Mundo Obrero de 10 de Abril de 1977

El sábado 9 de Abril de 1977, conocido como el sábado santo rojo, el gobierno de Adolfo Suárez dio el paso definitivo para permitir la transición española hacia la monarquía parlamentaria: fue aceptada el alta del Partido Comunista en el registro de Asociaciones Políticas del Ministerio de Gobernación. Con esto quedó legalizado el Partido Comunista de España. Se superó así la clandestinidad de casi cuarenta años de lucha contra el fascismo del régimen de Francisco Franco, para pasar a ser un partido más en el pronto juego democrático de España.

Se suele mantener que fue Juan Carlos I quien obligó a que se legalizara al Partido Comunista, otros tantos dicen que fue una concesión de Adolfo Suárez y no faltan quienes defienden que el resto de partidos no participarían en un juego constituyente en el que no estuviera el partido Comunista, uno de los partidos con más implantación social y relevancia cívica en ese entonces. Todo ello está sazonado por esa especie de sacralización y heroísmo impregnado en todo lo referente a la transición, donde los hombres se volvieron una suerte de Dioses de la Democracia. «La legalización del PCE no fue una concesión ni de Suárez ni de Juan Carlos» nos recuerda Javier Navascués, Director de la Fundación de investigaciones Marxistas (FIM) y miembro de la Comisión Permanente del Partido Comunista de España. «Fue una conquista de las y los comunistas que la hicieron políticamente imprescindible. Al contrario, los herederos del franquismo especularon hasta el último minuto con celebrar unas elecciones sin el PCE. Hubo que arriesgar prisiones, e incluso la vida, en unos meses en los que la policía y las bandas fascistas andaban sueltas por las calles cobrándose la de gentes que reclamaban la democracia. Pero no habría cambio democrático creíble sin legalizar al PCE; es más, ni siquiera sería viable»1, Concluye el director de la FIM.

La aprobación del alta en los registros públicos del Partido Comunista fue acordada entre el máximo dirigente de los comunistas, Santiago Carrillo, y el presidente del Gobierno, era una salida pactada a una situación verdaderamente difícil. Santiago Carrillo se comprometió, por él y el partido2, a aceptar la monarquía constitucional y parlamentaria, junto con la bandera rojigualda que hoy ondea en todas las instituciones públicas. A la par, Suárez daba legalidad a un partido fuertemente reprimido y que el régimen veía como el mayor de sus enemigos, dentro de las filas del ejército aún franquista se vió este hecho como una verdadera traición por parte del ejecutivo heredero de Franco.

El recuerdo de la legalización del Partido Comunista no es otro que el de toda la lucha por la libertad frente al régimen Franquista, no hay que olvidar lo que fue dicho partido durante el franquismo, casi la única fuerza que frontalmente peleaba por los derechos de todos, que mediante una sólida organización mantuvo ese hilo de esperanza en todos los españoles que se negaban a hincar la rodilla ante el gran dictador. En palabras del periodista David Arrabalí:

«En esos años nosotros conquistamos la libertad para todos, en beneficio de nuestro pueblo, con la sangre de cientos de camaradas. El PCE quizás no hubiera sido legalizado y la democracia electoral no hubiera podido existir sin la contribución de todos estos valientes luchadores por la libertad, ellos fueron los protagonistas y nuestro recuerdo es para ellos en el XXX aniversario de la legalización del PCE. (…)

El Partido Comunista de España se convierte de esta forma en el protagonista indiscutible de la oposición antifranquista y pone contra las cuerdas a un régimen con un anciano dictador que se sentía agonizante y no podía resistirse a morir sino matando. El régimen como respuesta a esta lucha inicia una escalaba brutal de la represión y para asegurar el futuro de la dictadura nombran en 1969 a Juan Carlos de Borbón como sucesor del general Franco en la jefatura del Estado, este se convierte en dictador cuando en 1975 muere el general. Entre el año 1969 en que la dictadura restaura la monarquía y el año 1977 en que se legaliza el Partido Comunista de España, se produce un ciclo de luchas de todos estos movimientos bajo la dirección del partido en unas condiciones muy difíciles de persecución y represión, los comunistas encabezaban las luchas obreras, el movimiento estudiantil y las movilizaciones vecinales.»3.

Pero no todo es alegría, ni puede serlo. El PCE tras la legalización se vió inmersa en un periodo bastante largo de crisis interna, no sabiendo encontrar su sitio e inspirada, sobre todo, en la idea reformista más que en la revolucionaria, comenzaría un peligroso camino de cálculos electorales como forma de decidir políticas concretas4 (como el ferviente apoyo a los pactos de la Moncloa), en otras palabras, un PCE demasiado centrado en el corto plazo, que se hundiría en malos resultados electorales en los siguientes años ante un renacido y oportunista Partido Socialista Obrero Español (PSOE). «Ni el Partido había podido o sabido ocupar su posición de interlocutor central del proceso, ni arrebatado votos al PSOE (quien en el proceso de legalización del PCE no mostró apoyo alguno ni interés en la definición del asunto) ni había reconducido los iniciales descontentos en el seno de la organización»5, afirma el historiador Sergio Gálvez.

¿Hacia dónde va el Partido Comunista?

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