A quince años del Autogolpe

«Disolver, disolver, temporalmente el Congreso de la República»
Alberto Fujimori, Mensaje a la Nación el 5 de Abril de 1992.

El 5 de abril de 1992 los peruanos contemplamos estupefactos cómo nuestro presidente electo disolvía, de forma inconstitucional y con los tanques en la calle, el Congreso de la República, arrestaba a los máximos dirigentes políticos, sitiaba, literalmente, Lima con las fuerzas Armadas traidoras al país y se hacía con el poder absoluto de un país en el caos y la bancarrota. Fujimori se deshizo, de esta forma, de cualquier persona que pudiera plantarle cara en sus ansias de poder, y de mantenerse en el mismo.

Los Militares: “el Plan Verde”

Un gobierno civil fachada, con pintas de democrático, pero dirigido por las fuerzas armadas era uno de los sueños de un sector de los militares, dentro del llamado “pacto cívico – militar”, se veía como única salida a los grandes problemas del Perú el que los militares cogobernaran con los civiles, un poco yendo más allá del anterior gobierno militar surgido tras el golpe de Velasco. Esta vez, eso sí, el plan tendría una clara línea ortodoxa dentro del liberalismo deseado desde Washington, a la par que más autoritario que lo visto hasta ese entonces en nuestro país.

En 1989 quisieron aprovechar los distintos escándalos del gobierno y el pronto cambio de mando para realizar un golpe de Estado, encarcelar a Alan García, acusado de Alta Traición a la Patria y “forzar al nuevo presidente para que acepte cogobernar con las Fuerzas Armadas”1. Pero en los cálculos no contaban con Alberto Fujimori Fujimori, que escaló posiciones y consiguió entrar en segunda vuelta. En un principio, el plan contaba con una polarización extrema (e igual en fuerzas) entre el Frente Democrático (FREDEMO) y la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), así pues, la entrada de Fujimori no estaba en los planes del Ejército.

Pero el imprevisto candidato fue, desde un comienzo, un buen aliado de los militares. Aupado gracias al apoyo de conocido miembro no oficial del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), aunque con carné del mismo, Vladimiro Montesinos, el respaldo de un cártel de narcotráfico colombiano (ni más ni menos que el propio Escobar dio dinero para la campaña de Fujimori, para la segunda vuelta), y con la alegría de muchos militares que veían en la Alianza Montesinos-Fujimori un pacto que les garantizaría “libertad de acción” y más poder del que pudieran soñar en un gobierno democrático. Si a esto le sumamos un APRA deseoso de que Vargas Llosa, candidato del FREDEMO, perdiera a toda costa (al punto que Alan García conocía la guerra sucia que desde el SIN se hizo a la candidatura del FREDEMO y la permitió en tanto que su “mal menor” fue Fujimori), tenemos a un Fujimori relanzado que logró ganar en segunda vuelta, de forma aplastante, al escritor peruano Mario Vargas Llosa.2

¿Por qué los militares no llevaron a cabo el Plan Verde?

Además de que ya no se daban los presupuestos iniciales, la razón del plan político – militar3 era imponer un gobierno débil que dejara hacer y deshacer al ejército a la vez que llevara a cabo una serie de medidas liberales para detener la hiperinflación en la que Perú estaba sumido y volver a ganarse a los organismos internacionales de finanzas (alejados tras los intentos constantes de no pagar la deuda por parte de Alan García en el anterior gobierno), todo esto se cumplía, en gran medida, con Alberto Fujimori en el poder. No es que él, en particular, sea el eslabón débil, sino que el gobierno de Fujimori tendría poco de democrático y mucho de militar y autoritario. Fujimori asumió como suyo el plan verde y cambió, eso sí, lo de “cabeza de gobierno débil” por un “Fujimori fuerte, Congreso Débil”, manteniendo un cogobierno de facto en la que la otra cabeza de la organización era el oscuro personaje Vladimiro Montesinos, aliado de militares y mafias de narcotraficantes. Y entre ellos, el General Hermoza, parte del triángulo inicial de poder que poco a poco se fue diluyendo ante el empuje de los otros dos. Vladimiro jamás fue el jefe “formal” del SIN, que durante el fujimorato creció en poder a niveles insospechados, se unificaron en un mando único los distintos servicios de inteligencia y era Montesinos, junto con Fujimori, quien designaba a los distintos generales (tras eliminar el sistema tradicional de ascensos), con lo cual, el SIN y Fujimori controlaban por completo a las fuerzas y cuerpos de Seguridad (sobre todo a las fuerzas armadas).

Así pues, los militares que querían un gobierno militar-civil con Fujimori lo tendrían fácil. En un principio, ni siquiera necesitarían dar un golpe militar para mantener ese gobierno, ya desde el comienzo se hablaba de la reelección de Fujimori y éste hizo lo posible para dotar de más poder al Ejército. El problema surgió cuando el Congreso derogó una serie de decretos del Gobierno que daban mucho más poder al SIN e impunidad y carta blanca a las fuerzas armadas, el Congreso veía con muy malos ojos la política antiterrorista del gobierno de Fujimori, plagado de excesos que jamás iban a ser investigados4. Así que las cámaras se pusieron manos a la obra para configurar la política contrasubversiva que tendría que seguir el gobierno, algo intolerable tanto para Fujimori como para sus socios.

