De referendos, Alan García y demagogias varias: Pena de Muerte en el Perú

El sí o sí popularizado por nuestro anterior presidente, Alejandro Toledo, lo veremos, durante los próximos años, magnificado por la bilis de un presidente que se cree todopoderoso y cuyo criterio debe imperar, sin atender a la realidad parlamentaria del país, donde al APRA no se le dió la mayoría absoluta de la cámara, y todo ese juego parlamentario de votos a favor y en contra para aprobar las leyes. Al más puro estilo de Alberto Fujimori, el presidente Alan García quiere pasar de todos y aprobar la pena de muerte sí o sí, como medida que demuestre su puño de hierro, para lo que sea (no importa tanto si se aplica a los terroristas, o a los violadores, la cosa es tenerla y aplicarla), y pasarse olímpicamente al parlamento por el forro de los…

Encima el presidente peruano tiene la desfachatez de calificar como antidemocráticos a los parlamentarios que se oponen a la pena de muerte en nuestro país (con ello, a todos los que nos oponemos a dicha pena), y con pura demagogia habla de la mayoría de peruanos que apoyan la norma de la pena de muerte (aunque hayan votado distinto, a fin de cuentas) y otras tantas frases dignas de alguien que pretende justificar su accionar en el apoyo del pueblo, como suelen hacerlo, todo sea dicho, los dictadores de cualquier signo político. Declara, el presidente, que "no es la primera vez que la clase política se pone de espaldas del pueblo", tampoco es la primera vez que Alan García vulnera o quiere vulnerar los derechos humanos, ni es la primera vez que un Presidente pretende ejecutar gente en su país, ni la primera vez de tantas otras cosas.

Alan García dice que se debe realizar un referendo para que el pueblo peruano pueda decidir si se modifica o no el artículo 32 de nuestra carta magna (cuyo punto cuatro reza:"No pueden someterse a referéndum la supresión o la disminución de los derechos fundamentales de la persona") para poder realizar el referendo sobre la pena de muerte en Perú, imposibilitado por el precepto constitucional antedicho.

Pero, para darle más vuelta al asunto, el referendo del citado artículo sería hecho a la par que el cambio del artículo 140 de la Constitución para poder incluir la habilitación constitucional a una futura pena de muerte contra los violadores de menores (como poco). Esto es, se estaría modificando la norma que prohíbe referendos sobre la disminución de los derechos fundamentales a la par que se aprueba una disminución de los mismos, en otras palabras, es sacarle la vuelta al referendo que pretende posibilitar un segundo referendo. Pero los antidemocráticos somo los otros, los que no defendemos la pena de muerte (incluso sería antidemocrática la Ministra de Justicia, María Zavala, que se posiciona en contra de la pena de muerte).

También debe ser antidemocrática la Convención Americana de Derechos Humanos, ya que, según nos recuerda Luis Alberto Salgado, agente del Estado peruano ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la realización de un referendo para ampliar la pena de muerte resulta "difícil" puesto que "el artículo cuarto de la Convención Americana de Derechos Humanos es claro" (prohibiendo que se amplíe la pena de muerte a otros supuestos).

Incluso Unidad Nacional (bancada que presentó un proyecto de ampliación de la pena de muerte más amplio -por tanto, más negativo- que el de la bancada aprista) acusa al gobierno de utilizar el tema del referendo sobre la pena de muerte como una cortina de humo sobre la falta de políticas del ejecutivo sobre… sobre todo lo que tiene que ver con gobernar.

Ya en el clímax de lo demagógico y mezclando lo que no se puede mezclar, el Ministro de la Producción, el ultraderechista Rafael Rey, declaró que "Muchas personas que no aceptan que se pueda ejecutar a un terrorista o a un violador, sin embargo, no dicen nada cuando se legaliza la ejecución a niños inocentes" (refiriéndose al aborto), son cosas distintas señor Rey, y es curioso cómo defensores a ultranza del "derecho a la vida" estén tan a favor de la pena de muerte. No merece, en la presente entrada, mayor comentario que la inoperancia de los defensores de la pena de muerte para mantener su postulado (al igual que la idiotez de seguir insistiendo en el carácter disuasorio de la pena de muerte, algo para nada probado y que, viendo la criminalidad de las zonas con pena de muerte "en activo", queda rebatido).

El Presidente Alan García insiste en esto para poder hacer bulla con algo, para correr un tupido velo sobre la mala administración que está teniendo, sobre la falta de respuestas estructurales a los problemas peruanos y cómo intenta solucionarlos con medidas coyunturales que, encima, son claras violaciones a los derechos humanos. Pero eso no lo interesa un carajo, lo que quiere es distraer al electorado y ganar votos y popularidad. Y de paso, demostrar quién manda en el Perú y, lo que es peor, cómo manda.

Vuelve la mano de hierro, versión de la estrella.

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