O algo así. Es increíble. Antonio Cañizares, Arzobispo de Toledo y Vicepresidente de la Conferencia Episcopal, ha realizado unas declaraciones la mar de curiosas, que demuestran que algunas personas aún no asumen el sano final del nacional-catolicismo en España, tras la muerte del llamado generalísimo, esto es, Franco. «España será cristiana o no será España», a la par que afirmó que España está en un proceso de “destrucción” que “en el fondo es un proyecto laicista”. Aunque claro, estas declaraciones, totalmente fuera de sentido alguno, se ven opacadas por las perlas que espetó durante la homilía de ayer, como podemos leerlas en El Plural.

El Cardenal y Arzobispo de Toledo, Cañizares, no se corta un pelo en decir que una España cristiana sería una España más unida, que el origen de España está en la fe cristiana y en la unidad católica, y que para que España siga siendo tal, deberá mantener esa fe y origen. Esto me recuerda unas declaraciones de la Conferencia, que prácticamente elevó a “sagrada” la Unidad De España, esa grande y libre que muchos amantes de los pollos aún añoran a más no poder.

España no es católica en tanto que España es un Estado aconfesional, y fue un Estado Laico durante la Segunda República. Parece una perogrullada tener que decir esto, pero mucha gente, por lo visto, aún no se entera de estas cosas. En su casa cada quien podrá profesar la religión que quiera, adorar al Dios que más le convenga o decidir que no existe Dios alguno, y no pasa nada, España seguirá siendo lo que sus ciudadanos decidan en cada momento, no lo que Dios quiera, a no ser que interpretemos su voluntad por medio de la democracia, que ahí sí, al menos tendríamos la garantía demócrata de ciertos cristianos que cantan el Cara al Sol con un orgullo que da miedo y grima a la par.

La “unidad” de España o el propio origen del País (o del Estado - Nación) poco tienen que ver con la religión, por más que muchos reyes y gobernantes hayan sido católicos y hayan realizado matanzas o expulsiones en nombre de una religión que no entendieron, de un mensaje que no quisieron comprender y con una espada que chocaba frontalmente con los valores que el Papa, siempre manipulador, se olvidó de dar. La religión, efectivamente, ha jugado un papel importante en la historia de España (y de occidente), pero de ahí a sacar todo lo bueno (o malo) de un sólo hecho es, cuanto menos, un simplismo repudiable. ¿Pero qué se puede esperar de Cañizares? Cañizares es de la vieja escuela, de los que defienden lo que se enseñaba en el Franquismo.

Hace no mucho me entretenía leyendo un libro de texto español de 1961, tal vez algo más viejo (de finales de los cincuenta), y efectivamente, el eje de todo el libro era la religión católica y una unidad de España desde muchos siglos antes de que la palabra siquiera existiera para denominar a toda la península ibérica. Cuando digo que todo en el libro giraba en torno a la Iglesia, no me refiero a toda la parte de la historia o la moral, me refiero a las ciencias, las artes, la historia y la literatura, todo empezaba y acababa en Dios, y en una interpretación irreal de la realidad española. Lo irónico es que quienes se quejan de la educación ciertamente manipulada en ciertas zonas de España añoran por completo unos libros y educación aún más manipulados, donde los romanos caían por ser pecadores, donde los Españoles (con mayúscula y ese nombre) resistían fieles a cualquier invasión cartaginense, donde los santos eran pilares de sociedades que casi no les conocieron, donde la reconquista fue una gran cruzada para arrebatar al infiel tierras siempre unidas, donde la segunda república contaba con una breve nota graficada con una iglesia quemándose (tal cual lo digo) en donde, poco más, y se decía que el Diablo había echado al Rey.

Volviendo, si es que alguna vez nos hemos apartado, al nacional-catolicista Cañizares, en su particular apreciación, España se rompe, y no lo hace por los nacionalismos independentistas, que cansados como están de la Una, Grande y Libre deciden que si hay una torta que repartir, que sea entre los vecinos y no entre los considerados extranjeros (insolidarios les llamamos en mi tierra, por acá simplemente nacionalistas), a lo que vamos, España se rompe, o se balcaniza, como dijera un insigne del Partido Popular (democristiano, se supone, liberal dicen, centrista aseguran, fascista parece), y se rompe por el laicismo. Laicismo que no es tal, aconfensionalismo como mucho.

Se habla de la degradación de la familia, se les olvida decir que para ellos la familia es un concepto cerrado, caciquil y jerárquico, que por suerte la mayor parte de la sociedad va superando, la familia no se ha acabado, como afirmaban al momento de ser aprobados los matrimonios entre personas del mismo sexo, ni siquiera se ha roto el concepto tradicional, que sigue funcionando para las familias que vivan bajo ese concepto, como siempre ha sido. La familia se rompe, culpa de los divorcios, aprobados ya hace muchos lustros y que no han acabado con la familia, incluso cabria recordar cómo muchos nacional catolicistas de toda la vida, en su momento, hicieron correr ríos de tinta contra el divorcio, el fin de la familia auguraron, y ahora están calladitos, manteniendo ese nacional catolicismo rancio a la par que ya se han divorciado y establecido nuevas y, espero, felices familias. El aborto destruye a la familia, asegura. ¿Qué sabe este hombre de las familias? ¿Por qué mezcla churras con merinas?

Habla, el que se cree ilustre y excelencia, de un Estado que ataca a la familia, se olvida, este hombre cercano a Dios, que se ha ampliado el concepto jurídico de la institución familia, incluyendo a más grupos bajo la protección de tan antigua institución (beneficioso para todos), se olvida que la principal preocupación del Estado, de la Sociedad, es el individuo, que no hay nada sagrado como tal puesto que el Estado no es confesional, que gracias a las nuevas normas que, para él atacan a la familia, nunca habían estado tan protegidas esas otras familias olvidadas por unos hombres que se creen reyes.

Pero nada de esto quiere saber quien aboga por el borreguismo social bajo su batuta, quien se cree con más moral que ningún otro, quien ve una amenaza la asignatura de Educación para la Ciudadanía, que al margen de posibles manipulaciones puntuales (todas las asignaturas están sujetas a la misma), intenta impulsar el respeto por el otro, el deseo del cumplimiento de unos derechos humanos tan olvidados, incluso, por partes importantes de esa iglesia católica que si no adoctrina a sus fieles se ve amenazada por una razón que no debiera chocar con ella.

Pero claro, para este sujeto «hay un ambiente que dificulta que la fe de los débiles pueda mantenerse», y todo ello por un, lamentablemente, inexistente laicismo del gobierno que aún paga las facturas de la Iglesia. ¿La fe de los débiles? ¿Dificulta? ¡Nada de lo acusado por Cañizares como laicismo destructor de España dificulta de forma alguna la práctica de una religión por nadie! Mucho menos de la religión Católica, mayoritaria entre los españoles, que cuenta con edificios y instalaciones en todos lados, que cuenta con medios de comunicación afines o propios, que ha vivido en el privilegio durante casi toda su historia en España. Por favor, ¿Cómo puede tener tanta cara este sujeto? No hay nada, absolutamente nada, que impida a un católico ser católico y realizar todo según su religión, o lo que él cree que su fe manda. Pero este sujeto quiere imponer su visión del mundo, y utiliza el sentimiento religioso como arma arrojadiza.