A la par, el Poder Judicial llegó a un punto de miedo y podredumbre excesivamente alto, los narcotraficantes salían pagando por su libertad en dólares (esto no cambió tras el golpe, incluso, se acrecentó), y los terroristas conseguían o penas benignas o libertad ante unos jueces atemorizados por las represalias que pudieran tomar contra él o su familia, o muy agradecidos por el dinero que les pagaban por cambiar de parecer.

A esto hay que sumarle uno de los grandes escándalos durante la primera parte del fujimorato, cuando Susana Higuchi, esposa de Fujimori, dio, el 24 de Marzo de 1992, una conferencia de prensa en la que acusaba a los parientes de su esposo (a Santiago y Rosa Fujimori, hermanos del presidente, y a la esposa de Santiago) de traficar con donativos de Japón. El 7 de Abril se iba a abrir una comisión investigadora. Susana, tras esas declaraciones, fue encerrada en el pentagonito, donde ella asegura haber sufrido torturas físicas y psicológicas, pasaron muchos meses antes de volver a ver en público a la Primera Dama5. Pero ya todo estaba en marcha, el golpe era inminente y llevaba muchos meses planeado.

Ante esos dos hechos, y con la necesidad del presidente Fujimori de tener más poder que el constitucionalmente atribuido a su cargo, el 5 de abril de 1992 dio el paso definitivo a convertirse en el gran dictador de las últimas décadas del Perú.

El Golpe

Al abrigo de la oscuridad y la quietud de una noche de domingo, los tanques y vehículos blindados comienzan a desplazarse por las desiertas calles del centro de Lima. Bloquean el acceso al edificio del Parlamento y al Palacio de Justicia. Las tropas toman posiciones en el exterior de otros puntos potencialmente problemáticos, como el local principal del Partido Aprista o la sede de la Confederación General de Trabajadores.

A las 10:36 p.m., los programas de televisión se interrumpen bruscamente con el anuncio de un mensaje a la Nación del presidente Fujimori. Vestido formalmente y sentado ceremoniosamente detrás de su escritorio, luce inusualmente serio. A primera vista, no hay indicios de la tormenta que está por venir. (…) Fujimori afirma que los principales obstáculos en el sendero del progreso del Perú son “la inoperancia del parlamento y la corrupción del Poder Judicial”, que ha sido “ganado por el sectarismo político” (…).

Luego, Fujimori suelta el bombazo. Anuncia la disolución inmediata del Congreso y la reorganización total del sistema judicial. (…) Las drásticas medidas no son una “negación de la democracia verdadera”, sino “el punto de inicio de la búsqueda de una auténtica transformación”.»6

Fue simple, rápido y efectivo. Simple en apariencia, por supuesto, “se trató de un amplio operativo militar, de la misma naturaleza y dimensiones que el operativo previsto en el Plan Político-Militar. Incluyó toma de control de locales públicos, detenciones de congresistas, magistrados, periodistas y líderes sindicales, y uso de instalaciones militares —bases, cuarteles y naves de guerra— como centros de reclusión. Inmediatamente después del mensaje televisivo de Fujimori, se difundió un comunicado del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional que expresaba su total respaldo a las medidas tomadas por el presidente. Efectivos militares y vehículos blindados salieron a las calles, tomaron posesión del Congreso de la República y otros locales públicos, y detuvieron a numerosas personalidades con la finalidad, sobre todo, de impedir que se reuniera el Congreso. Este apoyo de las Fuerzas Armadas al autodenominado Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional fue tan «institucional» como los golpes militares de Lindley (1962), de Velasco (1968) y de Morale Bermúdez contra Velasco (1975). Cuando se trata de un golpe institucional, el despliegue de tropas, las detenciones y allanamientos y todas las violaciones a los derechos fundamentales cometidas con este fin por personal militar son parte de un operativo conjunto del Ejército, la Marina de Guerra y la Fuerza Aérea, bajo la jefatura del Comando Conjunto. Cuando el golpe se dan contra un gobierno legítimo, es un delito contra las normas constitucionales básicas cometidos solidariamente por los altos mandos y por todos los oficiales que impartieron órdenes específica en cumplimiento de esas directivas superiores.7

El golpe de Estado perpetrado por Fujimori y sus secuaces se dio el 5 de abril de 1992 a las 10 y 30 PM. En la tarde del domingo todos los comandantes de Unidades Operativas fueron llamados para indicarles que vieran la televisión esa noche, en concreto, el ya grabado mensaje presidencial, al igual que les indicaron que llamaran a su Comandancia General, al parecer, todos menos uno de los jefes regionales dieron su apoyo al golpe.

