en su testamento la lapidaria frase: “Deseo de todo corazón ser enterrado en la tumba del padre Ambrose St John. Es mi última e imperativa voluntad”. Para mí con eso vale y sobra para defender que no se muevan los restos de sitio, o mejor, que tras la exhumación y comprobación de lo que se tenga que comprobar se devuelvan los restos a donde estaban.

“De las sombras y de las imágenes hacia la Verdad” reza el epitafio de la tumba donde se encuentra Newman, y los activistas pro-derechos de los homosexuales lo ven como una salida póstuma del armario (él mismo, al parecer, pidió dicho epitafio), ya que lo suman con el lugar donde pidió ser enterrado. En realidad estas cábalas de si fue o no homosexual, no deberían importar en lo más mínimo, ni a los creyentes homosexuales ni a la jerarquía eclesiástica, ya que para todos debería ser algo normal o normalizado, pero no es así, y por ello “termina importando” si es que realmente está en el deseo de la cabeza de los Católicos el apartar de al cardenal converso inglés de su pareja (al menos en la tumba). Ese es el problema, que la homosexualidad sigue siendo vista por una parte (poderosa) de la población como algo intrínsecamente “malo” y “negativo”.