Los peruanos no nos levantamos masivamente contra el golpe de Estado, es cierto que sí existió cierta resistencia, tanto dentro del ejército (que ese mismo año intentaría un contragolpe) como dentro de las fuerzas políticas, que no contaban, en todo caso, con un apoyo popular claro. Muchos ciudadanos sí salieron a protestar por el golpe militar y el nuevo giro autoritario de Fujimori, pero en general se aceptó el golpe como un mal menor, la difamación sobre el parlamento y el poder Judicial había calado hondo, a la par, el mido a las fuerzas subversivas era elevado, muchas ciudades realmente estaban tomadas por las fuerzas subversivas, y otras, como la misma Lima, se encontraban sitiadas, y no es raro que muchos consideraran que enfrentarse a Fujimori en este momento era abrir un tercer frente de lucha interna, que favorecería a los terroristas y guerrilleros. Cabe indicar que el ejército golpista estaba dispuesta a usar las armas contra las protestas civiles, y a ello le debemos sumar la “Guerra ideológica total” (sistema Taiwán), en la que el Estado se vuelve el principal manipulador psicosocial, usando para ellos los medios de comunicación y servicios de inteligencia.8

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Véase también:

Notas a pie de página:

1 Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (IFCVR), tomo II, sección II, Capítulo 1, página 329.

2 Sobre este punto, véase BOWEN, Sally y HOLLIGAN, Jane, “El Espia Imperfecto”, editorial Peisa, Lima 2003, páginas 105 y siguientes.

3 Sobre la configuración concreta del primer plan Político – Militar, véase IFCVR tomo II, sección II, Capítulo 1, página 329 y siguientes.

4 La política de Fujimori en el tema subversivo comenzó a oscurecerse, a cinco meses de ser elegido se comenzaron a multiplicar las acusaciones de desapariciones, que no eran efectivamente investigadas. Se encuentra una fosa común en Chilcahuaico (a 50 km al noroeste de Huamanga, Ayacucho) con 17 cadáveres y otra con 18 en Chumbivilcas (Cusco). Más adelante se descubre en Chonta Punta (Ancash) un cementerio clandestino que, al parecer, era usado por la Policía Nacional. Desde la Comisión de Justicia y DH del Senado se reclamaba que durante los primeros meses del fujimorato ya existían más de 200 personas desaparecidas en Huancavelica. Varias decenas de estudiantes (unas cuantas decenas) de la Universidad Nacional del Centro (Huancayo) fueron desapareciendo progresivamente. Nadie respondió por estos hechos, las comisiones de Investigación del Congreso no llegaban a puerto alguno. El campo de acción de los militares antisubversivos fue ampliado, incluso a las universidades San Marcos y La Cantuta. En 1990, a finales del mismo, el gobierno decretó que todas las acciones militares englobadas en las zonas de excepción quedaban en el fuero militar, no siendo competentes los juzgados ordinarios ya que se consideraba que su actividad “de servicio” duraba las 24 horas del día. Por otra parte, algunos generales de Brigada implicados en las matanzas del Frontón y Lurigancho, y en el asesinato colectivo de una comunidad andina en Cayara conseguían el ascenso en el Senado (la contrapartida para no juzgar a García). Véase también: “Grupo Colina: Terrorismo de Estado” en “De Igual a Igual” (http://www.deigualaigual.net//derechos-humanos/grupo-colina-terrorismo-estado.html)

5 “El espía…”, ob. cit., páginas 137 y 138.

6 “El espía…”, ob. cit., páginas 131 y 132.

7 IFCVR, tomo II, sección II, Capítulo 1, páginas 346 y 347.

8 En este sentido, IFCVR, ob. cit., páginas 347 y 348.

 

9 Véase, en este sentido, el IFCVR, Tomo III, capítulo II, páginas 85 y siguientes.

10 Sobre el Congreso Constituyente y el Referendo Constitucional de 1993, véase “Constitución del Perú de 1993: ¿De verdad fue aprobada por todos los peruanos?” en “De Igual a Igual” (http://www.deigualaigual.net//derecho-en-general/constitucion-93-referendum.html).

11 Puede verse en el reportaje de la Ventana Indiscreta “Lo que no viste del Golpe del 5 de Abril de 1992” (Reproducido aquí: http://www.dailymotion.com/video/x1mcv9_lo-que-no-viste-del-5-de-abril-de-1)

12 Sólo el 21% de los peruanos consideraban que era necesario declarar la vacancia presidencial, un 51% no consideraba que el golpe fuera antidemocrático, un 79% estaba de acuerdo con el cierre del Congreso y un 85% con la “reorganización” del Poder Judicial, el discurso de Fujimori había calado, sin lugar a dudas, en la mayoría de peruanos. (Datos extraídos del IFCVR, Tomo III, capítulo II, páginas 86 y 87.)

5 Comments

  1. Jomra

    Saludos

    Agradezco los comentarios… pero ¿Sacar más rápido qué? Lo de las fechas… Pues no sé, inundar de fechas es contraproducente, y los hechos principales sí están fechados, aunque lo tomaré en cuenta en el próximo artículo de este estilo.

    Hasta Luego ;)

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